¿REVOLUCIÓN CIENTÍFICA?

Japón descubre junto a Plutón un objeto imposible que desconcierta a los astrónomos

El hallazgo de una atmósfera alrededor de un pequeño cuerpo transneptuniano obliga a replantear teorías sobre el sistema solar exterior

Representación artística del momento en que el objeto (612533) 2002 XV93 oculta una estrella situada al fondo del espacio
Representación artística del momento en que el objeto (612533) 2002 XV93 oculta una estrella situada al fondo del espacio

El sistema solar vuelve a desafiar a la ciencia. Un grupo de astrónomos japoneses ha detectado cerca de Plutón un extraño objeto espacial con una característica que, según las teorías actuales, no debería existir: una atmósfera propia.

El descubrimiento ha generado una enorme sorpresa en la comunidad científica internacional porque el cuerpo celeste, identificado como 2002 XV93, posee un tamaño demasiado pequeño como para conservar gases alrededor de su superficie durante largos periodos de tiempo. Sin embargo, las observaciones realizadas desde el país nipón apuntan precisamente a lo contrario.

El hallazgo, publicado en la revista Nature Astronomy, obliga ahora a revisar algunas de las ideas más aceptadas sobre los objetos transneptunianos y sobre la actividad geológica en las regiones más remotas del sistema solar.

Un objeto diminuto que rompe las reglas cerca de Plutón

El protagonista de esta investigación es el objeto denominado 2002 XV93, un cuerpo situado más allá de la órbita de Neptuno, dentro del conocido cinturón transneptuniano. Se trata de una roca helada de aproximadamente 500 kilómetros de diámetro. La comparación con Plutón ayuda a entender su reducido tamaño: el planeta enano alcanza los 2.377 kilómetros de diámetro, casi cinco veces más.

Hasta ahora, la física sostenía que cuerpos tan pequeños no poseen suficiente gravedad para retener una atmósfera estable. La lógica científica indicaba que cualquier partícula gaseosa acabaría escapando rápidamente al espacio.

Además, las condiciones extremas del sistema solar exterior parecían reforzar esa idea. Los científicos recuerdan que en esta región predominan temperaturas extremadamente bajas, muy poca radiación solar y escasa gravedad superficial. En teoría, estas características impiden que se mantengan atmósferas permanentes alrededor de objetos pequeños. Por eso, el descubrimiento realizado por el equipo japonés ha generado tantas preguntas entre los astrónomos.

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El experimento natural que cambió todo

La detección de esta posible atmósfera fue posible gracias a un fenómeno astronómico muy concreto ocurrido el 10 de enero de 2024. Ese día, el objeto 2002 XV93 pasó exactamente por delante de una estrella lejana vista desde Japón. Este tipo de alineaciones permite analizar cómo se comporta la luz al atravesar el entorno del objeto observado. Los astrónomos del Observatorio Astronómico NAOJ Ishigakijima, liderados por Ko Arimatsu, aprovecharon ese momento para realizar mediciones extremadamente precisas desde varios puntos del país, incluyendo Kioto, Nagano y Fukushima.

La clave estuvo en observar cómo desaparecía la luz de la estrella. Si el objeto no tuviera atmósfera, el brillo habría desaparecido de forma brusca al quedar oculto tras la superficie sólida. Pero ocurrió algo distinto: los sensores registraron un desvanecimiento gradual de la luz durante casi dos segundos. Ese comportamiento encaja con la existencia de una fina capa gaseosa que desvía la luz estelar antes de bloquearla por completo.

Una atmósfera que no debería existir

Los cálculos realizados tras las observaciones indican que la atmósfera de 2002 XV93 sería extremadamente tenue. La presión superficial se sitúa entre cien y doscientos nanobares, una cifra millones de veces inferior a la de la Tierra. Aun así, sigue siendo suficiente para alterar el comportamiento de la luz y demostrar la presencia de gases alrededor del objeto.

El problema para los científicos es explicar cómo puede mantenerse esa atmósfera. Según los modelos actuales, la vida útil de esta capa gaseosa sería inferior a mil años salvo que exista algún mecanismo capaz de regenerarla continuamente. Ese detalle es precisamente el que más desconcierta a los investigadores.

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La hipótesis de los volcanes de hielo

Una de las teorías principales apunta a la existencia de criovolcanes, una especie de volcanes helados capaces de expulsar materiales desde el interior del objeto hacia la superficie. Estos procesos geológicos liberarían gases y compuestos volátiles que alimentarían continuamente la atmósfera detectada alrededor de 2002 XV93.

La idea resulta especialmente llamativa porque sugiere que incluso cuerpos muy pequeños y alejados del Sol podrían seguir teniendo actividad interna. El astrónomo Scott S. Sheppard destacó la importancia del hallazgo al afirmar: “Esto demuestra que el cinturón de Kuiper no es un lugar frío y muerto, sino que está lleno de actividad”.

Otra teoría: el choque de un cometa

Los investigadores también manejan una segunda explicación posible. Según esta hipótesis, la atmósfera podría haberse formado tras el impacto reciente de un pequeño cometa sobre la superficie del objeto. La colisión habría liberado gases atrapados en el hielo, creando así una nube temporal alrededor de 2002 XV93.

Esta posibilidad encajaría con el hecho de que la atmósfera tenga una duración limitada y no requiera necesariamente actividad geológica permanente. Sin embargo, todavía no existen datos suficientes para confirmar cuál de las dos teorías es correcta.

El misterio que ni el James Webb ha podido resolver

Otro elemento que incrementa el misterio es que las observaciones realizadas por el telescopio espacial James Webb no detectaron gases congelados sobre la superficie de 2002 XV93. Ese detalle complica aún más la explicación tradicional basada en sublimación de materiales helados.

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Por eso, los científicos consideran fundamental continuar estudiando este objeto durante los próximos meses. El objetivo inmediato será utilizar nuevamente el James Webb para buscar señales de monóxido de carbono y otros compuestos que permitan determinar si la atmósfera tiene origen geológico o si fue provocada por un impacto reciente.

Por qué este descubrimiento cambia la visión sobre Plutón y el sistema solar exterior

Hasta ahora, la capacidad de mantener atmósferas se atribuía únicamente a cuerpos mucho mayores, como Plutón, Eris o Makemake. La existencia de una capa gaseosa alrededor de un objeto tan pequeño amplía enormemente el número de mundos potencialmente activos en el sistema solar exterior. Esto podría significar que muchos otros cuerpos transneptunianos escondan procesos geológicos todavía desconocidos.

Además, el hallazgo modifica la percepción sobre el cinturón de Kuiper, una región que durante décadas fue considerada un lugar prácticamente inerte y congelado. Ahora, los astrónomos empiezan a contemplar la posibilidad de que estos mundos helados sean mucho más dinámicos de lo que se pensaba.

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