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ALFARERO ARTESANO/TONI MARÍ 'FRÍGOLES'

‘Frigoles’: el alfarero incombustible que empezó con 12 años a fabricar cerámica funcional y sigue trabajando a los 89 años

El Maestro Alfarero da nombre a una plaza pública en es Puig d’en Valls
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Toni Marí Ribas ‘Frígoles’ con uno de sus botijos en su taller de es Puig d’en Valls.

Pocos son los que a sus 89 años siguen acudiendo cada mañana a su taller de trabajo. Toni Marí Ribas Frígoles es uno de ellos. Alfarero artesanal desde hace más de 70 años, ha fabricado todo tipo de piezas de barro: botijos, macetas, cangilones, tejas, platos, bebedores para animales, ceniceros y figuras decorativas.

Comenzó trabajando a los 12 años como peón, pastando barro, en la fábrica de cerámica de un vecino del pueblo de Jesús, donde nació. El barro lo recogían en la cantera y lo transportaban en carros hasta el taller. Allí trabajó durante dos años.

En el transcurso de ese tiempo, conoció a Juan Planells Daifa. Un oficial alfarero que le ofreció más dinero para que trabajara con él, además de enseñarle el oficio. Trabajó ocho años en su taller hasta que le llegó el momento de hacer la mili. Gracias a un contacto de su padre, consiguió que le pusieran de estafeta para poder seguir trabajando por las tardes. Cuando terminó la mili, Daifa le alquilo el taller a cambio de la producción de 12 macetas mensuales. Estuvo más de 40 años trabajando en su taller, durante los cuales vivió grandes cambios en el oficio.

Artículos de regalo

Durante los primeros años, fabricaba cerámica funcional que vendía a los payeses de la isla, pero, con la llegada del turismo y el aumento del uso del plástico que sustituyó a los utensilios de barro, la alfarería se vio obligada a adaptarse a los nuevos tiempos. Comenzó a fabricar figuras decorativas y de regalo para los turistas, llegando a sacar su propia marca, Frígoles, que grababa en cada una de sus piezas.

“Autobuses repletos de turistas desviaron su ruta para pasar frente al taller que estaba en es Puig d’en Valls y verme trabajar”, recuerda. Cuando Daifa murió, se trasladó a su propio taller, que se había comprado justo en frente. En él ha trabajado hasta el día de hoy, aunque, ahora, solo lo hace “por hobby” y por encargo para algunos clientes y amigos.

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‘Frigoles’, junto a su hija, delante de la escultura en su homenaje en la plaza a la que da nombre el pasado martes.

Una plaza con su nombre

Uno de sus reconocimientos más importantes, ha sido el de dar su nombre a una plaza pública con un parque infantil en es Puig d’en Valls para reconocer su larga trayectoria profesional.

El espacio se llamará Plaza del Mestre Terrisser Frígoles y está ubicado frente a la calle Norte. Junto a la placa con su nombre hay una escultura de unas manos esculpiendo un jarrón en honor a su profesión. Una semana después de la puesta de largo, recuerda con “mucha ilusión” el momento en el que llegó la alcaldesa de Santa Eulalia, Carmen Ferrer, a su taller para invitarle al acto oficial del nombramiento. “Ya conocía a la alcaldesa porque fui concejal del Ayuntamiento durante ocho años, pero fue una sorpresa que apareciera aquí para decirme que le iban a poner mi nombre a una plaza”, admite el artesano.

Su única hija, María José, ha decidido seguir sus pasos convirtiéndose en ceramista artesana desde hace siete años con su marca Frigolades. Comenzó trabajando a los 16 años en una tienda que había abierto su padre, en 1975, en el centro de Vila para vender todo el material. Allí se pasó tres décadas hasta que, hace siete años, decidieron cerrarla para disponer de más tiempo y centrarse en la producción. Ahora, fabrica figuras decorativas que vende en mercados y ferias artesanales de la isla.

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