Grupos de WhatsApp utilizados por turistas para organizar fiestas y buscar recomendaciones en Ibiza están mutando rápidamente para seguir funcionando como canales de venta de drogas incluso después de ser cerrados por la plataforma. La Voz de Ibiza documentó cómo, tras la clausura de un primer chat donde se ofrecían abiertamente cocaína, MDMA, marihuana y tusi con precios publicados, apareció un segundo grupo con el mismo sistema de venta, pero utilizando lenguaje cifrado, derivaciones a Telegram y menos exposición pública para dificultar el rastreo.
El cambio muestra cómo evoluciona el ‘CamelloApp’ —el nombre que utiliza La Voz de Ibiza para describir esta red de narcomenudeo digital basada en aplicaciones de mensajería—: cada cierre obliga a modificar el lenguaje, borrar evidencias visibles y trasladar las conversaciones hacia espacios más difíciles de controlar.
Del catálogo abierto al lenguaje cifrado
El primer grupo funcionaba casi sin disimulo. En la descripción, visible para cualquier usuario que ingresara mediante un enlace público difundido libremente en redes sociales, aparecía un catálogo completo de drogas en Ibiza: cocaína, MDMA, marihuana, pastillas de éxtasis y tusi, con precios y gramajes detallados.
Las sustancias incluso estaban identificadas mediante emojis: un copo de nieve para la cocaína, un rayo para el MDMA, una hoja para la marihuana, un caramelo para el éxtasis y un corazón rosa para el tusi. El administrador se identificaba bajo el alias de «Dealer Oficial» y el enlace del grupo podía compartirse libremente.
Tras el cierre del grupo por parte de WhatsApp, la estructura reapareció pocos días después, aunque con cambios visibles.
«Mantengamos el grupo limpio»: el nuevo protocolo
El segundo canal mantenía prácticamente el mismo perfil de turistas internacionales y el mismo esquema operativo, pero había aprendido de la clausura anterior.
Ya no existían listas públicas de precios ni nombres explícitos de sustancias. La cocaína pasó a llamarse white, las drogas comenzaron a mencionarse como gear o goodies y cualquier conversación demasiado directa era rápidamente desviada fuera del grupo principal.
La frase que más se repetía en el chat era: «Mantengamos el grupo limpio de esos mensajes».
Lejos de ser una simple norma de convivencia, el mensaje funcionaba como un protocolo interno para reducir el rastro digital dentro de WhatsApp y minimizar las posibilidades de detección o cierre.

Telegram: la trastienda del CamelloApp
Cada vez que un usuario preguntaba por drogas en abierto, el operador derivaba rápidamente la conversación hacia mensajes privados o directamente a Telegram.
La elección no es casual. Mientras WhatsApp reforzó en los últimos años la colaboración con autoridades judiciales en investigaciones sobre tráfico de drogas y crimen organizado, Telegram mantiene una estructura corporativa más opaca y mecanismos más difíciles de rastrear.
Además, permite canales con miles de usuarios, mensajes temporales y una gestión de identidad más difusa para los administradores.
En la práctica, el sistema funciona con dos niveles: WhatsApp actúa como escaparate para captar turistas interesados en fiestas y ocio nocturno en Ibiza, mientras Telegram se convierte en el espacio donde se concretan las operaciones.
El modelo aprende después de cada cierre
La clausura del primer grupo no desmanteló la red. Apenas la obligó a evolucionar.
Según fuentes de La Voz de Ibiza, el segundo canal eliminó precisamente aquellos elementos que habían hecho visible al primero: desaparecieron las listas de precios, los nombres directos de las sustancias y los mensajes demasiado explícitos.
El sistema muta para sobrevivir.
Este patrón ya fue detectado en otras ciudades españolas como Madrid, Barcelona y Valencia, donde redes de venta de drogas por WhatsApp reaparecen constantemente bajo otros nombres y utilizando códigos cada vez más sofisticados.
Lo que pueden hacer las plataformas y sus límites
Meta prohíbe expresamente la comercialización de sustancias ilegales dentro de sus plataformas. Cuando detecta grupos vinculados a la venta de drogas, puede proceder a su cierre mediante denuncias de usuarios o sistemas automatizados.
El problema es la rapidez con la que vuelven a aparecer nuevos canales.
La facilidad para crear grupos, modificar nombres y distribuir enlaces de invitación fuera de la plataforma convierte cada clausura en un obstáculo temporal para estructuras organizadas. La detección es reactiva; la reapertura, casi inmediata.
Meta no respondió a las consultas realizadas por La Voz de Ibiza antes del cierre de esta edición.
El nuevo desafío policial en Ibiza
La Guardia Civil y la Policía Nacional refuerzan cada verano sus operativos contra el narcomenudeo en Baleares, especialmente en zonas como San Antonio y Playa d’en Bossa, dos de los epicentros que aparecen repetidamente en los chats analizados por este medio. Pero el paso del trapicheo callejero al narcomenudeo digital cambia completamente el escenario.
Los operadores pueden gestionar grupos desde fuera de España —o incluso desde fuera de la Unión Europea— mientras coordinan entregas en zonas turísticas de Ibiza. La identificación requiere colaboración entre plataformas, cooperación judicial internacional y procesos mucho más complejos que los utilizados contra el tráfico callejero tradicional.
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