Desde el pasado 28 de enero, Portugal vive una de las peores oleadas de temporales de los últimos años. La sucesión de borrascas —Kristin, Leonardo y Marta— ha dejado un balance de al menos 16 fallecidos, cientos de evacuados y cuantiosos daños materiales, principalmente en la región central del país, en torno al distrito de Coimbra.
Las autoridades portuguesas continúan en estado de alerta, especialmente en las zonas próximas al río Mondego, donde la presión del agua ha superado la capacidad de contención de varios diques y ha obligado a activar operativos de emergencia. Las previsiones meteorológicas no son optimistas: se esperan más lluvias hasta el viernes, lo que podría empeorar aún más la situación.
Un trágico balance de víctimas
La última víctima mortal confirmada es un hombre de 72 años que sufrió un accidente el pasado 28 de enero mientras realizaba reparaciones en el tejado de una vivienda familiar en Pombal. Según ha informado un trabajador de la funeraria a la agencia Lusa, el hombre falleció el martes en el Hospital Universitario de Coimbra.
Con esta muerte, se eleva a 16 el número de fallecidos en Portugal como consecuencia directa de los temporales que han azotado el país durante las últimas tres semanas.
Coimbra, epicentro de la emergencia
La región de Coimbra es, sin duda, una de las más castigadas por los efectos del mal tiempo. Protección Civil ha pedido extremar la precaución a los residentes de zonas propensas a inundaciones, con especial atención a las cercanías del río Mondego, cuya crecida ha puesto al límite la resistencia de los diques de contención.
Uno de los diques situados en Casais ha colapsado, y como consecuencia, la Fuerza Aérea portuguesa tuvo que intervenir para rescatar a cuatro trabajadores que quedaron atrapados tras el derrumbe de la infraestructura.
Además, la rotura del dique ha obligado a interrumpir el tráfico en ambos sentidos de la autopista A1, una de las arterias principales del país, entre los nudos de Coimbra Norte y Coimbra Sur.
3.000 evacuados y previsión de más lluvias
La noche del martes, las autoridades ordenaron la evacuación preventiva de cerca de 3.000 personas como medida de seguridad ante la amenaza de nuevas inundaciones. Según los datos disponibles, las aguas siguen fluyendo hacia zonas agrícolas, lo que permite cierto margen de contención, aunque la situación sigue siendo delicada.
El primer ministro portugués, Luís Montenegro, ha advertido de que “se esperan más precipitaciones hasta la mañana del viernes”, lo que podría comprometer aún más la estabilidad de las infraestructuras y complicar los trabajos de emergencia.
Caudal récord y presión sobre las presas
La ministra de Medio Ambiente, Maria da Graça Carvalho, ha confirmado que el caudal en la presa de Coimbra ha alcanzado los 2.100 metros cúbicos por segundo, una cifra superior al límite para el que fueron diseñados los diques de contención.
“Sólo en estos dos días, las precipitaciones equivalen al 20 por ciento de la media anual de Portugal”, ha destacado la ministra, subrayando la excepcionalidad del fenómeno meteorológico y la dificultad de gestión ante volúmenes de agua tan elevados.
Emergencia nacional y despliegue de medios
Desde el inicio de la crisis, las autoridades han desplegado a efectivos de Protección Civil, bomberos, fuerzas armadas y voluntarios, que trabajan en evacuaciones, rescates y labores de contención de daños.
El gobierno luso se encuentra en coordinación constante con los municipios afectados y ha reiterado que, de ser necesario, se habilitarán fondos especiales para hacer frente a los daños causados por las lluvias.
Además, se mantiene la monitorización permanente de las presas, diques y ríos en toda la región centro del país, para poder actuar con rapidez ante cualquier nuevo colapso.
Un invierno especialmente virulento
Este invierno ha sido especialmente duro para Portugal. Las tres borrascas que han pasado por el país —Kristin, Leonardo y Marta— han tenido un efecto devastador, especialmente por la continuidad de las precipitaciones y la saturación del terreno, que ya no puede absorber más agua.
A ello se suma el deterioro de algunas infraestructuras hidráulicas y la ubicación de muchas viviendas y carreteras en zonas potencialmente inundables. La suma de estos factores ha derivado en una crisis sin precedentes recientes en esta parte del país.
Apoyo ciudadano y solidaridad
Mientras las autoridades intentan contener los daños y asistir a los afectados, muchas iniciativas ciudadanas y solidarias han surgido para apoyar a las familias damnificadas. Se han habilitado albergues temporales, recogidas de alimentos, ropa y productos de higiene, además de campañas de donación gestionadas por organizaciones locales.
Las imágenes de las últimas jornadas —carreteras anegadas, vehículos flotando, personas evacuadas en lanchas, viviendas inundadas— han generado una ola de empatía en todo el país y fuera de sus fronteras, donde las muestras de solidaridad no han tardado en llegar.







