Verónica Echegui falleció el pasado domingo en el Hospital 12 de Octubre de Madrid tras una prolongada enfermedad que mantuvo en secreto. Su familia ha pedido privacidad en estos momentos de dolor, mientras la capilla ardiente, instalada en el Tanatorio de La Paz, se convirtió en el epicentro de un duelo compartido por numerosas figuras del cine español.
En junio pasado, en una entrevista con Fotogramas durante la promoción de su última serie A muerte, Echegui elevó la conversación y dejó una frase para el recuerdo: “La muerte da miedo… pero, más que miedo a la muerte, tengo miedo a la enfermedad y al sufrimiento.” Estas palabras, cargadas de honestidad, se convirtieron en su despedida intelectual y emocional pública.

Ese extracto sencillo y potente reveló una mirada profunda ante el fin de vida. Sin dramatismos gratuitos, lanzó otro pensamiento que hoy resuena con toda su carga: “Me gustaría llevarme la certeza de que he amado, de que he amado mucho.” Ese fue su último deseo, una forma de recordar la importancia de abrir el corazón incluso frente al miedo más intenso.
Una vida reinventada: el coraje de un retiro temporal
Más allá de sus palabras, Verónica supo hablar con su vida. Tras alcanzar el éxito, protagonizando Yo soy la Juani y otros títulos emblemáticos, decidió retirarse temporalmente y trabajar como camarera en Londres. Lejos del estrellato, encontró paz y reconstrucción personal. Fue una decisión inspiradora, que ella definió como una lección de autenticidad y sanación.
Actriz de convicción y talento; nominada al Goya por Yo soy la Juani, El patio de mi cárcel, Katmandú o Explota Explota, y ganadora del cortometraje Tótem Loba en 2021. Sus últimos proyectos incluyen Justicia Artificial (2024) y la serie A muerte (2025), ambas con temáticas ligadas a la enfermedad, el poder y la vida. Sus voces no solo emocionaron, sino también cuestionaron y enseñaron.
El amor como refugio y compañía
Su historia sentimental también habla de amor verdadero. Verónica y Álex García, su pareja durante trece años, compartieron vida, trabajo y proyectos artísticos, con momentos emotivos como aquel en los Goya, donde ella lo mencionó con ternura: “Mi amor, cuánto me alegro de crecer a tu lado. Te amo”.
“Antes de conocerlo, creí que no era capaz de amar”, declaró entonces. A partir de ese momento, su vínculo se fortaleció con el tiempo, convirtiéndose en una de las parejas más admiradas del panorama cinematográfico español. Compartieron también cartel en las películas Kamikaze y No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas.

En una etapa posterior, la pareja decidió alejarse de la ciudad y trasladarse a vivir a una finca en plena sierra de Madrid, donde cultivaban una huerta, convivían con animales y practicaban yoga, rodeados de naturaleza. Sin embargo, con el tiempo se conoció una noticia que tomó por sorpresa a muchos: tras trece años de relación, Verónica y Álex pusieron fin a su historia de amor.
El legado de Verónica Echegui trasciende la pantalla
Su paso por este mundo no fue en vano. Echegui fue voz feminista, defensora de la salud mental y activa contra el acoso machista. Su trabajo en Tótem Loba, su valentía al defender su bienestar y su última reflexión sobre el amor son parte de un legado que seguirá vivo en la memoria del público y de sus colegas.
El talento de la actriz ha sido celebrado por compañeros, instituciones y personalidades: desde Paco León hasta Pedro Sánchez, todos han destacado su energía, sensibilidad y valentía artística. Su paso por el cine dejó un sello imborrable, y su sinceridad profesional y personal se convierte ahora en motivo de admiración y recuerdo.