El impacto del conflicto bélico en Irán ya se deja sentir en el bolsillo de los españoles: según las últimas proyecciones del servicio de estudios de BBVA Research, la escalada de los precios de la energía provocará un repunte significativo de la inflación durante el primer semestre de 2026.
Los analistas estiman que el Índice de Precios de Consumo (IPC) cerrará marzo en el 3,5%, aunque advierten que la presión sobre el coste de la vida podría elevar esta cifra hasta el 4% entre abril y mayo si el panorama energético no se estabiliza.
El impacto en los carburantes y el PIB
Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA para España y Portugal, ha señalado que el aumento en los precios de los combustibles es la consecuencia directa e inmediata de la inestabilidad en la zona. Aunque la electricidad se mantiene relativamente contenida gracias a la actual configuración de contratos y regulaciones, la presión sobre los derivados del petróleo es innegable.
Bajo la hipótesis de un conflicto de duración limitada, los expertos calculan que esta crisis energética restará dos décimas al crecimiento del PIB de este año y añadirá tres décimas adicionales a la inflación media.
Pese a este «choque de oferta», desde BBVA explican que, por ahora, no hay motivos para temer un contagio permanente a la inflación subyacente, lo que invita a mantener una postura de cautela por parte del Banco Central Europeo (BCE).
¿Cómo debe reaccionar el Gobierno?
Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico, ha desaconsejado medidas drásticas como la bajada generalizada del IVA a los carburantes o la implementación masiva de subvenciones, como se hizo en anteriores crisis.
«Las ayudas deben ser temporales y dirigirse exclusivamente a los hogares vulnerables y a los sectores con mayor consumo energético», argumenta Doménech. El objetivo es evitar un deterioro de la consolidación fiscal y prevenir que medidas de emergencia se conviertan en transferencias permanentes que lastren el control del déficit público.
Un escenario distinto al de Ucrania
Aunque la preocupación es alta, el director de BBVA Research, Jorge Sicilia, ha querido aportar un matiz de serenidad. Según su análisis, el impacto actual es inferior al vivido durante la guerra en Ucrania: «El precio del gas ha experimentado un incremento mucho más moderado y permanece más aislado», puntualiza Sicilia, destacando que el mercado energético europeo ha aprendido a reducir su dependencia del petróleo por unidad de producto, situándola hoy por debajo del 2%.
En este contexto, los expertos consideran que no sería necesario recurrir a mecanismos de intervención extrema (como la llamada «excepción ibérica») siempre y cuando el conflicto no se prolongue excesivamente. La recomendación final del informe es apostar por una mayor coordinación fiscal a nivel europeo y reservar el músculo fiscal del Estado para escenarios de mayor adversidad, evitando cargar a la sociedad con costes indirectos innecesarios.











