Más de un año sin cobrar el alquiler, ni los gastos ni la electricidad. Ese fue el tiempo que un propietario de Ibiza asegura haber soportado mientras una persona a la que había alquilado un pequeño estudio en su vivienda seguía viviendo allí prometiendo que regularizaría su situación.
“Todos los días me decía que se iba a ir, pero sus cosas seguían allí”, explica el propietario, que finalmente logró recuperar el estudio tras darle un ultimátum para abandonar el inmueble.
Promesas incumplidas y problemas de drogas
El estudio había sido alquilado a una persona que había trabajado anteriormente para el propietario. Sin embargo, con el paso del tiempo dejó de pagar el alquiler, los gastos y la electricidad.
Según relata, la situación se fue complicando debido a problemas de drogas del ocupante y a las continuas promesas de que solucionaría su situación económica.
“Siempre me decía que iba a arreglarlo y me pedía tiempo”, explica. “Pero cuando alguien empieza a drogarse es muy difícil que pueda ponerse al día con los pagos”.
Durante un tiempo incluso tenía acceso a la vivienda principal, donde llegó a organizar fiestas dentro de la casa.
“Llegó a hacer fiestas dentro de la vivienda”, recuerda el propietario. “Por eso finalmente decidimos quitarle el acceso a la casa”.
Buscando soluciones en grupos de WhatsApp
Ante la dificultad para resolver la situación, el propietario recurrió durante meses a grupos de WhatsApp de residentes en Ibiza para pedir ayuda y buscar posibles soluciones.
En uno de esos mensajes preguntaba si alguien conocía empresas especializadas en desocupaciones rápidas en la isla.
Meses antes, a mediados del año pasado, también había solicitado recomendaciones para encontrar asesoramiento legal.
Un ultimátum para abandonar el estudio
Tras meses de promesas incumplidas, el propietario decidió poner una fecha límite. En septiembre le comunicó que debía abandonar el estudio antes del mes de marzo.
Sin embargo, cuando regresó recientemente a la vivienda comprobó que todas las pertenencias del ocupante seguían allí, pese a que este aseguraba que se marcharía.
“Entré con mis llaves y vi que todo seguía en el estudio”, relata. “Entonces me enfadé y le dije que tenía 24 horas para sacar todas sus cosas”.
El propietario incluso le advirtió de que, si no lo hacía, llamaría a un cerrajero y a una furgoneta para vaciar el estudio.
Finalmente abandonó el estudio
Tras ese ultimátum, la persona acabó marchándose al encontrar otro lugar donde irse, lo que permitió al propietario recuperar finalmente el estudio después de más de un año de conflicto.
“Al final reaccionó porque encontró otro sitio”, explica. “Pero convencerle no fue nada fácil y la situación duró muchísimo tiempo”.












