DESCUBRIR LA ISLA

El recorrido para conocer a la Ibiza olvidada: hotel fantasma, faro abandonado y vestigios de hace 2.600 años

Desde un complejo turístico que nunca llegó a inaugurarse hasta un asentamiento fenicio declarado Patrimonio Mundial, la isla conserva lugares que perdieron su función original. Algunos pueden visitarse; otros solo sobreviven en los museos
Faro de Sa Punta Grossa
Faro de Sa Punta Grossa

Ibiza conserva una historia que no aparece en las guías habituales de playas y discotecas. Entre sus acantilados, urbanizaciones y yacimientos arqueológicos existen construcciones que dejaron de utilizarse hace décadas, un faro apagado desde 1916 y restos de asentamientos que fueron abandonados hace más de 2.600 años.

No son exactamente pueblos fantasma. Núcleos históricos como el Poblat de Balàfia siguen habitados, mientras que otros espacios perdieron su función por motivos muy diferentes: proyectos urbanísticos paralizados, decisiones técnicas, expansión de la ciudad o cambios en las rutas comerciales de la Antigüedad.

Este recorrido reúne cuatro historias de abandono en Ibiza, ordenadas desde la más reciente hasta la más antigua, con una diferencia fundamental: algunos lugares pueden observarse desde el exterior, otros presentan riesgos importantes y otros han desaparecido casi por completo.

1. Hotel Sert: el complejo turístico que nunca abrió en Cala d’en Serra

Municipio: Sant Joan de Labritja. Época: segunda mitad del siglo XX.

Sobre uno de los acantilados de Cala d’en Serra permanece el esqueleto de hormigón de un complejo hotelero que nunca llegó a terminarse. El proyecto está vinculado al arquitecto catalán Josep Lluís Sert, figura del movimiento moderno y autor del Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937.

El Ayuntamiento de Sant Joan concedió la licencia en abril de 1975. Las obras quedaron interrumpidas y los sucesivos intentos de reactivar la construcción no prosperaron. Sert falleció en 1983 y la última prórroga de la licencia caducó el 3 de diciembre de 1990. Desde entonces, unos 5.300 metros cuadrados de estructuras inacabadas permanecen sobre la cala, formando uno de los ejemplos más conocidos de arquitectura abandonada de Ibiza.

Hotel Sert
Hotel Sert (Fuente: Marcelo Sastre / elDiario.es)

En 2018, la asociación Ses Dotz Naus organizó una residencia artística que incluyó intervenciones pictóricas sobre las fachadas. El edificio pasó a convertirse también en un soporte para el arte urbano, aunque sin perder su condición de construcción deteriorada.

Entre 2023 y 2024, las administraciones impulsaron actuaciones relacionadas con la caducidad de los permisos y la posible expropiación y demolición del complejo. En ese sentido, el Consell d’Eivissa adjudicó en junio de 2026 su demolición a Construcciones y Excavaciones Erri-Berri por 1.029.885,38 euros, IVA incluido, con el objetivo de retirar las estructuras abandonadas y recuperar ambientalmente el entorno.

El derribo está previsto para comenzar en noviembre de 2026, una vez finalizada la temporada turística. El contrato establece cinco meses para la demolición y restauración inicial, hasta marzo de 2027, y otros siete meses de mantenimiento. Aunque las actuaciones preparatorias pueden adelantarse, los pliegos impiden iniciar la demolición antes del 1 de noviembre.

Cómo llegar: desde la zona de Portinatx se puede acceder por la carretera que conduce a Cala d’en Serra. El último tramo hacia la playa se realiza por un camino de tierra con desnivel.

Qué hay que saber: la estructura presenta riesgos por deterioro, desprendimientos y elementos constructivos inestables. La opción prudente es observarla desde lugares seguros del camino o de la cala, sin entrar en el edificio ni subir a sus plantas.

2. Faro de Punta Grossa: una luz que se apagó en 1916

Municipio: Sant Joan de Labritja. Periodo de funcionamiento: 1870-1916.

El faro de sa Punta Grossa comenzó a funcionar el 15 de septiembre de 1870 en un promontorio de la costa noreste de Ibiza. Su proyecto fue obra del ingeniero Emili Pou, vinculado al desarrollo de la red de señalización marítima de Baleares.

La construcción se prolongó durante varios años y estuvo marcada por dificultades técnicas y sanitarias. El principal problema apareció en la propia ubicación del faro, ya que la presencia del islote de Tagomago dificultaba la visibilidad de la señal desde determinados sectores marítimos.

La instalación tenía una altura focal aproximada de 55 metros y un alcance de unas 15 millas náuticas. Su luz fija, con eclipses periódicos, terminó siendo sustituida por una señal situada en una posición más adecuada.

Faro de Sa Punta Grossa
Faro de Sa Punta Grossa

En 1902 se decidió trasladar la función principal a Tagomago, cuyo faro comenzó a operar en 1914. Punta Grossa quedó deshabitado ese año y se apagó definitivamente el 1 de agosto de 1916. Hoy permanece como una construcción en ruinas, sin cubierta y expuesta al deterioro, testimonio de una etapa anterior de la navegación por las Pitiusas.

Cómo llegar: existe un antiguo sendero desde el entorno situado al norte de Cala de Sant Vicent, pero su trazado presenta pasos expuestos y no debe considerarse una excursión convencional.

Qué hay que saber: algunos tramos discurren cerca de acantilados y pueden resultar peligrosos. No es recomendable realizar el recorrido sin información actualizada sobre su estado, experiencia suficiente y condiciones meteorológicas favorables. La proximidad al mar no elimina el riesgo de caída.

La visita a la zona puede combinarse con Cala de Sant Vicent y el entorno de la Cova des Culleram, santuario fenicio-púnico situado en el mismo sector de la isla, siempre que se comprueben sus condiciones de acceso.

3. Illa Plana y Puig d’en Valls: los santuarios que desaparecieron bajo la ciudad

Municipios: Ibiza y Santa Eulària des Riu. Época: periodo fenicio-púnico.

A diferencia del hotel abandonado o del antiguo faro, los santuarios de Illa Plana y Puig d’en Valls apenas conservan restos reconocibles en el paisaje actual. Su desaparición está relacionada con la transformación urbana de los terrenos donde se encontraban.

En Illa Plana, junto a la bahía de Talamanca, existió un santuario al aire libre investigado por la Societat Arqueològica Ebusitana en 1907 y posteriormente por otros arqueólogos durante el siglo XX. Las excavaciones documentaron cisternas, pozos, restos óseos y figurillas de terracota, entre ellas piezas de forma acampanada con paralelos iconográficos en otros enclaves del Mediterráneo antiguo.

Casa en Illa Plana.

La antigua isla quedó conectada a tierra firme mediante rellenos y transformaciones del litoral. La urbanización posterior alteró profundamente el yacimiento, hasta hacer desaparecer buena parte de sus estructuras originales.

Algo semejante ocurrió en Puig d’en Valls, donde las investigaciones arqueológicas iniciadas a comienzos del siglo XX documentaron terracotas y otros materiales relacionados con la ocupación antigua. El crecimiento residencial y las obras de infraestructura modificaron el entorno. Las intervenciones arqueológicas posteriores permitieron recuperar información sobre distintas fases de ocupación, pero no dejaron un conjunto monumental preparado para las visitas.

Molí de Puig d’en Valls
Molí de Puig d’en Valls

Qué se puede ver: estos lugares no deben plantearse como destinos para explorar ruinas. Su interés se encuentra principalmente en los hallazgos arqueológicos y la documentación conservada.

Para conocer este patrimonio, la alternativa es consultar el Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera (MAEF) y confirmar qué piezas están expuestas, ya que la disponibilidad de las colecciones depende de la sede y de las obras museísticas.

La Cova des Culleram, en Sant Vicent, ofrece una experiencia diferente: es un santuario fenicio-púnico conservado que puede visitarse en las fechas autorizadas.

4. Sa Caleta: el asentamiento fenicio abandonado hace 2.600 años

Municipio: Sant Josep de sa Talaia. Época: siglos VIII-VI antes de Cristo.

Sa Caleta es uno de los testimonios más importantes de los orígenes de Ibiza. En este promontorio del sur de la isla, los fenicios establecieron un asentamiento permanente hacia finales del siglo VIII a.C.

El poblado fue abandonado alrededor del 600 a.C, en un proceso relacionado con la concentración de la población en el entorno de la actual ciudad de Ibiza, cuya bahía ofrecía condiciones favorables para el desarrollo portuario.

A diferencia de los santuarios absorbidos por la urbanización, Sa Caleta conserva estructuras arqueológicas que permiten reconocer parte de su organización original. Los restos incluyen muros de viviendas, espacios de trabajo y elementos del trazado urbano.

El yacimiento fenicio de Sa Caleta en Sant Josep de Sa Talaia
El yacimiento fenicio de Sa Caleta en Sant Josep de Sa Talaia

El yacimiento forma parte del bien «Ibiza, biodiversidad y cultura», inscrito por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en 1999. Su valor patrimonial recibió un nuevo impulso en abril de 2025, cuando se inauguró el Centro de Interpretación de Sa Caleta, instalado en un antiguo espacio militar rehabilitado. El equipamiento incorpora recursos audiovisuales e interactivos para explicar la evolución del enclave.

Cómo llegar: el yacimiento se encuentra junto a Sa Caleta, en el municipio de Sant Josep, y es accesible por carretera desde Ibiza ciudad.

Qué hay que saber: el centro de interpretación ofrece una visita cultural organizada, aunque conviene confirmar previamente los horarios. Los restos arqueológicos deben observarse desde los recorridos habilitados, sin caminar sobre los muros ni acceder a sectores restringidos.

Cuatro lugares abandonados, cuatro historias diferentes

Estos enclaves permiten comprender cómo ha cambiado Ibiza durante más de dos milenios, desde la llegada de los fenicios hasta el desarrollo turístico contemporáneo.

El complejo de Cala d’en Serra representa un proyecto turístico que quedó sin terminar y cuyo derribo está previsto para comenzar a partir de noviembre de 2026. Punta Grossa recuerda una etapa de la navegación en la que la ubicación de un faro podía determinar su utilidad. Illa Plana y Puig d’en Valls muestran cómo el crecimiento urbano puede borrar casi por completo la presencia visible de antiguos espacios religiosos. Sa Caleta, por su parte, demuestra que un lugar abandonado hace 2.600 años puede convertirse en un recurso para conocer los orígenes de la isla.

La diferencia práctica es fundamental: Sa Caleta dispone de un espacio de interpretación para visitantes; los antiguos santuarios requieren acudir al museo, y tanto Cala d’en Serra como Punta Grossa presentan riesgos que desaconsejan explorar sus ruinas.

Ibiza no necesita pueblos fantasma para contar su historia. Sus construcciones inacabadas, faros apagados y asentamientos desaparecidos ofrecen un recorrido por lugares que dejaron de cumplir su función, pero que siguen explicando distintas etapas de la isla.

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