El desembarco previsto de Lío Ibiza en el Hotel Corso, en s’Illa Plana, no solo ha activado la oposición vecinal. También ha abierto una discusión de fondo sobre si la actividad que se pretende desarrollar puede encajar en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Ibiza, que prohíbe expresamente la implantación de nuevas salas de fiesta en el municipio.
El traslado del conocido cabaret se enmarca en un proyecto de reforma y ampliación de mayor alcance en el Corso, con actuaciones sobre el edificio, reorganización de parcelas y afección al entorno. En ese escenario, la pregunta decisiva es con qué título habilitante podría operar Lío en esa nueva sede y si ello obligaría, además, a redefinir parte del modelo con el que el establecimiento ha funcionado hasta ahora en Marina Ibiza.
Lo que dice literalmente el PGOU
El planeamiento aprobado en 2023 es claro. En la regulación del uso recreativo, dentro del artículo 48 (6.10), establece que “los usos concretos de salas de fiesta de juventud, discotecas, salas de baile y similares, de nueva instalación, no están permitidos en todo el municipio”.
La propia norma añade a continuación que “los ya existentes quedarán regulados por las respectivas ordenanzas de zona y deberán contar con los preceptivos permisos de instalación y apertura”.
Es decir que el plan no ordena el cierre de las actividades ya implantadas legalmente, pero sí blinda la prohibición de nuevas salas de fiesta o discotecas en Ibiza.
La hipótesis: apoyarse en una licencia previa del Corso
A partir de ahí aparece la tesis que sobrevuela el proyecto. Ante la imposibilidad de obtener una licencia nueva de sala de fiestas, la vía que se baraja es la de sostener la actividad sobre una licencia preexistente vinculada históricamente al Corso.
En la trayectoria del establecimiento figuran antecedentes de este tipo. En la documentación administrativa y urbanística vinculada al hotel constan referencias a una licencia de sala de baile de 1996 y a una licencia posterior de sala de fiestas.
Fuentes consultadas apuntan a que esos antecedentes se corresponderían con la histórica actividad vinculada al antiguo Lucifer como actividad complementaria del hotel. Pero ese punto no despeja el problema, sino que lo traslada.
Fuentes jurídicas consultadas por La Voz de Ibiza explican que la continuidad de una licencia previa no opera de forma automática ni ilimitada. Podría serlo si la actividad se mantuviera en los mismos términos sustanciales. Sin embargo, esa cobertura se debilita si lo que se plantea supone cambiar la ubicación dentro del complejo, ampliar de forma muy relevante la superficie o alterar la configuración funcional del uso autorizado.
El PGOU permite que continúe lo existente, pero no dice que una licencia antigua pueda servir sin más como paraguas para una actividad sustancialmente distinta. Si lo proyectado deja de ser una mera continuidad y pasa a configurarse como una nueva implantación en términos reales haría falta un nuevo título ajustado al planeamiento vigente. Y en ese punto reaparece la prohibición expresa de nuevas salas de fiesta en el municipio.
Si lo previsto en el Corso pudiera considerarse una ampliación no sustancial de una actividad existente, esa sería la principal vía para intentar sostener su encaje como sala de fiestas. Pero si, en la práctica, se trata de una actividad con otra escala, otra localización y otro encaje funcional, la conclusión podría ser distinta.
No solo hotel: también actividad complementaria
El propio proyecto de reforma del Corso refuerza esa discusión. Según ha podido saber La Voz de Ibiza, la actuación no se limita a una modernización interior del hotel, sino que incorpora agrupación de parcelas, segregaciones para cesión a vial y actuaciones ligadas al entorno y al aparcamiento.
Junto a ello, la operación se vincula a la normativa turística aprobada durante la crisis de la covid y posteriormente ampliada, que permite a determinados establecimientos turísticos legalmente existentes ejecutar obras de modernización y crecer hasta un 15 % de la superficie construida a cambio de reducir plazas turísticas. Esa cobertura puede facilitar la reforma y ampliación del hotel, pero no resuelve por sí sola el debate sobre el uso recreativo si este entra en colisión con el PGOU.
Según ha podido saber La Voz de Ibiza, A su vez, la ampliación de la actividad complementaria pasaría de 1.167,34 metros cuadrados actuales a más de 3.600 m², incorporando además restauración y comercio dentro del límite del 30 % permitido para usos complementarios.
En ese punto se abre otra controversia técnica. El cuadro de usos de la zona turística contempla el uso recreativo, pero con límites de superficie de hasta 2.500 metros cuadrados. Es decir que si la actividad vinculada al ocio supera esos topes, el encaje sería todavía más discutible.
Ayuntamiento y promotor, sin respuesta
La interpretación definitiva corresponde al Ayuntamiento de Ibiza, que deberá determinar si lo planteado en el Corso puede considerarse una ampliación legítima de una actividad preexistente o si, por el contrario, equivale en la práctica a una nueva implantación vedada por el planeamiento.
La Voz de Ibiza ha consultado al Ayuntamiento sobre el encaje de esa posible ampliación dentro del PGOU y sobre la fase en la que se encuentra el expediente. También ha intentado recabar la versión del promotor del proyecto, Blasson Property, sin respuesta hasta ahora.
La operación presenta una estructura a varias bandas: el histórico activo hotelero ha sido adquirido por Blasson Property, que dejará la futura gestión del establecimiento a la cadena Marriott. En este marco, Lío entraría como operador del espacio de ocio, que se administraría de manera independiente.











