Rosalía ha dado el pistoletazo de salida a su nueva gira internacional con un concierto en Lyon que marca un antes y un después en su carrera. El espectáculo supone el inicio del Lux Tour, considerado como la gira más importante de un artista español desde Julio Iglesias, y confirma el alcance global de la artista catalana.
El arranque de esta nueva etapa musical ha tenido lugar en una ciudad elegida estratégicamente, en una plaza menor que muchos artistas utilizan para ajustar detalles antes de afrontar grandes escenarios. Sin embargo, el resultado ya deja ver una propuesta ambiciosa, cuidada al milímetro y con una identidad artística muy definida.
El concierto, de más de hora y media de duración, combinó distintos registros musicales, un potente despliegue escénico y una estructura dividida en actos que refuerza el carácter conceptual del espectáculo.
Un inicio marcado por la puesta en escena
El concierto comenzó con casi media hora de retraso, pero la espera no restó intensidad al arranque del espectáculo. La propuesta inicial tuvo un aire teatral, con dos escaleras enfrentadas cubiertas por sábanas blancas.
Rosalía emergió desde el interior de una gran caja, vestida como una bailarina con un llamativo tutú rosa. Con un moño y un mechón suelto, apareció en escena con una imagen muy cuidada, acompañada por una voz cristalina y un sonido preciso.
Desde el primer momento, el público se mostró completamente entregado. La artista logró captar la atención sin apenas moverse, demostrando un dominio escénico que recuerda a grandes figuras internacionales.
La orquesta Heritage, distinta y más reducida que la utilizada en la grabación del disco, se situó en el centro de la pista en lugar del escenario, aportando una dimensión diferente al espectáculo. Además, se incorporaron sobretítulos con las letras traducidas al francés.
Un concierto dividido en cuatro actos
El espectáculo de Rosalía en Lyon se estructuró en cuatro actos con un intermezzo en mitad del tercero, reforzando su carácter narrativo. El primer acto se abrió con ‘Sexo, violencia y llantas’, seguida de otros temas del disco Lux como ‘Reliquia’, ‘Porcelana’, ‘Divinize’ y ‘Mio Cristo piange diamante’.
Durante esta primera parte, la artista apenas se movió por el escenario, pero su presencia fue suficiente para mantener la atención del público. La combinación de pop con elementos más espirituales y una interpretación vocal potente marcó el tono inicial del concierto.
Tras esta primera sección, la cantante se retiró momentáneamente del escenario, mientras se proyectaban vídeos que permitían realizar cambios de vestuario y ajustar la escenografía.
Un segundo acto más directo y carnal
El segundo acto comenzó con ‘Berghain’ y dio paso a algunos de los grandes éxitos de Motomami, como ‘Saoko’, ‘La fama’ y ‘La combi Versace’. En esta parte del espectáculo, Rosalía adoptó una puesta en escena más directa y física. Vestida de negro y con el pelo suelto, conectó con el público desde un enfoque más carnal y menos conceptual que en el primer acto.
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Los arreglos orquestales acompañaron esta transición, con una ejecución descrita como cuidada y fruto de una formación musical sólida. El acto se cerró con ‘De madrugá’. La respuesta del público fue inmediata, con un ambiente de entusiasmo que reflejaba la conexión entre la artista y los asistentes.
Un tercer acto entre emoción y precisión
El tercer acto se abrió con ‘El redentor’, perteneciente a su primer álbum Los Ángeles. A continuación, interpretó una versión de ‘Can’t take my eyes off you’, de Frankie Valli. El repertorio continuó con canciones como ‘La perla’, ‘Sauvignon blanc’ y ‘La yugular’, que reforzaron la percepción del talento de la artista.
Uno de los momentos más destacados llegó con ‘La rumba del perdón’, interpretada junto a la orquesta en el centro del público, lo que generó una conexión especial con los asistentes. En esta fase del concierto se pudo apreciar tanto la emoción de la artista como el cálculo perfeccionista que caracteriza su propuesta escénica. Todo estaba medido, sin dejar espacio a la improvisación descontrolada.
Un cierre con grandes éxitos
El cuarto y último acto comenzó con ‘La noche de anoche’, tema que escribió junto a Bad Bunny.
El tramo final del concierto incluyó canciones muy conocidas como ‘Bizcochito’, ‘Despechá’, ‘Novia robot’, ‘Focu’ranni’ y ‘Magnolias’, esta última interpretada como bis.
La combinación de temas más populares con el resto del repertorio permitió cerrar el espectáculo con un alto nivel de energía y conexión con el público.
Un público internacional y una gira global
El concierto contó con un público diverso, formado por asistentes de distintas nacionalidades, entre ellos franceses y españoles.
El inicio en Lyon forma parte de una estrategia habitual en grandes giras, que utilizan ciudades de menor tamaño para rodar el espectáculo antes de afrontar citas más relevantes.
La siguiente parada será París, considerada la primera gran cita del Lux Tour. Posteriormente, la gira pasará por ciudades como Madrid y Barcelona en abril y concluirá el 3 de septiembre en San Juan de Puerto Rico.
Rosalía y un fenómeno global
El inicio de esta gira confirma el alcance internacional de Rosalía, cuyo estilo singular y propuesta artística han logrado conectar con públicos de todo el mundo.
La artista presenta un universo propio, alejado de fórmulas convencionales, que combina distintos géneros y elementos culturales sin buscar encajar en tendencias preestablecidas.
Este enfoque ha permitido que su música y su propuesta escénica trasciendan fronteras y se sitúen en un contexto global, consolidando su posición como una de las figuras más relevantes del panorama musical actual.
Con el Lux Tour, Rosalía inicia una nueva etapa que refuerza su ambición artística y su proyección internacional.












