ENERGÍA

El dato que alarma al sector energético: las baterías del mundo apenas cubrirían segundos de consumo

El auge de las renovables choca con un problema estructural: el almacenamiento global sigue muy por detrás de la demanda eléctrica real

Perfil de la mayor batería del mundo, en Australia
Perfil de la mayor batería del mundo, en Australia

La electricidad se ha consolidado como el recurso energético más versátil del mundo moderno. Puede generarse a partir de múltiples fuentes, transportarse con relativa facilidad y adaptarse a prácticamente cualquier uso final. Sin embargo, su principal debilidad sigue siendo la misma desde hace décadas: su almacenamiento.

En un contexto marcado por el crecimiento de las energías renovables, esta limitación adquiere una relevancia crítica. Según datos basados en la Agencia Internacional de la Energía y recogidos en un informe sobre intermitencia y seguridad del suministro de la Universidad de las Hespérides, todas las baterías instaladas en el planeta apenas podrían sostener el consumo eléctrico mundial durante 1,5 segundos.

Este dato, aunque impactante, refleja un desequilibrio estructural en el sistema energético global.

Un sistema energético con un desfase crítico

El desarrollo del almacenamiento energético no ha avanzado al mismo ritmo que la generación. En 2023, la capacidad mundial de almacenamiento en baterías alcanzó los 86 gigavatios (GW), lo que equivale a cubrir apenas 1,51 segundos de demanda eléctrica global.

Se trata de un progreso significativo si se compara con los datos de 2013, cuando apenas se alcanzaban 0,02 segundos, pero sigue siendo claramente insuficiente frente al crecimiento de la generación, especialmente en fuentes renovables.

Este desfase plantea un problema fundamental: la electricidad debe consumirse prácticamente en el mismo momento en que se produce. Si no existe un equilibrio preciso entre oferta y demanda, el sistema puede sufrir desajustes que, en situaciones extremas, derivan en apagones.

Un ejemplo reciente fue el vivido en España el 28 de abril de 2025, cuando se produjo un «cero eléctrico», evidenciando la fragilidad del sistema ante desequilibrios.

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El papel clave de las energías renovables y su intermitencia

El crecimiento de tecnologías como la energía solar y la energía eólica ha transformado el panorama energético en muchos países. Sin embargo, su principal característica —la intermitencia— introduce nuevas tensiones.

La producción de estas fuentes depende de factores meteorológicos, lo que implica que no siempre coincide con los momentos de mayor demanda. Aquí es donde el almacenamiento cobra una importancia estratégica.

Las baterías permiten acumular el excedente de energía generado en momentos de baja demanda, como las horas de máxima radiación solar, y liberarlo cuando el consumo aumenta. De este modo, contribuyen a suavizar las fluctuaciones y mejorar la eficiencia del sistema.

Un crecimiento acelerado pero insuficiente

En los últimos años, el almacenamiento en baterías ha experimentado un crecimiento notable. En 2023, fue la tecnología con mayor expansión dentro del sector energético, con un aumento del 120% en su capacidad a escala industrial.

Las inversiones globales alcanzaron los 36.300 millones de dólares (unos 33.500 millones de euros), impulsadas principalmente por China, Estados Unidos y Europa.

Especialmente relevante es el caso del gigante asiático, que lidera el despliegue con un incremento del 250% en su capacidad instalada en un solo año.

A pesar de este dinamismo, las baterías siguen representando una parte limitada del almacenamiento total de energía a nivel global.

El dominio del almacenamiento hidráulico

El sistema de almacenamiento más extendido continúa siendo el bombeo hidráulico, una tecnología madura que consiste en elevar agua a un embalse superior para liberarla posteriormente y generar electricidad.

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En 2023, esta tecnología concentraba el 76% de la capacidad global, con un total de 179 GW instalados. Su rentabilidad y capacidad a gran escala la mantienen como la opción dominante frente a las baterías.

El papel del litio y sus limitaciones

Dentro del mercado de baterías, las tecnologías basadas en iones de litio dominan claramente. Su crecimiento ha estado impulsado por la caída de costes, que en 2023 alcanzaron un mínimo histórico de 120 euros por kilovatio hora.

Sin embargo, gran parte de la producción de estas baterías está destinada al sector del vehículo eléctrico, lo que limita su disponibilidad para aplicaciones de almacenamiento estacionario. Este factor añade una nueva capa de complejidad al desarrollo de soluciones a gran escala.

Europa y España aceleran su estrategia

Ante este escenario, Europa ha comenzado a reforzar su apuesta por el almacenamiento energético. La industria reclama multiplicar por diez la capacidad antes de 2030 para acompañar el crecimiento de las renovables.

En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece un objetivo de 22,5 GW de capacidad total de almacenamiento para la próxima década.

De esa cifra, aproximadamente 13 GW corresponderán a nuevas baterías y sistemas de bombeo. Sin embargo, a febrero de 2026, la potencia instalada en baterías es todavía de 124,5 megavatios (MW), lo que evidencia que el despliegue se encuentra en una fase inicial.

Un mercado en plena expansión

El potencial económico del almacenamiento energético es significativo. En 2025, el sector superó los 19.740 millones de dólares, con previsiones que apuntan a más de 70.650 millones de dólares en 2035. Este crecimiento estará impulsado por la expansión de las renovables y el desarrollo de nuevas tecnologías.

A nivel regulatorio, al menos 43 jurisdicciones ya cuentan con medidas específicas para fomentar el almacenamiento, incluyendo incentivos fiscales, objetivos de capacidad y marcos normativos adaptados.

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Nuevas tecnologías y soluciones emergentes

Más allá de las baterías tradicionales, comienzan a ganar protagonismo otras soluciones como las baterías de flujo, especialmente adecuadas para almacenamiento a gran escala por su mayor durabilidad. También destacan los sistemas híbridos, que combinan distintas tecnologías para optimizar costes y rendimiento.

Estas alternativas buscan resolver uno de los grandes retos del sistema energético: garantizar un suministro estable en un contexto de creciente dependencia de fuentes intermitentes.

Un desafío estructural aún sin resolver

El dato de los 1,5 segundos no solo es llamativo, sino que resume con precisión el gran cuello de botella energético al que se enfrenta el mundo.

A pesar del crecimiento de las inversiones, la innovación tecnológica y el impulso regulatorio, el almacenamiento sigue siendo el eslabón débil de la transición energética.

El equilibrio entre generación, almacenamiento y consumo será clave en los próximos años para evitar tensiones en el sistema y garantizar la estabilidad del suministro eléctrico en un escenario cada vez más complejo.

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