Carlos Alcaraz ya ha derribado uno de los muros que le quedaban por caer. El tenista murciano está, por primera vez en su carrera, en las semifinales del Open de Australia después de firmar una actuación sobresaliente ante Alex de Miñaur, al que derrotó por 7-5, 6-2 y 6-1. En una Rod Laver Arena castigada por el calor y con un ambiente eléctrico a favor del jugador local, el español demostró madurez, capacidad de sufrimiento y una versión de tenis que confirma que atraviesa uno de los mejores momentos de su trayectoria.
Con esta victoria, Carlos Alcaraz rompe por fin el techo de los cuartos de final en Melbourne, una ronda que se le había resistido en sus anteriores participaciones, y se gana el derecho a disputar una semifinal de Grand Slam ante Alexander Zverev, con un puesto en la final del domingo en juego.
Un inicio vibrante con un claro dominador
El partido comenzó con el ritmo alto que se esperaba de dos de los jugadores más rápidos del circuito. La bola viajaba a gran velocidad y los intercambios desde el fondo de la pista exigían un esfuerzo físico notable, acentuado por el intenso calor de Melbourne. Desde los primeros compases, quedó claro que Carlos Alcaraz había salido decidido a mandar.
Al murciano le bastó su primer turno de saque para confirmar que estaba preparado para dominar todas las facetas del juego. Poco después, subió una marcha más al resto y encontró su primer break, que confirmaría con un servicio casi impecable. El español jugaba fino, rápido y con una precisión notable incluso en bolas comprometidas, marcando diferencias desde el inicio.
La reacción de De Miñaur y un primer set de locura
Cuando parecía que el primer parcial podía resolverse con relativa comodidad, Alex de Miñaur reaccionó. El australiano elevó su nivel, igualó la intensidad del español y encontró la manera de devolver el golpe. Primero sostuvo su saque con autoridad y después logró romper a Alcaraz gracias a una gran defensa, igualando el marcador y devolviendo la incertidumbre al set.
El encuentro entró entonces en una fase de máxima exigencia. Carlos Alcaraz tuvo que ponerse el mono de trabajo, especialmente tras verse con un 0-30 en su servicio. En ese momento, el español sacó carácter, levantó el juego y celebró con un grito al cielo un punto de inflexión clave para recuperar sensaciones.
A partir de ahí, el set se convirtió en una auténtica montaña rusa, con breaks y contrabreaks constantes. Alcaraz volvió a romper, De Miñaur respondió, y el desenlace no llegó hasta los juegos finales. Fue entonces cuando el murciano apretó una vez más y, en su cuarta bola de set, consiguió el break definitivo para cerrar el parcial por 7-5.
Ajustes necesarios y un cambio de dinámica
El primer set dejó claro que el nivel de ambos era altísimo, pero también evidenció una asignatura pendiente para Carlos Alcaraz: el saque. Sus porcentajes estaban algo por debajo de lo habitual, algo que había contribuido a las dudas y a la igualdad en el marcador. El español era consciente de que necesitaba mejorar en ese aspecto para evitar más complicaciones.
La segunda manga arrancó con un guion similar al inicio del partido: juego inicial para Alcaraz, rotura temprana y confirmación inmediata para colocarse 3-0. Sin embargo, había una diferencia sustancial respecto al primer set. De Miñaur ya no lograba igualar las prestaciones físicas ni mentales que había mostrado antes.
El australiano resistía como podía con su servicio, pero ya no conseguía inquietar al murciano al resto. La energía de Alcaraz se mantenía alta, mientras que la del jugador local comenzaba a decaer con el paso de los minutos. En el octavo juego, el español volvió a encontrar el momento oportuno para romper y cerrar el set por 6-2, asestando un golpe duro a las aspiraciones de su rival.
Un tercer set sin concesiones
El tercer parcial confirmó que Carlos Alcaraz había tomado definitivamente el control del partido. De nuevo, primer saque para el español, rotura temprana y confirmación para situarse 3-0. Esta vez, ese inicio fue definitivo.
La bola corría a una velocidad endiablada desde la raqueta del murciano, mientras que De Miñaur, visiblemente mermado física y mentalmente, ya no encontraba respuestas. Alcaraz no bajó el pistón en ningún momento, mantuvo la concentración y ejecutó con una autoridad que recordó a sus mejores actuaciones en los grandes escenarios.
Como un vendaval, el español cerró el set por 6-1, sellando una victoria contundente y de enorme significado deportivo.
Carlos Alcaraz y la barrera psicológica de Melbourne
Más allá del marcador, esta victoria tiene un peso simbólico importante. Carlos Alcaraz había convertido los cuartos de final del Open de Australia en su gran asignatura pendiente, una ronda que se le había resistido y que parecía marcar un límite en su relación con el primer Grand Slam del año.
Superar esa barrera no solo le permite avanzar en el torneo, sino que refuerza su confianza y confirma su capacidad para adaptarse a las condiciones extremas de Melbourne. Ante un rival complicado, rápido y respaldado por el público, el murciano supo sufrir cuando el partido lo exigió y crecer conforme avanzaban los sets.
Cita con Zverev en semifinales
El premio a esta actuación será un duelo de máxima exigencia ante Alexander Zverev en semifinales. El alemán representa un desafío mayúsculo en la antesala de la final, pero Alcaraz llega con sensaciones inmejorables y con la tranquilidad de haber superado uno de los obstáculos más incómodos de su carrera.
Una vez rota la ronda “maldita” de los cuartos de final, el murciano afronta el tramo decisivo del torneo con ambición y sin complejos. Su tenis fluye, su físico responde y su mentalidad parece alineada con el objetivo de pelear por el título en Melbourne.











