TRÁNSITO

La ofensiva contra Marlaska da un salto inesperado: el uso de la baliza V-16, en el punto de mira europeo

Una demanda busca que Europa decida si la obligación de la baliza V-16 desde 2026 es ilegal por fallos en su tramitación

Balizas V-16
Balizas V-16

La obligatoriedad de la baliza V-16 vuelve a situarse en el centro del debate, esta vez con un frente judicial que podría escalar hasta las instituciones europeas. El despacho Pyramid Consulting ha presentado una demanda ante el orden contencioso-administrativo de Madrid con un objetivo claro: impugnar una sanción vinculada a este dispositivo y lograr que el caso llegue al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

El movimiento no es menor. La iniciativa pretende que Europa determine si la normativa impulsada por la Dirección General de Tráfico (DGT), que obliga al uso de este sistema de señalización conectada desde el 1 de enero de 2026, es inaplicable por no haber seguido los procedimientos exigidos en Bruselas.

La clave del conflicto: un posible incumplimiento europeo

El núcleo de la disputa gira en torno a un aspecto técnico-jurídico con importantes consecuencias. Pyramid Consulting sostiene que la regulación de la baliza V-16 debía haberse notificado previamente a la Comisión Europea como un “reglamento técnico”.

Esta exigencia viene recogida en la Directiva (UE) 2015/1535, que obliga a los Estados miembros a informar sobre cualquier norma que imponga especificaciones técnicas obligatorias antes de su adopción. El objetivo es evitar obstáculos al mercado interior europeo. Según el despacho, este paso no se habría cumplido, lo que abriría la puerta a una posible invalidez de la normativa.

El papel del TJUE y las consecuencias legales

La demanda solicita que el caso se eleve mediante una cuestión prejudicial al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Será este órgano el encargado de determinar si la normativa española puede aplicarse o no.

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La jurisprudencia del TJUE es clara en este punto: el incumplimiento de la obligación de notificación no se considera un simple defecto formal. Tiene consecuencias directas sobre la validez de la norma frente a los ciudadanos.

Si el tribunal europeo respalda la tesis del despacho, las implicaciones serían de gran alcance. Las sanciones impuestas por no llevar la baliza V-16 o por utilizar una no conectada podrían quedar sin base legal.

La “confianza legítima” de los conductores, en cuestión

Más allá del debate técnico, la demanda también apunta a una posible vulneración del principio de confianza legítima por parte de la Administración.

El despacho pone el foco en las declaraciones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien el 8 de enero de 2026 prometió una “flexibilidad” en la aplicación de la norma.

Balizas V16 geolocalizables
Balizas V16 geolocalizables

Sin embargo, según se argumenta en la demanda, esa flexibilidad no se ha materializado. A pesar de que el Gobierno trasladó que las fuerzas de seguridad priorizarían la información antes que las sanciones, estas han comenzado a llegar.

Una situación de inseguridad jurídica

Este escenario ha generado, según los recurrentes, una situación de indefensión para miles de conductores.

La falta de una instrucción oficial por escrito que respalde esa supuesta tregua ha dejado a los ciudadanos en una posición incierta, dependiendo del criterio individual de cada agente.

Desde el despacho consideran que la Administración no puede sancionar conductas que previamente había indicado que serían toleradas de manera transitoria.

Un dispositivo rodeado de polémica

El conflicto judicial no solo se sustenta en cuestiones legales, sino también en las críticas técnicas y operativas que ha generado la baliza V-16 desde su implantación.

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Entre los aspectos cuestionados se encuentra la visibilidad del dispositivo, considerada inferior en comparación con los intermitentes del vehículo. También se ha señalado la limitada duración de las baterías, que en algunos modelos apenas alcanza los 30 minutos.

Estas dudas han sido planteadas tanto por expertos como por agentes de seguridad, alimentando el debate sobre la eficacia real del sistema.

El componente económico en el centro del debate

A la controversia técnica se suma el factor económico. Según se ha apuntado, las empresas fabricantes de la baliza V-16 han recibido importantes subvenciones públicas.

Además, el modelo incluye un canon de conectividad que garantiza ingresos durante doce años a las operadoras de telecomunicaciones.

Este contexto ha intensificado las críticas, en un momento en el que los conductores han tenido que asumir un desembolso económico para adaptarse a una normativa cuya validez ahora se cuestiona.

Una normativa en riesgo de quedar sin efecto

Mientras la DGT defiende que el sistema es esencial para mejorar la seguridad vial, el frente judicial abierto tanto en Madrid como potencialmente en Bruselas introduce un alto grado de incertidumbre.

Si el Tribunal de Justicia de la Unión Europea concluye que la normativa no se ajusta a los procedimientos comunitarios, podría dejar en papel mojado la obligación de la baliza V-16.

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