La NASA y otros organismos internacionales monitorean el objeto espacial denominado 2024 YR4. Según los últimos cálculos orbitales, existe una probabilidad mínima de aproximación a la Tierra en unos años.
El cuerpo celeste permanece bajo vigilancia por haber superado los umbrales técnicos de observación.
¿Cómo es el asteroide que impactaría en la Tierra?
El 2024 YR4 es un asteroide clasificado como Objeto Cercano a la Tierra (NEO). Los instrumentos de medición estiman que su diámetro se sitúa entre los 40 y los 90 metros.
Su seguimiento se realiza mediante telescopios terrestres y el sistema automatizado Sentry, que actualiza la trayectoria del objeto a medida que se obtienen nuevos datos astronómicos.
Probabilidad y fecha de aproximación
Los datos actuales establecen el 22 de diciembre de 2032 como la fecha de su punto más cercano a la órbita terrestre.
Aunque la posibilidad de impacto ha disminuido desde su descubrimiento inicial, el objeto superó el 1% de probabilidad de colisión. Este porcentaje es un límite técnico que obliga a las agencias espaciales a activar protocolos de notificación internacional y a mantener un seguimiento exhaustivo, a pesar de que la probabilidad de que no ocurra nada sigue siendo superior al 98%.
Efectos potenciales según científicos
Los científicos han proyectado diversos escenarios basados en el tamaño del asteroide:
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Fragmentación atmosférica: Debido a sus dimensiones (menores a 100 metros), lo más probable es que el objeto se desintegre o explote al ingresar a la atmósfera terrestre por la fricción y el calor.
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Impacto en el mar: Los modelos indican que un objeto de este tamaño no tiene masa suficiente para generar un tsunami.
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Impacto en zonas terrestres:
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Si mide entre 40 y 60 metros: Podría causar una onda de choque capaz de romper vidrios y dañar estructuras ligeras en el área cercana.
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Si alcanza los 90 metros: Los daños en infraestructuras urbanas serían más considerables en la zona de caída.
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El comunicado de la NASA
La NASA puntualiza que la revisión de datos es un proceso estándar. Cada nueva observación permite ajustar la órbita con mayor precisión, lo que generalmente deriva en la reducción del riesgo inicial.
El objetivo de este monitoreo es mejorar la capacidad de respuesta y la precisión de los modelos de defensa planetaria ante cualquier objeto que cruce la trayectoria de la Tierra.













