Ses Salines encara una nueva campaña con capacidad para producir grandes cantidades de sal, pero con dificultades para darles salida al mismo ritmo. Salinera Española prevé extraer hasta 70.000 toneladas este año en Ibiza, aunque los trabajos de recogida comenzarán la próxima semana, unos días más tarde de lo previsto, mientras la empresa espera la llegada de un carguero que permita liberar parte del espacio ocupado por producción de campañas anteriores.
El problema no está actualmente en la capacidad de producir sal, sino en almacenarla, transportarla fuera de Ibiza y comercializar esos volúmenes. La compañía ha vendido cerca de 20.000 toneladas durante las últimas semanas después de varios meses sin recibir barcos para cargar producto, pero calcula que, una vez completadas las operaciones pendientes, todavía permanecerán entre 15.000 y 20.000 toneladas almacenadas antes de incorporar la nueva cosecha.
Los datos han sido explicados por el apoderado de Salinera Española en Ibiza, Juan Francisco Ribas, en una entrevista concedida este miércoles a Radio Ibiza. El responsable de la explotación señaló además que la acumulación de producto ha llegado a alterar el ciclo habitual de algunos estanques, donde parte de la sal de la campaña anterior no pudo retirarse.
En algunos cristalizadores se han formado capas de hasta 23 centímetros, frente a los 12 o 14 centímetros habituales. Esa sal acumulada tendrá que extraerse ahora junto con la producción correspondiente a la nueva temporada, lo que eleva el potencial de recogida pero vuelve a poner presión sobre la capacidad de almacenamiento.
Producir sal no basta
La situación vuelve a evidenciar un cuello de botella que ya condicionó las campañas anteriores. En 2024, la previsión inicial rondaba las 72.000 toneladas, pero finalmente se recogieron unas 46.000, entre otros factores por la falta de espacio disponible y las dificultades logísticas. En septiembre de 2025, La Voz de Ibiza informó de que la explotación aspiraba a superar las 80.000 toneladas después de aquella campaña reducida.
Pero durante 2025 apareció otro obstáculo. Las fuertes lluvias de septiembre y octubre obligaron a detener la extracción durante casi seis semanas y la campaña terminó con cerca de 50.000 toneladas recogidas. Alrededor de 18.000 toneladas quedaron sin extraer de los estanques y pendientes para la temporada siguiente, como contó La Voz de Ibiza al cierre de la cosecha.
De este modo, la campaña de 2026 comienza con buenas perspectivas productivas, pero también con una importante cantidad de sal todavía pendiente de salida. A ello se suma la competencia de otras explotaciones españolas y de productores extranjeros, especialmente de países como Egipto y Túnez.
El carácter insular incorpora otra dificultad. Los barcos que cargan producto en La Canal pueden transportar alrededor de 6.000 toneladas por operación debido a las limitaciones de calado de la zona. Esto obliga a distribuir la salida de grandes cantidades de sal entre diferentes cargueros y reduce la velocidad a la que pueden vaciarse los almacenes.
Al mismo tiempo, la explotación necesita mantener un volumen elevado de producción. Salinera Española sitúa alrededor de las 50.000 toneladas anuales el umbral necesario para que una campaña resulte rentable. Cerca del 80% de la producción se comercializa actualmente en España y se destina principalmente a alimentación, industria conservera y tratamiento de aguas, mientras que parte de las exportaciones mantiene usos tradicionales como el deshielo de carreteras.
Un problema con más de un siglo de historia
Aunque el mercado y los sistemas de producción han cambiado, transportar la sal desde los estanques y conseguir sacarla de Ibiza ha sido históricamente uno de los grandes desafíos de ses Salines. En 1896 se habilitó una pequeña red ferroviaria con vagones para trasladar la producción hasta los almacenes y la zona de embarque de La Canal.
La dimensión de aquella industria fue considerable mucho antes del desarrollo turístico de Ibiza. En los momentos de mayor actividad las salinas llegaron a emplear a más de un millar de trabajadores. Antes de disponer de sistemas modernos de comunicación, una hoguera anunciaba el inicio de la recogida y el número de columnas de humo indicaba cuánta mano de obra era necesaria.
Buena parte de aquella producción se exportaba hacia países del norte de Europa. Países Bajos, Reino Unido y Dinamarca figuraban entre los destinos habituales de una mercancía que durante siglos constituyó uno de los principales productos comerciales de Ibiza.
Más de un siglo después, la lógica fundamental conserva algunos de aquellos condicionantes: producir la sal es solo una parte del negocio; también hay que almacenarla, embarcarla y encontrar comprador. La previsión de alcanzar las 70.000 toneladas convierte así la campaña de 2026 en una prueba tanto para la capacidad productiva de ses Salines como para una cadena comercial que comienza la temporada con miles de toneladas todavía esperando salida.











