ALICE MUNRO

Una de las hijas de la Premio Nobel Alice Munro la acusa de ignorar el abuso sexual que sufrió por parte de su padrastro

Andrea Robin Skinner, hija de la escritora canadiense Alice Munro, ha confesado que su padrastro Gerald Fremlin abusó sexualmente de ella cuando tenía 9 años

Andrea Robin, hija de Premio Nobel Alice Munro, la acusa de ignorar el abuso sexual que sufrió por parte de su padrastro
Alice Munro en 2006. (Foto: MacDowell en Wikimedia Commons)

(Europa Press). Andrea Robin Skinner, una de las hijas de la escritora canadiense Alice Munro, que fue ganadora del Premio Nobel en 2013 (y que falleció el pasado 13 de mayo), ha confesado que su padrastro Gerald Fremlin abusó sexualmente de ella cuando tenía 9 años y él 50, y que su madre lo sabía y permaneció con él hasta su fallecimiento.

Así lo ha develado en un artículo que ha realizado para el periódico canadiense Toronto Star, recogido por Europa Press, en el que señala que los abusos comenzaron en 1976 y en el que revela que denunció a su padrastro en 2005, cuando éste tenía 81 años, y fue sentenciado a dos años en libertad condicional y a no mantener contacto con niños menores de 14 años durante ese período.

«Mi madre, confrontada con la verdad de lo que había sucedido, eligió quedarse con mi abusador y protegerlo. La fama de mi madre hizo que el silencio continuara», ha asegurado la mujer.

Andrea Robin Skinner, hija de la escritora Alice Munro, la acusa de proteger al hombre que abusó sexualmente de ella cuando era una niña

Andrea Robin relata que Fremlin se metió en la cama donde ella dormía en la casa de su madre en Clinton (Ontario) y la agredió sexualmente. «A la mañana siguiente, no podía levantarme de la cama. Me desperté con mi primera migraña, que se convirtió a lo largo de los años en una afección crónica y debilitante que continúa hasta el día de hoy. Anhelaba volver a casa, para estar con mi padre, Jim Munro, mi madrastra, Carole, y mi hermanastro, Andrew«, recuerda.

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Poco tiempo después, la víctima narra que Fremlin le pidió jugar a un juego llamado «muéstrame» y cuando se negó, le hizo contarle sobre su «vida sexual». «Entrometiéndome en detalles de juegos inocentes que hacía con otros niños», indica. «Cuando estaba a solas con Fremlin, hacía chistes lascivos, se exponía durante los viajes en coche, me hablaba de las niñas del barrio que le gustaban y describía las necesidades sexuales de mi madre. En ese momento, no sabía que esto era abuso», añade.

Robin reconoce que ha sufrido bulimia, insomnio y migrañas por el abuso sexual y señala que cuando tenía 25 años no «imaginaba» un futuro para ella. En ese momento, escribió una carta a Alice Munro contándole lo que había pasado años atrás con Fremlin, después de que la escritora le expresara su simpatía por un personaje de un cuento que había sido abusado sexualmente por su padrastro.

La reacción de Alice Munro cuando su hija le habló de los abusos de su padrastro

Sin embargo, la reacción de la escritora fue «como si se hubiera enterado de una infidelidad». «Reaccionó exactamente como yo temía que lo hiciera», comenta Skinner que agrega que Munro se mostró «incrédula». «Pero eras una niña tan feliz», contestó la Premio Nobel a su hija. La escritora se alejó temporalmente de Fremlin, que culpó a Skinner de lo ocurrido, y amenazó con publicar fotografías «extremadamente elocuentes».

«Fremlin actuó rápidamente. Le dijo a mi madre que me mataría si alguna vez iba a la policía, y escribió cartas a mi familia, culpándome por el abuso. Describió a mi yo de nueve años como un destructor de hogares y dijo que el hecho de que mi familia no interviniera sugería que estaban de acuerdo con él», revela Skinner.

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Pese a lo sucedido, Robin relata que Alice Munro siguió viviendo con Fremlin hasta que este murió en 2013 porque «le quería mucho» y porque la «cultura de misoginia» era responsable de que Skinner creyese que la escritora tenía que «negar sus propias necesidades».

Cuando se convirtió en madre, Robin cortó todo contacto con Alice Munro. Dos años después, en 2004, en una entrevista con The New York Times, Munro expresó su amor por Gerald Fremlin y afirmó que mantenía una estrecha relación con todas sus hijas.

Por último, Andrea cierra el artículo señalando que nunca se reconcilió con su madre y que muchos otros la silenciaron. «Los niños son a menudo silenciados. En mi caso, la fama de mi madre significó que el secreto fue más allá de mi familia. Mucha gente influyente se enteró de parte de mi historia y aún así siguieron ayudando, y se sumaron a una narrativa que sabían era falsa», ha concluido.

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