El proceso de tropicalización que está experimentando el mar Mediterráneo ha alcanzado un nuevo hito científico con importantes implicaciones para la seguridad alimentaria en la península ibérica. Por primera vez se ha confirmado la presencia del género de microalgas Gambierdiscus, productor de toxinas asociadas a la ciguatera, en aguas peninsulares, concretamente en el litoral de Dénia y Xàbia. Hasta ahora, estas microalgas se detectaban principalmente en las Islas Canarias, donde las condiciones térmicas eran más favorables.
Este hallazgo, resultado de una investigación conjunta del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio Ramón Margalef (IMEM) de la Universidad de Alicante y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, abre nuevas preguntas sobre cómo el aumento de la temperatura de los océanos puede influir en la distribución de especies tóxicas.
Qué son las microalgas Gambierdiscus y por qué importan
La especie identificada en las costas de Alicante, Gambierdiscus australes, pertenece al grupo de los dinoflagelados y es capaz de producir ciguatoxinas. Estas sustancias se integran en la cadena trófica y pueden acumularse en los tejidos de peces de gran tamaño que habitan en zonas donde estas microalgas proliferan.
El consumo de pescado afectado por concentraciones elevadas de ciguatoxinas puede desencadenar una enfermedad llamada ciguatera, una intoxicación alimentaria que provoca síntomas desagradables y que hasta ahora no se había asociado con las costas del Mediterráneo peninsular.

El estudio, publicado por la revista de la UNESCO Harmful Algae News, señala que en las muestras recogidas en septiembre de 2023 la microalga se detectó en el 100 % de los puntos analizados, lo que confirma su presencia y expansión fuera del ámbito canario.
Mensaje de calma de la comunidad científica
Pese a la importancia del hallazgo, los investigadores han querido lanzar un mensaje de tranquilidad a consumidores y profesionales del sector pesquero. El investigador principal, César Bordehore, ha subrayado que las concentraciones detectadas actualmente “no son alarmantes” y que la variante australes “no figura entre las más tóxicas de su género”.
Además, Bordehore ha recalcado que el pescado que llega a los puntos de venta es completamente seguro, puesto que existen protocolos de prevención y análisis previos que evitan que ejemplares con niveles altos de toxina entren en el mercado.
La labor científica, en este sentido, no solo identifica nuevos riesgos, sino que también sirve para alertar a las administraciones y reforzar los controles de seguridad alimentaria para garantizar que los consumidores estén protegidos frente a posibles intoxicaciones.
Causas de la llegada de Gambierdiscus al Mediterráneo
La presencia de estas microalgas en aguas peninsulares está vinculada directamente al aumento de la temperatura del mar Mediterráneo. Para especies originarias de aguas tropicales como Gambierdiscus, incluso un incremento de apenas un grado en la temperatura media puede representar una barrera térmica superada, facilitando su colonización en áreas que anteriormente eran demasiado frías para su supervivencia.
Gracias a la comparación con muestras biológicas conservadas desde hace quince años, los investigadores han podido certificar que este género no habitaba la zona de Dénia y Xàbia hace una década, lo que sugiere una expansión reciente atribuible al cambio climático y al calentamiento de las aguas marinas.
Este trabajo, financiado por el programa Thinkinazul, resalta la necesidad de una monitorización constante para anticiparse a los riesgos ambientales derivados del cambio climático en nuestras costas, un fenómeno que no solo altera los ecosistemas marinos, sino que también puede tener repercusiones en la cadena alimentaria y la salud pública.
Cómo se integran las toxinas en la cadena alimentaria
Las microalgas del género Gambierdiscus producen toxinas que se adhieren a pequeños organismos marinos, que a su vez son ingeridos por peces de mayor tamaño. Con cada paso en la cadena trófica, las toxinas pueden acumularse en los tejidos de los peces predadores que, en última instancia, llegan a la mesa de los consumidores si no se aplica una vigilancia adecuada.
Este fenómeno ya se conoce bien en zonas tropicales del planeta, donde la ciguatera es un riesgo reconocido en la pesca y el consumo de especies de gran tamaño, especialmente aquellas que habitan en arrecifes y zonas costeras cálidas.
Ahora, con la confirmación de la presencia de estas microalgas en el Mediterráneo peninsular, los científicos y las autoridades sanitarias deben reforzar las estrategias de vigilancia y análisis para detectar rápidamente posibles focos de proliferación y minimizar los riesgos para la salud humana.
Respuesta institucional y vigilancia reforzada
La detección de Gambierdiscus australes en las costas de Alicante llega en un momento en que las administraciones públicas y los centros de investigación están cada vez más concienciados sobre los efectos del calentamiento global en los ecosistemas marinos.
La colaboración entre centros como el IMEM y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria es un claro ejemplo de cómo se está abordando este tipo de retos: mediante el análisis sistemático de muestras marinas y la comparación con datos históricos que permiten establecer tendencias y cambios ambientales significativos.
Este enfoque permite, además, que las alertas se trasladen con rapidez a los organismos reguladores y sanitarios, que pueden actuar para reforzar controles y lanzar campañas informativas dirigidas tanto a pescadores como a consumidores finales.
Un futuro marcado por la tropicalización
La llegada de microalgas tropicales al Mediterráneo peninsular es solo uno de los muchos efectos que se esperan con la continuidad del calentamiento de los océanos. La tropicalización de especies marinas (ya documentada en otros grupos de organismos) representa un desafío para la gestión ambiental y la seguridad alimentaria en regiones tradicionalmente templadas.
Las implicaciones de este fenómeno no se limitan a la presencia de especies nuevas, sino que también pueden afectar la productividad de pesquerías, los equilibrios ecológicos y la aparición de riesgos sanitarios que antes no se consideraban relevantes en estas latitudes.
El caso de Gambierdiscus australes pone sobre la mesa la necesidad de entender el cambio climático no solo como un concepto general, sino como un transformador activo de la vida marina y de las actividades humanas que dependen de ella.








