El ATP 500 de Doha se posiciona esta semana como el gran protagonista del tenis mundial. El torneo qatarí presume un hito al alcance de muy pocos: cuenta con Carlos Alcaraz y Jannik Sinner en su cuadro principal. Sin embargo, la llegada de los dos mejores tenistas del planeta a tierras árabes no responde solo a un interés por los puntos del ranking.
Detrás de su participación existe un motivo económico de peso que supera cualquier premio oficial en la pista.
Un sueldo fijo que rompe esquemas
De acuerdo con una investigación del diario italiano La Gazzetta dello Sport, tanto el español como el italiano se aseguraron un pago de 1,2 millones de dólares cada uno. Esta suma llega a sus cuentas bajo el concepto de «compensación por servicios profesionales». Es una herramienta legal de la ATP que permite a los torneos de menor categoría tentar a las grandes figuras con un cheque fijo para garantizar su asistencia.
Lo más impactante aparece cuando se comparan los números: e tenista que se consagre campeón en la final del 21 de febrero se llevará un botín de poco más de 529.000 dólares. Esto significa que Alcaraz y Sinner ya ganaron el doble de dinero antes de tocar la primera pelota que el futuro ganador del torneo.
Esta brecha deja claro que, para los organizadores, el valor de tener a estas estrellas en el cartel es mucho mayor que el trofeo mismo.
El ascenso imparable de Qatar en el circuito
La inversión de Doha en el tenis no es una casualidad ni un plan reciente: desde su estreno en 1993, la sede acogió a leyendas como Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Lo que antes era una escala discreta en el calendario, hoy es una cita de lujo. De hecho, gracias a la excelente opinión de los jugadores y a su enorme capacidad financiera, el certamen subió de nivel y ahora forma parte de la categoría ATP 500.
La capacidad financiera de Qatar transforma la estructura tradicional del circuito ATP. Gracias a estas cuotas profesionales, el torneo asegura un nivel de competitividad que antes solo pertenecía a los grandes escenarios de Europa o Estados Unidos. Al final, el torneo de Doha logra su objetivo: deja de ser una parada opcional para convertirse en el escenario donde se define el protagonismo de este 2026.












