Los pescadores recreativos de Ibiza han reabierto el pulso sobre las reservas marinas con un escrito en el que denuncian que en Ibiza y Formentera se aplican más restricciones que en otras islas, especialmente a la pesca submarina, y que sus reclamaciones de fondo han quedado desplazadas hacia el debate sobre el furtivismo. El documento, remitido por la asociación Pereyna, vuelve a cuestionar el modelo de reservas de interés pesquero en las Pitiusas y llega semanas después de la polémica por la ampliación de Els Freus.
El foco: el distinto trato a la pesca submarina
El eje principal del escrito es la comparación con Mallorca. Pereyna sostiene que mientras en las Pitiusas la pesca submarina sigue fuera de todas las reservas marinas, en Mallorca sí se permite de forma regulada en espacios como Bahía de Palma, Migjorn y Llevant. Ese punto sí encuentra respaldo en fuentes oficiales del Govern, que mantiene abierto el trámite para obtener autorizaciones de pesca submarina recreativa en esas reservas mallorquinas.
La propia normativa general de reservas marinas en Baleares remite al Decreto 41/2015 como norma marco, y la sede electrónica de la CAIB detalla que las autorizaciones vigentes para pesca submarina recreativa alcanzan a las reservas de la Bahía de Palma, Migjorn y Llevant de Mallorca.
Pereyna utiliza esa diferencia para sostener que el archipiélago no aplica el mismo criterio en todos los territorios y que en Ibiza y Formentera se ha consolidado un modelo más restrictivo para determinadas modalidades recreativas, con especial incidencia sobre la pesca submarina. Esa es una afirmación del colectivo; lo que sí puede verificarse es que en Mallorca existen autorizaciones oficiales para esa práctica en varias reservas y que en las Pitiusas esa apertura no existe en los mismos términos.
Las 4.000 firmas y el eco político
El escrito también recupera la movilización que Pereyna impulsó en 2025 contra nuevas restricciones en las reservas marinas. La asociación recuerda que reunió cerca de 4.000 firmas y que esas adhesiones pedían mejorar la gestión de la pesca recreativa, estudiar modelos alternativos de protección, permitir todas las modalidades —incluida la pesca submarina— allí donde sí puede faenar la flota profesional y promover más reservas integrales.
El colectivo entregó esas firmas al Consell de Ibiza en defensa de una regulación que compatibilizara la pesca recreativa con la profesional, reforzara la lucha contra el furtivismo y garantizara la sostenibilidad del mar en las Pitiusas.
Pereyna añade ahora que ese respaldo social tuvo reflejo en el Parlament balear, pero denuncia que sus reivindicaciones se desvirtuaron al reconducir el debate hacia el control del furtivismo. En una comisión parlamentaria, de hecho, quedó recogido que la movilización de los pescadores recreativos de Ibiza no se interpretaba como una petición de “más permisividad”, sino como una demanda de solución y ordenación.
La asociación ibicenca vincula además ese malestar con lo ocurrido después en Formentera, donde, según su escrito, se articuló una negociación con una asociación creada para representar a una parte concreta del sector recreativo y con el veto previo a la pesca submarina como línea roja. Pereyna sostiene que ese proceso sirvió para escenificar consenso en torno a la ampliación de Els Freus, pero no para integrar al conjunto de la pesca recreativa pitiusa.
Furtivismo y pesca recreativa
Uno de los reproches más insistentes del escrito es precisamente ese: que el problema del furtivismo se termina asociando casi siempre a la pesca recreativa, cuando la asociación sostiene que esa no era la cuestión central de sus reclamaciones. El texto no aporta una prueba externa de que esa vinculación se haga “sin motivo”, pero sí sostiene que el debate público ha tendido a girar hacia ese terreno en lugar de discutir el reparto de usos y restricciones dentro de las reservas.
Ese argumento conecta con la discusión abierta en torno a Els Freus, donde parte del sector recreativo de Ibiza ya denunció que la ampliación y la nueva regulación volvían a cargar especialmente sobre modalidades como la pesca submarina, mientras en Formentera el acuerdo era defendido como un mal menor frente a una ampliación inicialmente más ambiciosa.
La crítica de fondo al modelo
Más allá del caso concreto de Els Freus, el documento cuestiona el sentido de las reservas de interés pesquero tal y como se han desarrollado en las Pitiusas. Pereyna sostiene que esos espacios se han orientado sobre todo a favorecer la actividad profesional y que las restricciones aplicadas a la pesca recreativa se han ido modulando según el territorio y el interlocutor. También contrapone ese modelo a las reservas integrales, que considera la única figura de protección plenamente ambiental.
La normativa balear sí respalda que las reservas marinas tengan una clara dimensión de gestión pesquera. El marco general del Govern las presenta como herramienta de conservación, pero también de recuperación de poblaciones explotables y de mejora de la actividad pesquera.
Con ese telón de fondo, los pescadores recreativos de Ibiza vuelven a poner sobre la mesa la misma pregunta que sobrevuela desde hace meses el debate en las Pitiusas: por qué la protección marina se traduce una y otra vez en nuevas limitaciones para determinadas modalidades recreativas mientras otras actividades mantienen más margen dentro de las reservas. Esa es la tesis de Pereyna y el núcleo del escrito que ahora ha hecho llegar a los medios.








