En las últimas dos décadas los médicos han observado con desconcierto un fenómeno creciente: el cáncer colorrectal de inicio temprano (EOCRC). Aunque tradicionalmente este tumor afecta a personas mayores de 70 años, los diagnósticos en menores de 50 se han disparado.
Ahora, un estudio pionero liderado por el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIO) de Barcelona señala a un posible culpable: el picloram, un herbicida utilizado masivamente desde la década de los 60.
El enigma del cáncer en pacientes jóvenes
Tradicionalmente, el cáncer se asocia al envejecimiento porque las células necesitan décadas para acumular errores. Sin embargo, el aumento de casos en menores de 50 años desconcierta a la ciencia porque, al analizar los tumores de estos jóvenes, los investigadores han descubierto que sus genes son prácticamente iguales a los de los pacientes de 70 años.
Esto indica que el problema no es una cuestión de herencia genética, sino de algo externo que está acelerando el proceso. Los expertos llaman a este conjunto de influencias externas el exposoma, que abarca desde la alimentación y el tabaco hasta la contaminación y los químicos ambientales.
La epigenética como «caja negra» del organismo
Para entender cómo el entorno afecta a una persona a lo largo de décadas, los científicos del VHIO han recurrido a la epigenética. Si imaginamos que nuestro ADN es un libro de instrucciones que nunca cambia, la epigenética serían las anotaciones o marcas que el estilo de vida deja sobre esas páginas.
Estas marcas, conocidas técnicamente como metilación, no alteran el texto del libro, pero funcionan como indicadores que deciden qué capítulos se deben leer y cuáles deben permanecer cerrados. Es una especie de memoria química que registra a qué sustancias hemos estado expuestos desde la infancia.
La huella del herbicida Picloram
Al analizar estas marcas en miles de pacientes, el estudio detectó una señal muy potente relacionada con el picloram, un herbicida que se popularizó a mediados de los años 60. Lo que hace que este hallazgo sea clave es el factor tiempo: los jóvenes de hoy han estado en contacto con este químico desde su nacimiento o incluso antes de nacer, a diferencia de las generaciones anteriores que solo conocieron el producto siendo ya adultas.
Esta exposición prolongada desde las etapas más sensibles de la vida parece haber dejado una «huella» en el ADN que activa los mecanismos del cáncer mucho antes de lo previsto, explicando así por qué la enfermedad está apareciendo en personas cada vez más jóvenes.
Una exposición desde la infancia
La clave de este hallazgo reside en la cronología. El picloram comenzó a utilizarse a mediados de los años 60. Esto significa que:
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Pacientes de edad avanzada: No estuvieron expuestos a este químico durante su etapa de desarrollo infantil.
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Pacientes jóvenes: Han convivido con esta exposición ambiental desde su niñez y durante gran parte de su vida.
«La incidencia del cáncer de inicio temprano se asocia de forma significativa con el uso de este pesticida por condados en EE. UU., incluso ajustando otros factores de riesgo», puntualiza Seoane.
Hacia una nueva prevención
Aunque se trata de un estudio observacional y ahora el reto es replicar estos resultados en modelos animales, el hallazgo abre una puerta crucial para la salud pública. La capacidad de utilizar la metilación del ADN como herramienta de medición permite identificar factores de riesgo que antes eran invisibles.
Este descubrimiento no solo señala un nuevo peligro ambiental, sino que sienta las bases para futuras políticas preventivas que busquen reducir la exposición química y frenar el avance de una enfermedad que, cada vez más, golpea a la población joven.












