En un giro inesperado para la política interna de Estados Unidos, el presidente Donald Trump anunció este jueves el cese de Kristi Noem como secretaria de Seguridad Nacional. La exgobernadora de Dakota del Sur será reemplazada por el senador Markwayne Mullin, mientras ella se prepara para asumir un nuevo cargo como enviada especial para la iniciativa «The Shield of the Americas».
Sin embargo, detrás del anuncio oficial de «éxito en la frontera», se esconde una cronología de crisis que dinamitaron su permanencia en el gabinete.
La crisis de Minneapolis: el punto de quiebre
El factor más crítico en la caída de Noem fue su gestión tras la muerte de dos ciudadanos estadounidenses, Renee Good y Alex Pretti, a manos de agentes federales durante operativos de inmigración en Minneapolis a principios de este año.
Noem no solo defendió las tácticas agresivas del ICE, sino que calificó públicamente a los fallecidos como «terroristas domésticos», afirmaciones que fueron desmentidas por videos de seguridad y autoridades locales. Esta postura le valió el rechazo de la oposición demócrata y de sectores republicanos moderados que cuestionaron su «falta de brújula moral» y su juicio ante situaciones de alta tensión.
La millonaria campaña publicitaria y la «desautorización» de Trump
Otro detonante fue una auditoría sobre una campaña de publicidad fronteriza que costó 220 millones de dólares. La controversia estalló cuando se reveló que los anuncios estaban protagonizados por la propia Noem, lo que fue visto como un uso personal de fondos públicos para autopromoción.
Durante una tensa comparecencia ante el Congreso esta semana, Noem afirmó que el propio Donald Trump había aprobado dicha campaña. No obstante, el mandatario negó tajantemente tener conocimiento de los gastos, lo que generó una grieta de confianza insalvable entre la secretaria y la Casa Blanca.
Falta de transparencia y conflictos internos
La gestión de Noem también enfrentó críticas por su manejo de los fondos de FEMA (la agencia de emergencias) y por supuestos bloqueos a las investigaciones del Inspector General del departamento. Legisladores de ambos partidos denunciaron que el DHS, bajo su mando, se volvió una institución opaca que ignoraba las órdenes judiciales destinadas a frenar tácticas de detención consideradas inconstitucionales.
El nuevo secretario de Seguridad y su rumbo en inmigración

Con el nombramiento de Markwayne Mullin, el Gobierno busca «restaurar la competencia» y calmar las aguas tras meses de protestas nacionales y parálisis legislativa (el presupuesto del DHS se encuentra actualmente estancado).
Mientras Noem se desplaza a un cargo diplomático para supervisar la seguridad en el hemisferio occidental, la administración Trump intenta resetear su política migratoria, pasando de la «crueldad performativa» que se le achacaba a Noem hacia un enfoque que (según sus aliados) priorice la captura de criminales peligrosos por sobre las cuotas masivas de arrestos.












