La familia de Robert Carradine ha anunciado el fallecimiento del actor a los 71 años, tras haberse quitado la vida. El intérprete, conocido especialmente por su participación en Forajidos de leyenda, de Walter Hill —que protagonizó junto a sus hermanos Keith y David Carradine—, La revancha de los novatos y la serie con Hilary Duff Lizzie McGuire, se ha enfrentado durante cerca de dos décadas a un diagnóstico de trastorno bipolar, una batalla que, finalmente, ha resultado insuperable.
La noticia ha sido confirmada por su entorno más cercano a través de un comunicado en el que expresan el profundo dolor por la pérdida de quien definen como “padre, abuelo, tío y hermano”.
El comunicado de la familia
En la declaración difundida por sus allegados, subrayan que, pese a las dificultades, Carradine mantuvo una actitud luminosa hacia quienes le rodeaban. “En un mundo que puede parecer tan oscuro, Bobby siempre fue una luz para todos a su alrededor. Nos sentimos devastados por la pérdida de esta hermosa alma y queremos destacar el valiente esfuerzo de Bobby durante sus casi veinte años de lucha contra el trastorno bipolar. Esperamos que su ejemplo sirva para romper el estigma asociado a la enfermedad mental. En estos momentos pedimos privacidad para poder afrontar un duelo tan inimaginable. Gracias por vuestra comprensión y apoyo”, recoge la nota familiar.
Con su muerte, Hollywood pierde a uno de los integrantes de una de sus sagas artísticas más reconocibles.
Un apellido ligado al cine
Nacido el 24 de marzo de 1954, Robert Carradine era el hijo menor del intérprete John Carradine y hermano de los también actores David Carradine, Keith Carradine y del creativo de Disney Christopher Carradine. Su trayectoria estuvo marcada tanto por el peso del apellido como por su empeño en labrarse una identidad propia dentro de la industria.
Su debut cinematográfico se produjo en 1972 junto a John Wayne en The Cowboys, un papel al que accedió animado por su hermano David, quien le convenció asegurándole que “todo lo que podías ganar era mucho y no tenías nada que perder”. Aquella oportunidad fue el punto de partida de una carrera diversa y prolongada en el tiempo.
Grandes títulos y consolidación
Entre sus primeros trabajos destacados figura El regreso, dirigida por Hal Ashby y premiada con el Óscar, donde compartió reparto con Jane Fonda y Jon Voight. Esta interpretación llevó a algunos observadores a considerar que podría ser incluso el integrante más talentoso de su familia.
Poco después participó en Malas calles de Martin Scorsese, consolidando su posición en el panorama cinematográfico. En 1980 acudió al Festival de Cannes con dos producciones: Uno Rojo, división de choque, dirigida por Samuel Fuller y coprotagonizada por Mark Hamill y Lee Marvin, y Forajidos de leyenda, de Walter Hill.
En esta última compartió pantalla con sus hermanos David y Keith. Hill escogió a hermanos reales para interpretar a históricos forajidos, asignando a Robert, Keith y David los papeles de los hermanos Younger. A su lado, James y Stacy Keach encarnaron a Frank y Jesse James, Randy y Dennis Quaid a los hermanos Miller, y Christopher y Nicholas Guest a los Ford.
“La revancha de los novatos” y el salto a la cultura pop
El papel que mayor proyección dio a Robert Carradine fue el de Lewis Skolnick en La revancha de los novatos (1984), donde compartió reparto con Anthony Edwards. Esta comedia se convirtió en un clásico de la cultura popular de los años ochenta y generó una de las sagas más emblemáticas de la época.
Décadas más tarde, logró conectar con nuevas generaciones gracias a su intervención como padre en la serie Lizzie McGuire, protagonizada por Hilary Duff, ampliando así su legado televisivo.
Pasión por la música y el automovilismo
Más allá de la interpretación, Carradine cultivó una intensa pasión por la música, especialmente la guitarra, pese a no contar con formación académica ni saber leer partituras. Junto a sus hermanos Keith y David actuó en numerosas ocasiones en el Sheridan Opera House de Telluride (Colorado), localidad en la que residían.
También acompañó en varias ocasiones a Peter Yarrow y al músico folk Ramblin’ Jack Elliott. En la segunda mitad de los años ochenta formó un grupo con Mare Winningham, The Waybacks, inspirado en las historias del “asiento trasero” en los trayectos familiares, una anécdota recurrente durante sus actuaciones.
Otra de sus grandes aficiones fue el automovilismo, iniciado en la infancia con carreras de karts a los once años. En los años ochenta y noventa llegó a participar en competiciones de Gran Premio y fue piloto del equipo Lotus junto a figuras como Paul Newman. Para él, “ganar una carrera significaba que nadie era mejor que tú”.
El entorno familiar y su faceta personal
En el plano personal, Robert Carradine centró su vida en sus hijos. En 1974 nació Ever Carradine, fruto de su relación con Susan Snyder, a quien crió como padre soltero hasta 1990. Ese año inició una relación con Edith Mani, con quien tuvo dos hijos más, Marika e Ian.
Su sobrina, la actriz Martha Plimpton, lo definía como el “tío favorito de todos”. Disfrutaba ejerciendo de abuelo de Chaplin y Sam, hijos de Ever, y de Jack, hijo de Marika. Sus familiares destacan que nunca dudaba en ayudar, asistía a partidos infantiles y concursos ecuestres, y siempre se ofrecía para cuidar a sus nietos.
Quienes le conocieron subrayan su carácter generoso y su facilidad para entablar amistad con personas de cualquier procedencia. No guardaba rencores y consideraba un privilegio acompañar a sus seres queridos al aeropuerto, un gesto que repetía con frecuencia.
El legado de Robert Carradine queda ahora en manos de sus hijos, nietos, hermanos y sobrinos, así como en la memoria de quienes crecieron viendo sus películas y series. Su familia ha pedido respeto y privacidad para afrontar el duelo.








