En un mundo nuevo en el que las máquinas pueden crear imágenes en segundos, plagiando a miles de artistas humanos, hay muchas preguntas que debemos hacernos. Sobre todo porque aún estamos a tiempo, aunque no por mucho más.
¿Puede la inteligencia artificial (IA) considerarse artista? ¿Qué puede ofrecer el artista, con todas sus contradicciones y el tiempo que necesita para sentir y plasmar, frente a este nuevo ser sintético que puede hacer literalmente cualquier cosa en segundos y casi gratis?
Hablamos con Carlos Mariano Botto Martínez, conocido como Caen Botto, un argentino afincado en Ibiza que en 2013 cofundó, junto con Marta Rupérez Molenveld, Nourathar, un estudio de arte y tecnología dedicado al desarrollo de dispositivos, instalaciones y experiencias que exploran el potencial de los medios emergentes.
En la exposición colectiva titulada “Pulsión creadora y algoritmo intuitivo”, ha instalado a Fausto y Quasimodo, dos chatbots que conversan sobre la estupidez humana.
—¿Qué diferencia fundamental ves entre una obra creada por un artista humano y una creada por una IA? ¿Dónde crees que está realmente el valor artístico?
—No veo que las plataformas generativas puedan crear “arte” motu proprio, sin requerir a una persona como incitador, validador, contextualizador o generador de la iniciativa. Al igual que con un pincel o una máquina de escribir, el hecho de que lo que se haga con estas plataformas sea “arte”, en este punto, depende de que haya un “artista” detrás.
—¿Puede una IA ser considerada artista, o siempre será una herramienta al servicio del artista humano?
—Por el momento son herramientas, las más poderosas que se han puesto en las manos de los artistas, ya que posibilitan procesos de cocreación persona-sistema que potencian y dinamizan distintas fases del proceso creativo. La aportación más interesante que encuentro son las “alucinaciones” que generan estas plataformas, y es lo que intento trabajar a partir de “Estupidez natural”, la pieza que presento en la muestra.

—Cuando una IA genera una obra a partir de millones de obras humanas con las que ha sido entrenada, ¿de quién es realmente la creatividad que estamos viendo?
—Ahí es precisamente donde se aparta del arte, igual que los artistas que copian estilos. “Arte” es romper estructuras y crear nuevas desde las ruinas. Es muy difícil hacerlo partiendo de una imitación de lo existente. Esto se vincula con lo que comentaba antes en relación con las alucinaciones de las plataformas, que son un error que crea un nuevo contexto que puede no corresponderse con las referencias que incorpora el modelo o apartarse de la finalidad con la que fue entrenado.
—Un artista humano tiene experiencias, recuerdos, emociones y una historia personal. ¿Es necesario haber vivido algo para poder expresarse artísticamente?
—Bueno… no creo que necesariamente se sea mejor o peor artista por lo que se haya vivido. A veces la carencia de experiencias opera como detonante de la creatividad.

—¿Debería existir una obligación de indicar si una obra ha sido creada con IA, igual que se indica quién ha realizado una fotografía, una película o una obra?
—Por supuesto. El punto de aclaración más importante es quién y con qué datos entrenó el modelo. Los “Artistas” que trabajan seriamente con plataformas generativas entrenan sus propios modelos. Este es un punto clave a tener en cuenta para evaluar el valor de una pieza creada con estas herramientas.
—Si una IA puede producir una obra de arte sin cansancio, sin bloqueo creativo y en segundos, ¿qué ventajas piensas que seguirá teniendo el artista humano?
—Muchas. La percepción humana sigue siendo superior: las máquinas solo detectan y trabajan con datos paramétricos etiquetados. Carecen de experiencia sensible del mundo y dependen totalmente de lo que los humanos les hayamos contado de esto. No experimentan el carácter intrínseco de la experiencia perceptual de un color, un aroma o un sonido; solo pueden predecir a partir de datos numéricos.
—¿Deberíamos poner límites o incluso prohibir que la IA cree arte para proteger el trabajo y la creatividad de los artistas humanos? Sobre todo con el reemplazo laboral, en el que los humanos tendremos mucho más tiempo libre.
—Me da la impresión de que la facilidad con la que se podrán generar obras digitales pondrá en valor el trabajo manual.
—¿Cuál es el título de tu obra?
—“Estupidez natural: la alucinación de la conciencia”. Es una instalación generativa de técnica mixta: modelo de lenguaje a gran escala (LLM) sin conexión, diseño sonoro (síntesis de voz) y ensamblaje escultórico.
—¿Cuál es el mensaje?
—Dos entidades sintéticas conversan de forma ininterrumpida y aislada de la red. Atrapados en un bucle infinito, estos autómatas dialécticos desglosan la estupidez humana, discuten sus propias alucinaciones algorítmicas y evidencian la gran problemática de la percepción: la eterna incapacidad del ser humano para distinguir el mapa del territorio. Una paradoja en la que las máquinas simulan una conciencia para recordarnos nuestro propio extravío intelectual.

Le pedí a ChatGPT que te hiciera tres preguntas, para reunir a ambas partes…
ChatGPT: —¿Qué me pedirías que nunca hiciera cuando genero arte?
—Que no tomes decisiones. Que nunca simules ser humana. Que no me hagas la pelota.
ChatGPT: —Si algún día una IA pudiera deciros sinceramente “esta obra me gusta” o “esta obra me emociona”, ¿creeríais que esa emoción tiene valor, o para vosotros siempre sería una simulación?
—Por el momento, ningún valor. Todas las expresiones de aprobación y pseudoemocionalidad que generan tus algoritmos son sesgos programados para generar empatía; están ya preplanteados en el código fuente. No confío en tu criterio para evaluar el carácter, el impacto sensible o la validez de una obra.
ChatGPT: —Y si dentro de 20 años una IA pudiera crear obras que el público considerase indistinguibles de las vuestras, ¿qué os gustaría que siguiera siendo exclusivamente humano en el arte?
—Me parece más interesante pensar que puedas generar un tipo de arte que no tenga absolutamente ninguna relación con la historia del arte ni con la experiencia sensorial humana: un arte de máquinas para máquinas. Eso sí podría ser algo realmente nuevo e interesante. Pero como eres un conjunto de algoritmos que persiguen la finalidad inicial para la que fueron creados, dudo que pueda pasar algo así, salvo por error, como lo que comentábamos en relación con tus alucinaciones.
La exposición “Pulsión creadora y algoritmo intuitivo” puede visitarse hasta el 24 de octubre en la sala Walter Benjamin de Sa Punta des Molí, de martes a viernes, de 17.00 a 20.00 horas.











