El desalojo del asentamiento de caravanas de Can Misses, en Ibiza, encara sus últimas horas con escenas de incertidumbre y precariedad. En el interior del núcleo, donde durante meses han vivido decenas de trabajadores sin acceso a vivienda, apenas quedaban ya algunos residentes a primera hora de este miércoles.
A las 10.30 horas estaba prevista la llegada de la Policía Nacional para ejecutar el operativo definitivo. En paralelo, también se desplazó hasta la zona personal de los Servicios Sociales, para atender a las personas afectadas por el desalojo, aunque el Ayuntamiento de Ibiza no formó parte del operativo como ocurrió con el asentamiento de Sa Jovería.
Minutos antes, Yamilis, una de las últimas personas en abandonar el lugar, recogía sus pertenencias sin saber cuál será su próximo destino.
“No sé qué va a ser de mí ahora. Estoy en blanco”, reconoce, visiblemente afectada, tras cerca de un año viviendo en una caravana en este asentamiento levantado junto al estadio Palladium Can Misses.
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Un año viviendo en una caravana
Yamilis llegó a Ibiza hace un año y desde entonces ha vivido en este asentamiento ante la imposibilidad de acceder a una vivienda. “En julio cumplía un año aquí”, explica.
Su testimonio refleja las duras condiciones del día a día en este tipo de asentamientos improvisados. “No ha sido fácil, porque vivir en una caravana tampoco es fácil. Le doy gracias a Dios que al menos tenía un techo, pero las lluvias…”, relata.
Las dificultades van más allá de lo básico: “Para cargar el teléfono, para ducharte o incluso para comer, todo es complicado”.
Robos e inseguridad
A la precariedad se suma la inseguridad. Yamilis asegura que los robos han sido frecuentes durante su estancia. “Sí te roban, no se crea. A mí me han intentado robar la bicicleta varias veces. La tengo con muchos candados para que no se la lleven”, explica.
Incluso fuera del asentamiento, dice, ha sufrido hurtos. “Me han robado las llantas de la bicicleta”.
Sin alternativa habitacional
Pese a tener un empleo, su situación sigue siendo inestable. Actualmente trabaja limpiando oficinas durante unas horas al día, un ingreso insuficiente para acceder al mercado del alquiler en Ibiza.
“Tengo un trabajito, pero son dos horas y media. Es una ayuda hasta que llegue el verano”, señala, a la espera de que arranque la temporada turística.
Sin embargo, la pregunta clave sigue sin respuesta: qué hará tras el desalojo. “No tengo dónde ir. De verdad, ahora mismo no sé”, insiste.
El final de un asentamiento
El asentamiento de Can Misses ha llegado a albergar cerca de un centenar de caravanas y a decenas de trabajadores que, como Yamilis, encontraron en este espacio una solución temporal ante la falta de vivienda en la isla.
El desalojo, ordenado por vía judicial tras un largo proceso, pone fin a este núcleo, pero no a la problemática que lo originó: la imposibilidad de acceder a un alquiler asequible en Ibiza.
Mientras las fuerzas de seguridad se preparaban para intervenir y los servicios sociales trataban de dar apoyo a los afectados, las últimas personas abandonaban el lugar con sus pertenencias, muchas de ellas sin una alternativa clara.
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