El fallecimiento de Jesse Jackson este 17 de febrero de 2026 ha puesto fin a una de las trayectorias más influyentes del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. El reverendo, político y activista murió a los 84 años en un hospital, acompañado por su familia, tras un prolongado deterioro de su estado de salud que había generado preocupación pública durante años. Aunque su figura siguió siendo un referente moral y simbólico hasta el final, su cuerpo llevaba tiempo librando una batalla silenciosa contra una enfermedad neurológica devastadora.
La causa de la muerte de Jesse Jackson ha sido atribuida a complicaciones derivadas de la parálisis supranuclear progresiva (PSP), una patología poco frecuente que afecta de forma severa al sistema nervioso. Esta enfermedad se sumó a un diagnóstico previo de Parkinson, anunciado por el propio Jackson en 2017, y terminó por debilitar de manera irreversible su organismo.
Una salud frágil en la última década
En los últimos diez años, la salud de Jesse Jackson fue objeto de seguimiento constante por parte de la opinión pública. Sus apariciones se volvieron cada vez más esporádicas y su presencia física, antaño imponente, evidenciaba una fragilidad creciente. Aun así, el líder histórico mantuvo su compromiso con las causas sociales hasta donde se lo permitieron sus fuerzas.
El punto de inflexión llegó con la progresión de los síntomas neurológicos, inicialmente asociados al Parkinson, pero que con el tiempo revelaron un cuadro más complejo. La parálisis supranuclear progresiva, diagnosticada posteriormente, explicó el rápido deterioro que experimentó en los últimos años.
Qué es la parálisis supranuclear progresiva (PSP)
La PSP es una enfermedad cerebral degenerativa poco común que afecta a áreas clave del cerebro responsables del movimiento, el equilibrio, la visión y el habla. En sus primeras fases puede confundirse con el Parkinson, ya que comparte síntomas como la rigidez muscular y la lentitud de movimientos, pero su evolución suele ser más rápida y agresiva.
Impacto en el sistema motor
Esta patología daña las células nerviosas que controlan el equilibrio y la postura. En el caso de Jesse Jackson, este deterioro se tradujo en dificultades crecientes para caminar, caídas frecuentes y una dependencia progresiva de asistencia física. Su imagen pública reflejó con claridad ese desgaste, especialmente en sus últimas apariciones.
Problemas en el habla y la visión
A diferencia del Parkinson común, la PSP afecta de forma temprana y severa a la capacidad de hablar con claridad y de tragar, así como al control de los movimientos oculares. Estas limitaciones contribuyeron a un debilitamiento general que impactó directamente en su calidad de vida y en su capacidad para comunicarse, una de las herramientas más poderosas que había tenido a lo largo de su carrera.
El Parkinson, un diagnóstico previo clave
En 2017, Jesse Jackson hizo público que padecía Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa crónica que ya entonces condicionaba su día a día. Lejos de ocultarlo, decidió afrontarlo con la misma franqueza con la que había encarado décadas de lucha social. En ese momento declaró: «Mis médicos me han dicho que la enfermedad es progresiva, pero yo soy un hombre de fe».
Durante varios años convivió con el Parkinson mientras continuaba participando, de forma más limitada, en actos públicos y actividades relacionadas con la Rainbow PUSH Coalition, la organización que fundó y lideró durante décadas.
El impacto del COVID-19 en su deterioro
A este frágil equilibrio se sumó un episodio especialmente crítico en 2021, cuando Jesse Jackson y su esposa, Jacqueline, fueron hospitalizados por complicaciones derivadas del COVID-19. Aunque logró superar la infección, el virus tuvo un impacto significativo en un organismo ya debilitado por trastornos neurológicos.
ASHLEY JACKSON • 2025-2-10
«I Am Somebody.» My father, Rev. Jesse Jackson, Sr., first spoke these words to uplift and empower. Hearing his poem recited decades after he penned it—on one of the world’s biggest stages during the 59th Super Bowl—is a testament to its enduring power… pic.twitter.com/zhYB51iERo— zamohappy (@zamohappy) February 17, 2026
Según fuentes cercanas, este episodio aceleró su deterioro físico y redujo aún más su capacidad de recuperación. A partir de entonces, su actividad pública disminuyó de forma notable y su estado general fue empeorando progresivamente.
El ingreso final y los cuidados paliativos
En noviembre de 2025, la Rainbow PUSH Coalition informó de un nuevo ingreso hospitalario debido al avance de la parálisis supranuclear progresiva. Desde ese momento, su situación se agravó de forma evidente. La voz que había resonado durante décadas en marchas, iglesias y convenciones políticas se volvió apenas perceptible, y su movilidad quedó severamente limitada.
Ante este escenario, su entorno más cercano optó por priorizar los cuidados paliativos, centrados en aliviar el sufrimiento y garantizar una despedida digna. Fue en ese contexto donde, finalmente, se produjo su fallecimiento.
El final de una batalla de nueve años
Desde el anuncio de su diagnóstico de Parkinson en 2017 hasta su muerte en 2026, Jesse Jackson libró una batalla de nueve años contra enfermedades neurológicas progresivas. Una lucha marcada por el desgaste físico, pero también por una actitud de resistencia coherente con toda su trayectoria vital.
La combinación de su edad avanzada, el avance implacable de la PSP y las secuelas acumuladas de otros problemas de salud terminaron por apagar la vida del hombre que enseñó a generaciones enteras a afirmar su dignidad con un mensaje que se volvió universal: «I am Somebody».








