PARADOR DE IBIZA

Casi 8.000 días y un castillo por rehabilitar: la historia de anuncios, hallazgos y retrasos del Parador de Ibiza

Aunque el proyecto se formalizó en 2004, las obras arrancaron años más tarde y se vieron frenadas por sucesivos contratiempos, con promesas y aplazamientos recurrentes hasta que, por fin, se concretó un calendario de apertura. La inversión total alcanzó 43,2 millones de euros.

El Parador de Ibiza.

Era miércoles, 12 de mayo de 2004, cuando el proyecto del Parador de Ibiza recibió su impulso formal para echar a andar. Aquel día se comunicó el visto bueno técnico que abría la puerta a convertir la fortaleza del siglo XVI de Dalt Vila —cerrada desde la década de 1980— en un hotel de la red estatal, a partir de una carta enviada por el entonces secretario general de Turismo del Gobierno de España, Raimon Martínez, a quien era conseller balear de Turisme, Joan Flaquer.

El 10 de marzo de 2026, 7.972 días después de la recepción de aquel documento —celebrado entonces por autoridades del archipiélago y especialmente de Ibiza—, el Parador de Dalt Vila recibirá a sus primeros clientes.

Aunque se auguraba un proceso largo, los pronósticos más pesimistas no incluían semejante dilación. “Podría llevar más de dos años”, dijeron entonces desde Turespaña a Hosteltur.

El cierre de fechas llega con números que resumen la magnitud de la operación: 43,2 millones de euros de inversión y una intervención que el Ministerio describe como una de las mayores excavaciones arqueológicas de los últimos años en España, además de una rehabilitación patrimonial de alta complejidad en el recinto amurallado de Ibiza.

En ese mismo marco, la secretaria de Estado de Turismo, Rosario Sánchez, defendió que la obra ha ido “mucho más allá de la apertura de un parador” y que ha requerido “un inmenso esfuerzo” de Turespaña, Paradores y la Secretaría de Estado.

2004: decisión de convertir el castillo en Parador

La cronología oficial sitúa en 2004 la decisión de dar uso de Parador de Turismo a la fortaleza de Dalt Vila. La idea era abrir al público un conjunto histórico que llevaba clausurado desde la década de 1980, incorporándolo a la red de hoteles públicos. Desde el inicio, el proyecto arrastró una peculiaridad que terminaría marcándolo: era una obra dentro de una obra, porque cada avance en el edificio implicaba mirar también bajo el suelo.

Ese punto de partida ayuda a entender la dimensión del retraso: el Parador de Ibiza no ha sido un hotel en construcción, sino un proyecto que ha ido evolucionando a medida que aparecían nuevas exigencias técnicas y patrimoniales, hasta convertirse en un símbolo local de promesas aplazadas.

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2009-2012: obras, hallazgos y parón

Los tiempos siempre fueron lentos. Tras la redacción y aprobación del proyecto, la primera piedra se puso en el invierno de 2009. Pero pronto se confirmó lo esperado en una fortaleza como la de Dalt Vila: la aparición de restos arqueológicos obligó a replantear el proyecto integralmente y a aumentar de manera significativa el presupuesto. El hallazgo no fue un contratiempo menor, sino un cambio de guion: la intervención debía ser, además de hotelera, arqueológica, de conservación y de musealización.

Los hallazgos que afloraron a finales de 2012 forzaron el freno en seco: la obra se detuvo para rediseñar el proyecto y recalcular costes, en un proceso que acabó elevando el alcance de la intervención y su complejidad técnica. En paralelo, el presupuesto de la rehabilitación ejecutada por Turespaña se situó por encima de los 27 millones de euros en el agregado de las obras principales.

El proyecto quedó congelado en 2012, cuando las obras se paralizaron. A partir de entonces, el Parador pasó años en un limbo administrativo y técnico. El edificio avanzaba a trompicones en el imaginario público, pero sin una línea clara que permitiera anticipar una apertura real.

2019: vuelta a la obra con 21,1 millones extra

La reanudación llegó en 2019, cuando el Gobierno de España aprobó una aportación adicional de 21,1 millones de euros para poder concluir los trabajos. Desde esa etapa, el relato institucional ha insistido en que se trataba de una intervención excepcional: rehabilitar un conjunto histórico en altura, con condicionantes patrimoniales, y a la vez documentar y proteger hallazgos arqueológicos.

En FITUR, Sánchez lo resumió con una frase que apuntaba tanto al esfuerzo como al desgaste: “Hemos luchado mucho, muchísima gente, para que este proyecto saliera adelante”. Y defendió su dimensión histórica: “Ahora esta isla pequeña nos permitirá entender mejor la evolución histórica de Ibiza y del país desde hace más de 2.500 años”.

Lo cierto es que en cada una de las ferias de turismo de los últimos años en las que coincidían autoridades de Paradores y de Ibiza, crecía la expectativa. Hubo promesas e incluso fechas concretas de apertura que luego se cancelaron.

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Entre los hitos más claros, en julio de 2024 la presidenta de Paradores, Raquel Sánchez, situó la apertura “a principios de 2025”.

2025: el año que no fue

Meses después, en enero de 2025, se descartó que pudiera abrir en abril —la fecha que el Ayuntamiento presionaba para alcanzar— por problemas técnicos del suministro de agua. Entre los capítulos más señalados figuró el problema del aljibe, que obligó a nuevas actuaciones para garantizar el suministro de agua.

El escollo del agua se concretó en un elemento clave: un aljibe subterráneo construido hacía unos 20 años, imprescindible para asegurar un suministro suficiente en la zona alta de Dalt Vila. La apertura se volvió a retrasar por la necesidad de repararlo y adecuarlo, y el problema no se agotaba en la obra hidráulica: también quedaba pendiente la acometida eléctrica asociada al sistema.

En marzo de 2025, el ministro Jordi Hereu volvió a mover el horizonte al asegurar en la ITB de Berlín que el Parador abriría “a finales de año”. A esa cadena se sumaban otras expectativas previas que también se evaporaron, como la posibilidad de abrir en verano de 2023 o a principios de 2024.

Luego de que se descartara abrir el Parador de Ibiza el pasado verano, se fijó octubre en el horizonte. Pero ya en julio Paradores advirtió que las obras en el Camí del Calvari, principal entrada al futuro hotel, obligaban a un nuevo retraso.

Ese pulso desembocó en cruces de versiones entre el Ayuntamiento y Paradores, y retrasos encadenados que alimentaron la sensación de que, aun con el edificio listo, siempre quedaba un “último” escollo por resolver. Y el Camí del Calvari no era un elemento menor: desde la Secretaría de Estado de Turismo se llegó a señalar que la finalización de esas obras permitiría por fin ejecutar la conexión eléctrica del aljibe, cerrando el círculo de los trabajos imprescindibles.

A esa incertidumbre se sumó una secuencia de contratos a destiempo que se convirtieron en el mejor termómetro del retraso. El 11 de septiembre de 2025, Paradores lanzó una licitación de 496.100 euros (IVA incluido) para ejecutar una decena de “obras complementarias” calificadas como “imprescindibles” para explotar el hotel: desde remates y barandillas hasta tomas de luz y ajustes funcionales. El pliego preveía 60 días naturales de ejecución, y la convocatoria estuvo abierta hasta el 6 de octubre.

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No fue el único ejemplo: también se sacaron a concurso intervenciones de interiorismo tan específicas como la aplicación de pintura epoxi blanca en los 47 baños de las habitaciones para armonizarlos con un nuevo proyecto decorativo, después de que esos espacios se hubieran concebido inicialmente con pizarra negra. Esa suma de “últimos retoques” —algunos incluso tramitados como “inversión no prevista”— terminó consolidando la idea de un Parador que, a las puertas de abrir, seguía encontrando motivos para volver a aplazar.

Además, Paradores enfrentó muchas dificultades el año pasado para completar su plantilla. Ahora, en FITUR, se ha informado que está casi al 100% y principalmente con trabajadores locales.

“No será un parador más”: la joya balear de la red

Rosario Sánchez defendió que “el Parador de Ibiza no será un parador más” y que su apertura lo convertirá en “una de las grandes joyas de la red de Paradores de España”. Subrayó que se trata del primer Parador que abre en Baleares y que nace con una vocación explícita: atraer un turismo cultural respetuoso con el entorno y el legado histórico.

En esa misma línea, añadió una idea clave para el encaje local: “No es solo para los visitantes, sino también para todos los residentes de Baleares y de Ibiza”, que podrán disfrutar del patrimonio arqueológico integrado en el edificio. El discurso institucional busca presentar el Parador como activo cultural, no solo como alojamiento.

Cómo será el hotel: 41 habitaciones, cinco edificios y wellness

En el plano hotelero, la información oficial difundida en FITUR sitúa el Parador en 41 habitaciones para clientes, distribuidas en cinco edificios. El complejo contará con zona wellness, piscina exterior, solárium, cafetería, restaurante, salones y terrazas, además de varios espacios con vistas al puerto y al perfil monumental de Dalt Vila.

El patio de armas se cubrirá con una arquitectura textil ligera e incorporará un pequeño auditorio con vistas al puerto y al campanario de la Catedral, pensado para ampliar la capacidad del hotel y facilitar la celebración de eventos, incluidos nocturnos, en un entorno singular. Paradores informó además de una inversión adicional de 3,5 millones de euros para la adecuación de las instalaciones.

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