La intervención pública de Noelia Castillo horas antes de recibir la eutanasia no solo generó un intenso debate social, sino también una fuerte reacción en redes sociales. Junto a los mensajes de apoyo o rechazo a su decisión, comenzaron a circular interpretaciones erróneas y directamente falsedades que han distorsionado su historia personal y su situación clínica.
Entre los comentarios más repetidos se podían leer frases como “No lo hagas”, “Dios te ama” o “reza por Noelia”, reflejando el impacto emocional del caso. Sin embargo, junto a estas expresiones surgieron otros discursos impulsados por determinados grupos que han difundido versiones incorrectas de los hechos, muchas veces basadas en recortes parciales de su entrevista televisiva.
Estos mensajes han contribuido a amplificar una narrativa paralela que no se corresponde con la información del expediente sanitario y administrativo, ni con las declaraciones completas de la propia joven.
El bulo sobre una agresión en centros de menores
Uno de los rumores más extendidos sostiene que Noelia fue víctima de una violación grupal por parte de menores extranjeros durante su estancia en centros de protección. Esta versión, difundida con distintas variantes, intenta vincular ese supuesto episodio con su intento de suicidio y su decisión de solicitar la eutanasia.
Sin embargo, no existen evidencias que respalden esa afirmación. En su propio testimonio, Noelia describe tres episodios distintos de agresión sexual, pero ninguno ocurrió en el contexto de centros de menores ni involucra a los perfiles difundidos en redes.
La joven relató que el primer caso fue con una expareja que abusó de ella tras haber tomado medicación para dormir. El segundo ocurrió en una discoteca, donde “dos chicos intentaron abusar sexualmente” de ella. El tercero, también en una discoteca, fue una agresión por parte de “tres chicos a la vez”, que tuvo lugar “tres o cuatro días antes” de su intento de suicidio.
Ese intento, ocurrido el 4 de octubre de 2022 cuando tenía 21 años, fue el que derivó en una “paraplejia completa”, según consta en la documentación clínica.
Además, fuentes de la Dirección General de Prevención y Protección de la Infancia y la Adolescencia han confirmado que “no existe ningún incidente de agresión sexual registrado” durante el tiempo que Noelia permaneció en centros residenciales entre 2015 y 2019.
La falsa idea de una eutanasia “por depresión”
Otra de las afirmaciones más repetidas en redes sociales es que el caso de Noelia representa la primera eutanasia en España por depresión. Este planteamiento simplifica y distorsiona la realidad clínica y legal del proceso.
Según los informes médicos, la joven presenta “síntomas depresivos de forma crónica” y un “trastorno de adaptación con ansiedad y depresión”. Sin embargo, los especialistas descartan que padezca un trastorno depresivo mayor que afecte su capacidad de decisión.
De hecho, los profesionales concluyen que “puede entender la gravedad de la medida que solicita” y que sus patologías “no condicionan su capacidad de tomar decisiones”.
La eutanasia fue concedida por un motivo distinto: las secuelas físicas de su paraplejia. La Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña autorizó la prestación al considerar que presentaba “una situación clínica no recuperable” con “dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante”.
Estos criterios encajan con la legislación vigente y han sido ratificados por las resoluciones judiciales que avalaron el procedimiento.
El debate sobre la capacidad de decisión
La capacidad de Noelia para decidir ha sido uno de los puntos centrales del debate, especialmente en el ámbito judicial. Su padre alegó que no estaba en condiciones de decidir, argumento que fue analizado en profundidad por los tribunales.
Sin embargo, tanto los informes clínicos como las sentencias concluyeron que la joven mantenía intactas sus facultades. En una de las resoluciones se afirma que “la capacidad [de Noelia] para tomar la decisión ha quedado acreditada”.

Este aspecto ha sido clave para que el proceso siguiera adelante, ya que la normativa exige plena capacidad de comprensión y voluntad.
Minimizar el dolor: otra narrativa extendida
Otro de los discursos difundidos es la idea de que su estado físico no era tan grave. Algunos mensajes se apoyan en imágenes en las que se la ve realizando actividades cotidianas.
La propia Noelia explicó: “no estoy en la cama postrada, me ducho y me maquillo solita”, lo que algunos interpretaron como autonomía suficiente.
No obstante, esa percepción omite aspectos clave. La joven también señaló: “Dormir se me hace muy difícil, aparte de que tengo dolor de espalda y también de piernas”, evidenciando el sufrimiento constante.
El expediente médico detalla una “paraplejia completa” con lesión medular L3, dolor neuropático, alteraciones sensitivas, incontinencia fecal y necesidad de sondas periódicas, además de una dependencia funcional significativa.
Una especialista en rehabilitación calificó estas secuelas como “permanentes e irreversibles”, reforzando el carácter crónico de su situación.
Un caso que reabre el debate público
El caso de Noelia Castillo ha trascendido lo individual para convertirse en un debate social sobre los límites de la eutanasia, el papel de la familia y la interpretación de la ley.
La difusión de información incorrecta ha añadido complejidad a un debate ya delicado, evidenciando cómo las redes sociales pueden amplificar versiones distorsionadas de hechos clínicos y judiciales.
Frente a ello, los datos del expediente sanitario, las resoluciones judiciales y las palabras de la joven permiten reconstruir una visión más completa de su situación.
En medio de la polémica, su historia pone de relieve la importancia de distinguir entre opiniones, interpretaciones y hechos verificados, especialmente en casos de alto impacto emocional y social.








