Un documento interno del Pentágono ha vuelto a tensionar las relaciones dentro de la OTAN en un momento especialmente delicado para la seguridad internacional. El correo, difundido en exclusiva por Reuters, plantea distintas medidas contra aliados considerados “difíciles”, entre ellas la posibilidad de suspender a España de la Alianza Atlántica por su postura en el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
El contenido del mensaje ha generado inquietud tanto por su alcance como por el contexto en el que surge: una guerra en Oriente Próximo que ha reconfigurado equilibrios geopolíticos y ha puesto en cuestión la cohesión de la OTAN. Mientras tanto, desde el Gobierno español se ha respondido con un mensaje de calma y reafirmación de su compromiso con los aliados.
Un correo interno que eleva la presión sobre la OTAN
El origen de la polémica se encuentra en un correo interno del Departamento de Defensa estadounidense en el que se analizan posibles respuestas frente a países que no respaldaron las operaciones militares contra Irán. Según la información difundida, el documento contempla sanciones políticas y estratégicas para estos aliados, con el objetivo de enviar una señal contundente dentro de la Alianza.
Entre las opciones planteadas figura la posibilidad de suspender a España de la OTAN, una medida de fuerte carga simbólica aunque con impacto operativo limitado, según el propio contenido del mensaje. También se barajan otras acciones, como excluir a determinados países de puestos relevantes dentro de la organización o revisar posicionamientos diplomáticos en otros escenarios internacionales.
El correo refleja una creciente frustración en sectores del Pentágono ante la negativa de algunos aliados a facilitar acceso a bases militares, derechos de sobrevuelo o apoyo logístico en la guerra contra Irán. Estas cuestiones, consideradas clave por Washington, han evidenciado fisuras en la coordinación estratégica.
La respuesta del Gobierno español
Ante la difusión del contenido, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha respondido restando importancia al documento y subrayando la posición oficial de España dentro de la OTAN. “Nosotros no trabajamos sobre emails, trabajamos sobre documentos oficiales y posicionamientos que haga en este caso el Gobierno de EE UU. La posición del Gobierno de España es clara: absoluta colaboración con los aliados, pero siempre dentro del marco de la legalidad internacional”.
Sánchez ha insistido en que España mantiene una actitud de cooperación, aunque condicionada al respeto del derecho internacional. En esa línea, ha señalado que el país es un “socio leal” que cumple con sus responsabilidades, lo que le lleva a expresar “absoluta tranquilidad” ante el contenido del correo.
Desde el Ejecutivo se defiende que la postura adoptada responde a criterios legales y estratégicos, y no a una falta de compromiso con la Alianza.
El trasfondo: la guerra con Irán y el estrecho de Ormuz
El contexto en el que surge este documento es determinante. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada con una ofensiva aérea el 28 de febrero, ha generado una crisis internacional de gran alcance. Uno de sus efectos más inmediatos ha sido el cierre del estrecho de Ormuz, un punto clave para el tráfico marítimo global.
En este escenario, Washington ha solicitado apoyo a sus aliados, especialmente en lo relativo al uso de bases militares y al control de rutas estratégicas. Sin embargo, varios países europeos, entre ellos España, han optado por establecer límites o condiciones a su implicación.
España, en concreto, ha dejado claro que no permitirá el uso de sus bases o espacio aéreo para ataques contra Irán. Esta decisión ha sido interpretada por algunos sectores estadounidenses como una falta de respaldo en un momento crítico.
Tensiones dentro de la Alianza Atlántica
La situación ha puesto de manifiesto una fractura creciente dentro de la OTAN, con posturas divergentes sobre cómo actuar ante el conflicto. Países como Reino Unido, Francia o Italia también han impuesto restricciones al uso de sus instalaciones militares por parte de Estados Unidos.
Estos desacuerdos han alimentado el debate sobre el papel de la Alianza en conflictos que no cuentan con un consenso pleno entre sus miembros. Mientras algunos defienden una respuesta coordinada, otros consideran que participar en determinadas operaciones equivaldría a entrar directamente en la guerra.
El correo del Pentágono recoge precisamente esta tensión, planteando medidas destinadas a reducir lo que se percibe como un “sentido de derecho adquirido” por parte de algunos aliados europeos.
Las limitaciones legales de una posible expulsión
Uno de los aspectos más relevantes del debate es la viabilidad de una eventual suspensión o expulsión de España de la OTAN. El Tratado del Atlántico Norte no contempla un mecanismo para expulsar a un miembro, lo que limita las opciones legales disponibles.
Según el artículo 13 del tratado, la única vía de salida es la retirada voluntaria, que debe notificarse con un año de antelación. Esto implica que cualquier medida en ese sentido tendría más un carácter político o simbólico que jurídico.

A pesar de ello, el hecho de que se plantee esta posibilidad en un documento interno refleja el nivel de tensión existente y la dureza del debate en los niveles más altos del Pentágono.
Más allá de España: otras propuestas
El correo no se limita al caso español. Entre las opciones analizadas también figura la posibilidad de revisar el apoyo estadounidense a territorios europeos considerados “imperiales”, como las Islas Malvinas.
Este planteamiento introduce un elemento adicional de presión diplomática, especialmente en un contexto en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha criticado abiertamente a algunos aliados por su postura en el conflicto.
El documento menciona asimismo la opción de suspender a países “difíciles” de puestos de relevancia dentro de la OTAN, lo que podría afectar a su capacidad de influencia en la toma de decisiones.
Un escenario de incertidumbre geopolítica
La difusión de este correo se produce en un momento en el que la OTAN enfrenta uno de sus mayores desafíos recientes. La guerra en Oriente Próximo ha reactivado tensiones latentes y ha generado dudas sobre la capacidad de la Alianza para actuar de forma cohesionada.
Analistas y diplomáticos advierten de una preocupación creciente: la posibilidad de que Estados Unidos no acuda en ayuda de sus aliados europeos en caso de ataque. Este escenario, aunque hipotético, refleja el nivel de incertidumbre actual.
En paralelo, se intensifican los llamamientos a la desescalada. Desde Nicosia, donde se celebra una cumbre europea, Sánchez ha subrayado que la crisis “demuestra el fracaso de la fuerza bruta y la importancia de salvaguardar y reforzar el orden internacional”.












