El verano parece haber adelantado su llegada a la Península Ibérica de forma abrupta, sorprendiendo a gran parte del continente europeo con registros térmicos extremadamente elevados.
Con el regreso del ambiente sofocante, el lenguaje meteorológico vuelve a invadir los informativos: términos como «noches tropicales» o «anomalías térmicas» empiezan a ser parte de las conversaciones cotidianas.
Sin embargo, ante el sofoco generalizado de las últimas jornadas, la gran pregunta es: ¿A qué se debe este calor tan extremo en pleno mes de mayo? La respuesta científica apunta a un concepto técnico concreto: la cúpula de calor.
¿Por qué no se clasifica legalmente como una «ola de calor»?
A pesar de que la sensación térmica en la calle es idéntica a la de los meses más duros del verano, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) no catalogan este episodio como una «ola de calor».
Esta distinción responde a criterios estrictamente estadísticos y temporales. Para que un evento reciba formalmente ese nombre, debe registrarse obligatoriamente dentro del periodo comprendido entre el 1 de junio y el 30 de septiembre, prolongarse durante un mínimo de tres jornadas consecutivas y rebasar unos límites térmicos máximos muy específicos asignados a cada región geográfica.
Al haber ocurrido en mayo, el fenómeno se queda fuera de los márgenes del calendario oficial, aunque sus efectos prácticos sean igual de severos.
El «efecto olla a presión»: ¿Cómo funciona la cúpula de calor?
El verdadero motor de este anticipo veraniego es la denominada cúpula de calor. Este fenómeno se desencadena debido a una alteración profunda en la corriente en chorro del planeta, la cual adopta una silueta sinuosa conocida en la meteorología como «configuración en omega».
-
El mecanismo: Esta estructura atrapa a la Península Ibérica en medio de dos borrascas (una situada al oeste y otra al este), creando un pasillo por el que asciende una masa de aire muy cálido procedente de las zonas subtropicales.
-
El efecto tapa: Al quedar encajonada en este sector, la masa de aire no puede fluir ni disiparse. El anticiclón presiona ese aire cálido con fuerza hacia la superficie terrestre, provocando que se comprima, se concentre y se recaliente de manera continua. Funciona exactamente igual que colocarle una tapadera a una olla en ebullición, impidiendo que el calor escape y perpetuándolo durante varios días.
Termómetros disparados y noches sin tregua en Europa
Los efectos de esta cúpula ya se han traducido en cifras históricas a lo largo y ancho de Europa occidental, quebrando récords de máximas en estaciones meteorológicas con más de dos siglos de registros acumulados.
Más allá de los valores extremos medidos en España, los países vecinos muestran un panorama idéntico. En Portugal, la localidad de Mora alcanzó unos sofocantes 40.3°, mientras que en Francia los termómetros rozaron los 39° en zonas como Fitou. Incluso el Reino Unido ha registrado marcas inauditas para la época, con 35.1° en el observatorio londinense de Kew Gardens y 33.7° en Oxford, una cifra que no se veía en sus series históricas iniciadas en 1815.
Esta acumulación de calor diurno impide que las viviendas y las calles se enfríen al caer el sol, provocando el regreso anticipado de las noches tropicales, aquellas jornadas nocturnas en las que el termómetro se niega a bajar de los 20°, dificultando notablemente el descanso de la población.











