CONTROVERTIDA LICENCIA

La vía excepcional de la covid que allana el desembarco del Lío al Corso

El proyecto se acoge a la vía extraordinaria de modernización turística abierta en Baleares tras la pandemia, obtiene primero un informe favorable del Consell y llega después a Vila, donde la arquitecta técnica municipal asume la interpretación decisiva sobre la sala de fiestas.

Lío Ibiza funcionará en el Hotel Corso, en la zona de la terraza contigua a la piscina.

El desembarco de Lío Ibiza en el Hotel Corso, previsto para 2027 y que ha generado malestar entre los vecinos de s’Illa Plana, se apoya en una polémica interpretación de las normas urbanísticas municipales, tal como ha explicado previamente La Voz de Ibiza. ¿Cómo se ha llegado hasta ello? Ocurre que la tramitación del expediente por el cual el hotel de s’Illa Plana será reformado a lo largo de los próximos meses descansa sobre una vía de tramitación excepcional, nacida en plena crisis de la covid, que permite a establecimientos turísticos legalmente existentes acometer reformas y ampliaciones con un régimen más flexible que el ordinario.

La reforma y ampliación del hotel se acoge al artículo 7 de la Ley 2/2020, en la redacción dada por el Decreto Ley 3/2022, una norma balear que abrió incentivos extraordinarios para la modernización de establecimientos turísticos.

Entre otras ventajas, esa vía permite incrementar hasta un 15 % la superficie construida a cambio de reducir al menos un 5 % las plazas turísticas, siempre que el proyecto reciba antes un informe favorable de la administración turística y después obtenga la correspondiente licencia municipal.

Ese itinerario altera el recorrido habitual de una operación de este calibre. En vez de un expediente puramente urbanístico, el proyecto entra primero por la puerta de la modernización turística. De hecho, en el expediente consta un certificado de informe previo favorable emitido por la Comisión de Ordenación Turística del Consell de Ibiza el 13 de octubre de 2025, al amparo de ese artículo 7.

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Con ese visto bueno del Consell entra en juego el Ayuntamiento de Ibiza. Y ahí aparece uno de los elementos más sensibles del caso: la pieza central del expediente municipal es un informe técnico favorable firmado por la arquitecta técnica municipal, fechado el 16 de marzo de 2026, que avala la licencia urbanística de reforma y ampliación del establecimiento.

El informe técnico

Ese informe técnico no se limita a revisar alturas, retranqueos, alineaciones o aparcamientos, sino que también asume una interpretación urbanística y de usos que resulta decisiva para el expediente. Y que parecen más propios de un informe jurídico. Especialmente, entra de lleno en la cuestión más polémica del proyecto: la ampliación de la sala de fiestas y su encaje en el PGOU de 2023, que prohíbe las nuevas discotecas y salas de fiestas en el municipio.

La arquitecta municipal asume ahí la tesis clave del promotor y del expediente. Según ese documento, a la ampliación de la sala de fiestas existente no le afectaría la prohibición del artículo 48.6.10 del PGOU porque no se trataría de una “nueva instalación”, sino de la ampliación de un uso preexistente legalmente implantado. El informe se apoya además en el artículo 63.5 de las normas urbanísticas para sostener que los usos preexistentes pueden mantenerse en edificios en situación de inadecuación.

Ese punto es decisivo porque el salto de escala no es menor. El propio informe municipal da por existente una sala de fiestas de 1.167,34 metros cuadrados y valida que la nueva sala de fiestas alcance 2.484,20 metros cuadrados, mientras el conjunto de la oferta complementaria se eleva a 3.692,71 metros cuadrados, es decir, el 26,36 % del total del establecimiento.

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La singularidad del caso está, por tanto, en esa doble llave. Primero, el proyecto entra por una vía extraordinaria de modernización turística diseñada para facilitar reformas hoteleras tras la pandemia. Después, ya en sede municipal, un informe técnico no solo avala las obras, sino también la lectura jurídica y urbanística que permite tratar la futura actividad de Lío como ampliación de una sala de fiestas ya existente y no como una nueva implantación.

Requisitos

Para acogerse a esta vía extraordinaria, el proyecto tenía que presentarse como una modernización turística de un establecimiento legalmente existente y justificar que la actuación mejoraba servicios e instalaciones, contribuía a la desestacionalización o reforzaba nuevos segmentos de mercado. En el caso del Corso, tanto la memoria del proyecto como el informe técnico municipal insisten en esa idea: mejora de accesibilidad, seguridad contra incendios, eficiencia energética, reordenación de volúmenes, ampliación del aparcamiento y refuerzo de la oferta complementaria del hotel.

La norma también imponía condiciones cuantificables. La ampliación no podía exceder el 15 % de la superficie legalmente construida y debía ir acompañada de una reducción mínima del 5 % de las plazas turísticas. Según el expediente, el Corso cumple ambos requisitos: proyecta una ampliación de alrededor del 14,73 % y reduce sus plazas de 342 a 308, es decir, recorta 34 plazas, por encima del mínimo exigido. Además, el proyecto prevé que al menos el 50 % de las plazas de aparcamiento dispongan de puntos de recarga eléctrica, otro de los requisitos de esta vía de modernización.

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A cambio, el decreto abre una puerta muy valiosa para el promotor: estos proyectos quedan “excepcionalmente excluidos del cumplimiento de los parámetros de planeamiento territorial, urbanísticos y turísticos que impidan su ejecución”, siempre dentro de los límites fijados por la propia norma y con informe favorable de la administración turística.

Aunque se trata de una vía nacida en la crisis de la covid, no había decaído automáticamente cuando se movió el expediente del Corso. La redacción dada por la norma de 2022 extendió el régimen hasta el 31 de diciembre de 2025, y el Decreto-ley 4/2025 añadió una disposición transitoria que permitió acogerse todavía a ese artículo 7 para los proyectos presentados ante la administración turística durante los tres meses siguientes a la entrada en vigor del propio decreto. Después, la norma daba un plazo para solicitar la licencia urbanística. Esa es la razón por la que la tramitación del Corso, aunque ya discurre en 2025 y 2026, sigue apoyándose en una herramienta normativa nacida durante la pandemia.

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