El Consell de Ibiza ha delimitado su papel en el proyecto del Hotel Corso y ha dejado claro que no ha otorgado ninguna licencia para la remodelación del establecimiento ni para la futura oferta complementaria que se proyecta en él. La institución insular precisa que su intervención se ha limitado a emitir un informe favorable en el marco de la legislación turística, pero insiste en que ese documento no equivale a una licencia.
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El futuro desembarco de Lío Ibiza en el Corso se enmarca en una operación mucho más amplia de reforma y ampliación del hotel, con actuaciones sobre el edificio, redistribución de espacios, ampliación del parking, reorganización de parcelas y habilitación de una zona para oferta complementaria. Pero, como ya ha venido explicando La Voz de Ibiza, una cosa es la modernización del establecimiento y otra distinta la autorización concreta de la actividad de ocio que pueda acabar funcionando en él.
Según la explicación trasladada desde el Consell a La Voz de Ibiza, la Comisión de Ordenación Turística emitió por unanimidad un informe favorable al proyecto presentado por la empresa para la modernización de las instalaciones del hotel al amparo de la Ley 2/2020, de 15 de octubre. Ese visto bueno, recalca el Consell, se limita a verificar el cumplimiento del proyecto desde la óptica de la normativa turística y resulta preceptivo para la posterior tramitación municipal.
El Consell insiste en que la reforma informada favorablemente contempla una inversión de 12 millones de euros y afecta a la ampliación del parking, la reforma de las zonas comunes y de la planta baja, la mejora del sistema antiincendios, el spa, el gimnasio, la redistribución de habitaciones y la habilitación de una zona para oferta complementaria. Pero subraya que ese informe no autoriza por sí mismo ninguna actividad concreta abierta a clientes no alojados.
La propia institución recuerda que esa oferta complementaria no puede exceder, por ley, el 30 % de la superficie del hotel y que en el proyecto informado se sitúa en el 26,36 %. También precisa que la operación contempla una reducción de plazas y habitaciones, pasando de 342 plazas a 308 y de 179 habitaciones a 158, para poder aumentar edificabilidad en el marco de la normativa turística.
La hipótesis de la licencia previa
Ese punto enlaza con una de las claves que ha venido desgranando este medio en los últimos días. La principal vía que se baraja para encajar la llegada de Lío en el Corso no pasa por una nueva licencia de sala de fiestas, sino por apoyarse en una actividad recreativa preexistente vinculada históricamente al hotel. En esa línea, distintas fuentes consultadas por La Voz de Ibiza sitúan la maniobra en la vieja sala de fiestas del establecimiento, con referencias administrativas a una licencia de sala de baile de 1996 y a una licencia posterior de sala de fiestas.
El problema, como también ha explicado este medio, es que la vieja actividad no se correspondería sin más con el nuevo planteamiento. Según ha podido saber La Voz de Ibiza, la actividad recreativa previa partiría de 1.167,34 metros cuadrados, mientras que la nueva propuesta elevaría el uso recreativo hasta 2.484,20 m², casi al límite de los 2.500 metros cuadrados previstos para esa tipología en la zona turística, dentro de una operación que llevaría el conjunto de usos compatibles a 3.692,71 m², con mezcla de ocio, restauración, comercio y otros espacios asociados.
Además, varias fuentes jurídicas consultadas por La Voz de Ibiza vienen sosteniendo que la cobertura de una licencia previa se debilita si la actividad cambia de superficie, de configuración o de emplazamiento dentro del complejo. En el caso del Corso, las referencias administrativas previas situaban la antigua actividad recreativa en la zona de sótano del establecimiento, mientras que el nuevo planteamiento la reubicaría en otro ámbito del hotel reformado. De ahí que la pregunta central siga siendo la misma: si lo que se pretende autorizar puede considerarse jurídicamente la misma actividad que ya existía o si, en realidad, ha dejado de serlo.
Es ahí donde el Consell pone el acento en el siguiente paso. Las licencias de obras, actividad, aforo, ruidos, horarios o parking corresponden al Ayuntamiento de Ibiza, no a la institución insular. De hecho, el propio Consell remarca que no le consta, por ahora, que esas licencias municipales para la oferta complementaria hayan sido otorgadas.
Toda esta cuestión desplaza el centro de gravedad del conflicto hacia el Ayuntamiento, precisamente en un momento de máxima sensibilidad política y vecinal. En s’Illa Plana crece el rechazo al desembarco de Lío Ibiza, y una de las principales dudas del entorno es precisamente si existe una licencia válida que permita explotar esa actividad como sala de fiestas o si, por el contrario, se estaría intentando sostener el proyecto sobre la ampliación de una licencia previa. En esa línea, los vecinos de la zona se organizan para reclamar explicaciones al Ayuntamiento.
La Voz de Ibiza ha preguntado también al Ayuntamiento qué licencia se utilizaría para permitir la actividad de Lío en el Corso y en qué situación se encuentra el expediente, sin obtener respuesta hasta ahora. La falta de contestación mantiene abierto el interrogante central del caso: quién y con qué título habilitante autorizaría finalmente la futura actividad de ocio













