Llegar a la edad de jubilación no significa dejar de gestionar las finanzas; al contrario, es el momento donde las decisiones estratégicas cobran más peso. Según explica la experta en educación financiera Natalia de Santiago, la longevidad actual y los cambios en el modelo de pensiones obligan a los ciudadanos a ver el ahorro privado no como un extra, sino como un pilar necesario.
En este nuevo escenario, no basta con haber ahorrado: la clave reside en cómo se utiliza ese dinero para evitar que los impuestos consuman el capital acumulado.
La organización del patrimonio: la jerarquía de la liquidez
Para gestionar correctamente los bienes, la experta propone visualizar el patrimonio como una estructura organizada por niveles de disponibilidad, similar a una pirámide:
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La base (menos líquido): Aquí se sitúan activos como la vivienda propia, que representan valor pero no dinero inmediato.
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El centro (liquidez media): En este nivel se encuentran las acciones y los fondos de inversión, que requieren un proceso breve para convertirse en efectivo.
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La cima (liquidez inmediata): Son los depósitos y cuentas corrientes destinados al uso diario.
De Santiago enfatiza que, una vez jubilados, es prudente aumentar el «colchón de emergencia»: si mientras trabajamos se recomienda tener ahorrado un año de gastos, en el retiro lo ideal es disponer de dos o tres años de liquidez para cubrir imprevistos médicos o situaciones de dependencia sin tener que malvender activos importantes.
El impacto de Hacienda: el rescate inteligente
El error más común y costoso al jubilarse ocurre al momento de retirar el dinero de los productos de ahorro. «La fiscalidad es fundamental en esta etapa», advierte la especialista, ya que es precisamente al recuperar la inversión cuando se activan las obligaciones tributarias por los beneficios generados.
El foco principal debe ponerse en los planes de pensiones: la experta desaconseja rotundamente retirarlos de forma íntegra o «de golpe», ya que esto dispararía la carga impositiva de manera desproporcionada. La estrategia recomendada consiste en realizar rescates progresivos y planificados, sacando solo lo necesario para que el impacto fiscal sea lo más reducido posible.
Flexibilidad sin pasar por caja
Un recurso valioso que suele pasarse por alto es la posibilidad de mover el dinero entre diferentes productos. Tanto los fondos como los planes de pensiones permiten realizar traspasos sin tener que pagar impuestos en ese momento.
Esto permite a los jubilados ajustar el riesgo de sus carteras (por ejemplo, moviendo dinero de renta variable a productos más estables) antes de convertirlos definitivamente en efectivo para el consumo.










