El aparcamiento urbano se convierte en un juego de estrategia y, a veces, un pequeño despiste puede costar mucho más que una multa: ese es el caso del “icing”, esa práctica por la que un coche de gasolina o diésel ocupa una plaza reservada para vehículos eléctricos que necesitan recargar.
Esta maniobra, bautizada a partir del acrónimo inglés ICE (motor de combustión interna), ya está tipificada como infracción grave por la Dirección General de Tráfico (DGT), con sanciones que llegan hasta los 200 euros.
¿Qué es el ‘icing’ y por qué te puede multar?
El término se refiere a aparcar con un coche de combustible fósil en una plaza destinada a la recarga de eléctricos. No se trata de un espacio cualquiera: son puntos clave para mantener la autonomía de los vehículos eléctricos, y obstaculizarlos equivale a poner en problemas a otro conductor que necesita cargar.
Estas plazas están señalizadas con la señal R‑308, que indica claramente que solo pueden ser utilizadas por eléctricos en proceso de recarga. Saltarse esa señal significa casi seguro enfrentarse a una sanción económica.
¿Cuánto cuesta una multa por ‘icing’?
La DGT ha comenzado a aplicar multas desde 100 hasta 200 €, dependiendo de las circunstancias. En algunos casos, la Policía Local podría incluso ordenar la retirada del vehículo si bloquea de forma evidente un punto de carga, especialmente si está debidamente señalizado.

Ibiza también entra en escena
La Isla Blanca, siempre atenta a la sostenibilidad, ha dado pasos en materia de movilidad eléctrica. Marina Ibiza, por ejemplo, ha instalado seis puntos de recarga en su puerto, repartidos en tres torretas de 22 kW, con integración digital y pago mediante la app Waylet de Repsol.
Además, el Consell de Ibiza y el Govern balear están comprometidos en aumentar los puntos de recarga, ya que hasta un 20 % de los actuales están fuera de servicio, lo que representa un problema real para los usuarios que dependen de estas instalaciones.
Por qué deberías prestar atención (y no solo en Ibiza)
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Tener un eléctrico no basta: si ocupas la plaza sin recargar o pasas del tiempo permitido, también puedes recibir una multa.
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Ojo a la señalización: la señal R‑308 es clara y su desconocimiento no exime de sanción.
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Municipios y legislaciones locales pueden variar, pero el principio es claro: esas plazas son vitales para la conducción sostenible.
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Ibiza es ejemplo claro de cómo estas plazas deben estar visibles, activas y respetadas si de verdad se apuesta por la movilidad eléctrica.
Antes de pensar en un “solo un ratito”, ten en cuenta que el icing no es una negligencia menor, sino una infracción que penaliza la falta de consideración y puede entorpecer el uso diario del coche eléctrico. Con las sanciones a la vista y un modelo de isla que apuesta por la recarga sostenible, lo más sensato y cívico es respetar las plazas reservadas.