«Nos quitan el trabajo. Son un problema para la Seguridad Social. Vienen a aprovecharse». Fina Darder Juan, coordinadora del Fondo Pitiuso de Cooperación, no necesita inventarse los prejuicios. Los escucha todos los días. «Son frases que se han repetido tanto que han calado en la sociedad. Y, lo peor, es que son falsas», se lamenta en La Voz de Ibiza.
¿Cómo desmontar estos discursos cuando han sido interiorizados como verdades absolutas? La respuesta, en este caso, la da la propia historia.
Cuando los ibicencos eran los migrantes
Desde el Fondo Pitiuso han impulsado el proyecto Historias de Migraciones, una iniciativa que, mediante testimonios en primera persona, tanto gráficos como audiovisuales, enfrenta dos realidades separadas por el tiempo, pero unidas por una misma necesidad: la de sobrevivir.
«Ponemos cara a cara a quienes llegaron a Ibiza buscando un futuro mejor con aquellos que tuvieron que marcharse de la isla en los años 60 porque aquí no había nada», explica Darder sobre la iniciativa que se presenta desde hace semanas por los distintos puntos de la isla, y que el martes 22 (hasta el 26 de marzo), también llegará a Formentera.
En la posguerra y hasta mediados del siglo XX, Ibiza y Formentera eran tierras de pobreza, remarca la coordinadora. Y la falta de oportunidades obligó a cientos de pitiusos a buscar trabajo en otros lugares. «Muchos se fueron a Francia, a Suiza, a Sudamérica. Eran emigrantes. Hoy, en cambio, nos cuesta reconocer que los que llegan aquí por la misma razón no son diferentes a nuestros abuelos o bisabuelos.»
El ejercicio, según atestiguan desde el Fondo Pitiuso, es poderoso. Al ver las similitudes, los prejuicios empiezan a resquebrajarse. «Migramos por las mismas razones, pero hemos olvidado nuestra propia historia. Y ese olvido nos ha hecho más intolerantes».
«No conocemos el impacto real. Nuestra idea es que la gente cambie su percepción sobre personas inmigrantes. No sabemos cuántos lo han hecho hasta ahora. Pero en los actos que hemos organizado alrededor de esta exposición nos cuesta que vengan muchas personas ibicencas», señala Darder.
«Ha venido gente que normalmente no viene a nuestros actos, como gente mayor. Y sus comentarios son: ‘Pero si es que todos hemos sido migrantes, aquí también nos moríamos de hambre. Es un primer paso para empatizar con multitud de personas que han llegado desde multitud de lugares'».
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Los falsos mitos que hacen daño
El proyecto busca desmontar una serie de ideas que, aunque erróneas, tienen un gran impacto en la percepción social de la inmigración.
«Nos dicen que nos quitan el trabajo, pero si no fuera por ellas, ¿quién cuidaría de nuestros mayores?», dice Darder, quien señala que muchas de las personas que trabajan como cuidadoras en la isla son inmigrantes, especialmente mujeres latinoamericanas.
En la misma línea, muchas de las personas que trabajan en el sector de servicios, pero también en tareas agrícolas, donde muchos locales son reacios, son precisamente inmigrantes. «A lo mejor están haciendo un trabajo que si no fuera por eso, porque están aquí, no lo desempeñaría nadie, porque nosotros parece que no lo queremos hacer», dice Darder.
También desmiente la idea de que la inmigración colapsa los servicios públicos. «Sí, los ves en la Seguridad Social. Pero lo que no te dicen es que también cotizan, pagan impuestos, sostienen el sistema».
Fina Darder Juan, coordinadora del Fondo Pitiuso de Cooperación
Ver más allá del velo
Para Darder, la convivencia no se construye con grandes discursos, sino con gestos cotidianos. «No hace falta nada extraordinario. Basta con interesarnos por la persona que tenemos al lado».
En su opinión, el rechazo nace muchas veces de la distancia, de no conocer al otro. «Si vemos a una persona con velo, pensamos: ‘es mora, es marroquí’. Pero, ¿y si en lugar de eso pensáramos: ‘es mi vecina’?».
El problema, dice, es que se ha instalado un filtro que clasifica a las personas antes de conocerlas. «A veces ni siquiera hemos hablado con ellas. Pero ya hemos decidido que son diferentes.»
Para romper esa barrera, la clave es el contacto. «Ser amables, entablar una conversación, generar un vínculo. Si lo hiciéramos, el mismo respeto que tienes por tu vecino blanquito lo tendrías por cualquier otra persona, sea del color que sea».
De la indiferencia a la empatía
Enfrentar estos mitos con datos es necesario, pero el verdadero cambio se da cuando la historia se convierte en espejo. Cuando los jóvenes ibicencos escuchan los relatos de sus propios antepasados y ven reflejada la misma lucha en quienes han llegado hoy a la isla, algo cambia.
«El rechazo viene del desconocimiento. Y la mejor manera de combatirlo es ponerles nombre y rostro a esas personas que, al final, no son tan distintas a nosotros.»
La historia se repite. La diferencia es si esta vez podremos aprender de ella.