HOMENAJE

Jesús, el tatuador que dejó su huella en Ibiza: cinco años después, su recuerdo sigue en la piel

Familiares y amigos recuerdan al tatuador sevillano que murió en 2021 tras un accidente de moto en la isla.
Jesús Franco Bravo, un joven tatuador sevillano, dejó su arte en la piel de turistas, amigos e ibicencos

Hay tatuajes que cuentan historias y sellan amistades. Como el hombre ilustrado de Ray Bradbury, que llevaba grabado un relato distinto en cada dibujo de su cuerpo, Jesús Franco Bravo, un joven tatuador sevillano, dejó su arte en la piel de turistas, amigos e ibicencos, y con cada trazo tejió un vínculo que perduró en el tiempo. Cinco años después de su muerte en un accidente de moto en Ibiza, amigos y familiares lo han recordado con motivo de un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Un tatuador querido en la isla

Jesús, nacido en Sevilla, se dedicaba al tatuaje desde alrededor de 2010, cuando empezó a pasar los veranos en Ibiza gracias a un acuerdo con un estudio de la isla. Cada temporada se instalaba entre dos y tres meses, junto a su mujer, Miriam, y sus dos hijos, hoy de 13 y 15 años.

Los dos últimos veranos llevaba también su moto en el ferry para moverse por el centro, cerca de Platja d’en Bossa, donde residía mientras trabajaba en la isla.

Jesús Franco Bravo junto a sus amigos.

Una noche de agosto que lo cambió todo

La noche del 15 de agosto de 2021, mientras disfrutaba de un día de playa junto a su familia, la tragedia se cruzó en el camino de Jesús. Volvían de una cala tras pasar la jornada juntos cuando él, que circulaba en moto por delante del resto, sufrió un accidente en una carretera entre las localidades de Jesús y San José, junto al restaurante Can Costa. Un coche que salía del local lo golpeó; la conductora dijo que no lo había visto.

Ernesto Franco Ruiz, padre de Jesús, viajaba varios coches por detrás y corrió hasta el lugar al ver la retención de tráfico. Encontró a su hijo tirado en el asfalto, consciente y hablando. «No llores, papá, que no me pasa nada», le dijo, según relató a La Voz de Ibiza. La moto quedó doblada sobre la calzada.

Una hemorragia sin atención a tiempo

Según el padre, la ambulancia llegó con rapidez, pero Jesús no ingresó en la UCI del Hospital del Rosario hasta las 00.15 horas, más de tres horas después del choque. El accidente le había seccionado una arteria, lo que provocó una hemorragia interna que, según la familia, nadie logró frenar a tiempo.

Los padres sostienen que el hospital no disponía esa noche de personal médico especializado para atender una urgencia así. Jesús permaneció consciente en todo momento, sin lesiones en la cabeza ni pérdida de memoria. Falleció dos días después, el 17 de agosto, sobre las seis de la tarde, a los 38 años.

Jesús junto a su familia

Alcohol y cocaína en la conductora

Según pudo saber la familia a través del expediente judicial, la conductora dio positivo en los controles: presentaba, según su relato, 40 gramos de alcohol en sangre y más de 500 nanogramos de cocaína. El abogado de la familia les explicó que la legislación no equipara el consumo de cocaína con el de alcohol a efectos penales, por lo que el caso no se calificó como homicidio.

La condena quedó en dos años de prisión, que la conductora no llegó a cumplir al carecer de antecedentes penales. Según el abogado, tampoco cabía recurso contra la sentencia.

La reclamación al hospital sin respuesta

La familia contaba con un abogado en Sevilla que gestionó la indemnización del seguro, un trámite resuelto en aproximadamente un mes. Cuando quisieron reclamar al Hospital del Rosario por la demora en la atención, sin embargo, aseguran que el letrado fue posponiendo el proceso y la reclamación nunca llegó a prosperar.

Jesús y su familia

«Jesús dejó personas, no solo recuerdos»

Con motivo de este nuevo aniversario, varios amigos y colegas de profesión compartieron con La Voz de Ibiza sus recuerdos de Jesús.

Noé Morón, uno de los impulsores de este homenaje, escribió: «Llevo días pensando qué escribirte para esta ocasión tan especial que nos han brindado, y no encuentro nada que esté a la altura, querido amigo. Con tu partida dejaste un vacío irrecuperable. Intento quedarme con lo bueno que dejaste, pero no es suficiente, te echo demasiado de menos».

Guillermo Hervás, conocido como Guille, escribió unas palabras cargadas de emoción: «Tu limpia mirada, tu eterna sonrisa, tu maravillosa energía, tu impecable ser. Nunca podremos volver a caminar igual. Cuando nos despojaron de ti, hoy hace 5 años, nuestros corazones sufrieron heridas imposibles de cicatrizar. Necesitaría un libro para contar todo lo que me gustaría que el mundo conociera de ti, pues nunca conocí a nadie a la altura de tu alma. Hoy lo único que nos ayuda a mitigar todo ese dolor es la alegría y el orgullo de haber compartido tu camino. Hermano mío, gracias, gracias y gracias. Te extraño, te honro, te amo».

El tatuador Christian Marchan, que coincidió con Jesús trabajando en Ibiza, recordó cómo empezó su amistad: «Pasé varias temporadas tatuando en Ibiza, y en una de ellas coincidí con Jesús trabajando, y desde ese mismo instante conectamos mucho y nos hicimos grandes amigos, compartiendo muchos viajes tatuando por el mundo y una gran amistad, de las mejores personas y más buenas que he tenido la suerte de conocer». Marchan señaló, además, que la última vez que se vieron fue precisamente en Ibiza, «el sitio que nos conocimos».

Por su parte, el también tatuador Nando Sevillano lo definió como su mentor: «Conocí a muchísima gente gracias a Jesús, pero, sobre todo, me encontré a mí mismo gracias a la confianza que depositó en mí. Fue mi mentor, mi compañero y un amigo que siempre tendía la mano. En sus últimos años buscaba crecer, entender la vida desde otro lugar y contagiar esa forma de mirar el mundo. Hay personas que dejan recuerdos; Jesús dejó personas. Y esa será siempre la huella más bonita que nos regaló».

Un legado que sigue vivo

El padre de Jesús lo describe como una persona espiritual, aficionada al budismo y muy unida a su familia y a sus amistades. «No pasa un día que no nos acordemos de nuestro hijo», resume Ernesto Franco Ruiz.

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