La pregunta sobre qué ocurriría si el queroseno dejara de ser suficiente para todos los vuelos ha dejado de ser una simple hipótesis para convertirse en un escenario que ya se analiza en Europa. Aunque desde el sector se insiste en que no existe una situación de alarma inmediata, las autoridades y expertos reconocen que el contexto geopolítico obliga a contemplar medidas extraordinarias.
“Estamos muy, muy lejos de ese escenario”, asegura un funcionario europeo, según recoge EL MUNDO, que subraya que el combustible sigue disponible. Sin embargo, admite que pueden producirse reducciones puntuales y que conviene analizar posibles escenarios mientras se espera la normalización del tráfico de petroleros desde el Golfo Pérsico.
Un escenario improbable, pero ya sobre la mesa
El debate sobre el suministro de queroseno surge en un contexto de incertidumbre internacional que podría afectar al flujo de petróleo. A día de hoy, no existe un recuento exacto y actualizado del combustible disponible en Europa, ya que no se incluyen los cargamentos en tránsito ni las reservas estratégicas nacionales.
Aun así, algunas estimaciones apuntan a que, en un escenario extremo, los vuelos podrían mantenerse hasta septiembre u octubre si no llegara más crudo. “Pero lo más probable es que la situación se resuelva antes”, añade el funcionario.
Desde el sector aeronáutico se insiste en que el problema no sería técnico, sino de gestión y decisiones políticas. “No se trataría de cancelar algunos vuelos, sino de decidir quién puede volar”, explican fuentes consultadas, que advierten además de un vacío en la gobernanza: “ninguna autoridad europea tiene un mandato claro para gestionar una crisis de combustible de este tipo”.
Qué vuelos tendrían prioridad en una crisis de queroseno
En caso de escasez, el objetivo sería maximizar la utilidad social de cada litro de combustible. Por ello, todos los escenarios contemplan una jerarquía clara en la asignación del queroseno disponible.
En primer lugar, se priorizarían las rutas consideradas esenciales: conexiones con islas, vuelos médicos y humanitarios, transporte de medicamentos y alimentos, así como al menos una frecuencia diaria en rutas intercontinentales estratégicas.
En el extremo opuesto, serían los primeros en cancelarse los vuelos turísticos de corta distancia que tengan alternativa ferroviaria, especialmente los de alta velocidad, junto con los chárteres no esenciales y la aviación privada.
Entre ambos extremos quedaría un amplio abanico de rutas nacionales y europeas, sujetas a sistemas complejos de slots, acuerdos comerciales y derechos de los pasajeros. En este contexto, una cancelación masiva podría llevar incluso a suspender temporalmente la normativa europea de compensaciones.
Los cuatro escenarios que analiza Europa
Las autoridades y expertos ya contemplan distintos niveles de respuesta ante una posible reducción del queroseno, con medidas progresivas en función de la gravedad.
Escenario 1: ajustes operativos (10% a 20%)
En una primera fase, se actuaría sobre las ineficiencias del sistema. Entre las medidas previstas figura la suspensión de la regla de “úsalo o piérdelo” en los slots, lo que evitaría vuelos semivacíos y permitiría ahorrar entre un 5% y un 8% de combustible.
A ello se sumaría la optimización de rutas, con un ahorro adicional estimado del 3% al 5%. Se trataría, en definitiva, de una fase de ajuste técnico sin impacto directo masivo en los pasajeros.
Escenario 2: racionamiento moderado (25% a 40%)
Si la situación se agravara, se introducirían cuotas de combustible por aerolínea en función de su actividad previa. También se impondría una ocupación mínima obligatoria del 75% en los vuelos.

Además, se eliminarían vuelos de menos de 500 kilómetros cuando exista una alternativa ferroviaria, especialmente en corredores con alta velocidad, lo que supondría un cambio significativo en la movilidad aérea europea.
Escenario 3: gestión de crisis (50%)
En un escenario más severo, el sistema entraría en una fase de gestión de crisis sin precedentes en tiempos de paz. El reparto del queroseno se haría con criterios estrictos:
- 40% para conectividad esencial
- 30% para carga prioritaria (medicamentos, alimentos, órganos, correo diplomático)
- 20% para viajes de negocios en rutas clave
- 10% como reserva estratégica
Cada ruta requeriría aprobación regulatoria, se podrían relajar las normas de competencia para permitir la cooperación entre aerolíneas y se contemplaría incluso el cierre temporal de aeropuertos con menor tráfico.
Escenario 4: emergencia total (más del 65%)
En el caso más extremo, la Unión Europea podría asumir un papel centralizado en la compra y distribución del queroseno, siguiendo un modelo similar al aplicado con las vacunas durante la pandemia.
Eurocontrol sería el encargado de elaborar un plan diario de vuelos autorizados, en el que solo se mantendrían las conexiones imprescindibles: rutas intercontinentales básicas, enlaces con islas y transporte de mercancías esenciales.
Un debate abierto sobre el futuro del transporte aéreo
Aunque el sector insiste en que el escenario de escasez grave de queroseno es poco probable en el corto plazo, el análisis de estos posibles escenarios revela la vulnerabilidad del sistema aéreo ante crisis energéticas.
La discusión ya no se limita a la disponibilidad del combustible, sino que plantea cuestiones más amplias sobre la priorización de recursos, la coordinación europea y la capacidad de respuesta ante situaciones excepcionales.
En este contexto, la pregunta inicial —qué pasaría si el queroseno no fuera suficiente— ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en un ejercicio real de planificación que podría redefinir el funcionamiento del transporte aéreo en Europa.











