Los productores de almendra en España afrontan los meses previos a la cosecha con la mirada puesta en dos frentes que escapan a su control: el clima y la geopolítica.
A pesar de que las estimaciones del Ministerio de Agricultura apuntan a un crecimiento en el volumen total de toneladas, las condiciones en las que se llegará a la recogida entre agosto y octubre son muy desiguales.
La brecha entre el secano y el regadío
La situación es especialmente delicada en las provincias de Almería y Granada. En estas zonas, el cultivo de secano (un modelo tradicional y más sostenible) ha recibido el impacto directo de las heladas tardías, lo que ha provocado la pérdida de una parte sustancial de la producción. Esta escasez ya se está reflejando en un aumento de los precios de origen para la almendra recolectada en estas áreas.
Por el contrario, las explotaciones de regadío mantienen unas expectativas mucho más optimistas. Paqui Iglesias, desde la UPA Almería, confirma que en estas parcelas se espera una cosecha de buena calidad, lo que divide al sector en dos realidades productivas opuestas según el acceso al agua y la ubicación geográfica.
El «impuesto» de la inestabilidad internacional
A los problemas climáticos se suma un factor externo que está mermando la rentabilidad de las explotaciones: el conflicto en Oriente Medio. La inestabilidad en el Estrecho de Ormuz no solo afecta al comercio global, sino que impacta directamente en las facturas de los agricultores españoles.
El encarecimiento de los fertilizantes y abonos, que han visto inflados sus precios en un 50%, junto al alza de los combustibles para el transporte y la maquinaria, supone un golpe económico de gran magnitud. Organizaciones como COAG cifran este sobrecoste operativo en unos 1.000 millones de euros anuales para el conjunto del campo español, una cifra que el sector considera inasumible sin apoyos adicionales.
Desafíos en el mercado global
España ostenta actualmente el 8% de la cuota de mercado mundial, solo superada por Australia y el dominio de Estados Unidos. Aunque el sector ha intentado expandirse hacia nuevos horizontes, como el gran mercado chino tras el acuerdo de exportación de 2023, la realidad es que el envío de contenedores hacia Asia es todavía testimonial debido a las complejas exigencias burocráticas.
A este complejo contexto se suma la amenaza de plagas como la avispilla del almendro o el gusano cabezudo. Con la previsión de un verano térmicamente intenso, los productores temen que la proliferación de estas enfermedades termine por arruinar el rendimiento de una campaña que, aunque se preveía de gran volumen, corre el riesgo de no ser rentable para el agricultor.












