TURISMO Y SOSTENIBILIDAD

Por qué el cambio climático está modificando el calendario turístico de Baleares

El aumento de temperaturas ya está desplazando la demanda turística y forzando una modificación de modelo en Baleares.

Playa de Cala Llonga

La desestacionalización del turismo en Baleares ya no responde solo a estrategias comerciales, sino que está siendo impulsada por los efectos del cambio climático, que modifican el comportamiento de la demanda y tensionan el modelo territorial y económico del archipiélago. Así se puso de manifiesto este viernes en Palma durante la jornada «De la Intensidad al Valor: la necesaria adaptación del modelo turístico», organizada por el Banco de España y la Cambra de Comerç de Mallorca. En dicha jornada expertos y entidades coincidieron en que invertir en sostenibilidad es clave para adaptar el turismo al nuevo contexto climático.

La subgobernadora del Banco de España, Soledad Núñez, situó el cambio climático como uno de los factores estructurales que explican el desplazamiento de la demanda turística hacia los meses de otoño e invierno, un fenómeno que ya se refleja en los datos y que tiene implicaciones económicas, sociales y financieras de gran alcance.

El clima deja de ser un factor secundario

Durante su intervención, Núñez subrayó que la relación entre clima y economía ha pasado a formar parte central del análisis macroeconómico, especialmente en territorios con una elevada dependencia turística como Baleares. Según explicó, fenómenos como la escasez de agua o el aumento de la temperatura del mar ya están influyendo en las decisiones de los turistas internacionales, que muestran un mayor dinamismo fuera de la temporada alta tradicional.

Este cambio, precisó, no es abrupto, sino acumulativo, y afecta a sectores con alta intensidad de capital y fuertes interdependencias, como el turismo, la energía o el mercado inmobiliario. La consecuencia es una reconfiguración de la estacionalidad, de la distribución territorial de la actividad y de la cadena de valor turística.

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Más presión sobre vivienda y servicios

La desestacionalización impulsada por el clima no está exenta de efectos colaterales. Núñez advirtió de que en una comunidad donde los precios de la vivienda crecen desde hace años por encima de la media nacional, el aumento de la actividad turística fuera del verano incrementa las tensiones en el mercado inmobiliario y en los servicios públicos destinados a los residentes.

Baleares, recordó, recibe cerca de 20 millones de turistas al año y concentra alrededor del 45 % de su PIB en el gasto turístico, lo que la convierte en un territorio especialmente vulnerable a cualquier alteración estructural del sector. Incluso cambios graduales pueden tener, según alertó, efectos amplificados sobre la economía regional y la estabilidad financiera.

El confort climático y la demanda hotelera

El impacto del aumento de las temperaturas fue uno de los ejes centrales del análisis del economista líder del Clúster de Economía del Cambio Climático de BBVA Research, Julián Cubero, quien explicó que el cambio climático es prácticamente irreversible y está reduciendo el confort climático en destinos tradicionalmente asociados al turismo estival.

En el caso de Baleares, señaló, la parte central del año es cada vez menos confortable para los visitantes, lo que está provocando un ajuste en la estacionalidad de la demanda. Aunque el confort climático no determina por sí solo el comportamiento turístico, mantiene una relación estadísticamente significativa con la demanda hotelera, especialmente en mercados internacionales, más sensibles a las variaciones del clima.

Escenarios de caída de la demanda

Cubero expuso distintos escenarios climáticos para la segunda mitad del siglo, entre ellos uno extremo —aunque poco probable— con un aumento de la temperatura media de hasta 4,8 grados. En ese supuesto, la demanda de pernoctaciones hoteleras podría caer un 7 % a nivel general, una cifra que en Baleares podría alcanzar hasta el 30 %, según las estimaciones presentadas.

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Ante este escenario, defendió la necesidad de activar palancas como la desestacionalización y la adaptación de la oferta hotelera, con instalaciones más resilientes frente al calor, la escasez de recursos y los cambios en los flujos turísticos.

Invertir en sostenibilidad como condición de futuro

La segunda parte de la jornada puso el foco en las respuestas necesarias ante este nuevo contexto. Entidades sociales y financieras coincidieron en que la adaptación del turismo balear al cambio climático pasa por una inversión decidida en sostenibilidad y por una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones.

Desde Palma XXI, Jaume Garau defendió que sin diálogo entre sociedad civil, empresas, administraciones y partidos no será posible afrontar con éxito los cambios en el modelo socioeconómico, y alertó de que la ausencia de estos espacios de consenso conduce a decisiones fragmentadas y poco eficaces frente al reto climático.

El papel de las entidades financieras

La vocal del consejo de administración de Caixa Colonya, Laura Patricia Garrido, situó a las entidades financieras como actores clave para orientar la transición del modelo turístico, señalando que los flujos de inversión deben dirigirse hacia proyectos compatibles con los límites ambientales y la sostenibilidad a largo plazo.

Garrido advirtió de que el éxito turístico ya no puede medirse solo en número de visitantes o impacto en el PIB, sino también en términos de presión sobre el territorio, gestión de residuos, biodiversidad y consumo de recursos naturales. En este sentido, subrayó que la financiación condiciona qué modelo turístico se consolida en el futuro.

Empresas y oportunidad fuera del verano

Desde la perspectiva empresarial, el vicepresidente segundo de la Cambra de Comerç de Mallorca, Josep Lluís Aguiló, destacó que la desestacionalización vinculada al cambio climático puede convertirse en una oportunidad, siempre que se aborde de forma estratégica y coordinada.

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Según explicó, un turismo más repartido a lo largo del año favorece un empleo más estable, más negocios abiertos todo el año y una menor presión concentrada sobre los recursos, aunque también exige adaptar infraestructuras, inversiones y políticas de movilidad sostenible.

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