El nombre de María Soledad Iparraguirre, conocida como “Anboto”, vuelve a situarse en el foco público tras ser liberada gracias a un régimen de semilibertad en medio de su condena por su papel histórico dentro de ETA y su recorrido dentro de la organización. Su figura está ligada a algunas de las etapas más oscuras de la banda terrorista, en las que combinó labores operativas, dirección estratégica y control de estructuras clave.
Lejos de limitarse a una participación puntual, su trayectoria muestra una evolución constante dentro de ETA, pasando de colaboradora a una de las dirigentes más influyentes. Su actividad, en muchos casos desarrollada desde la clandestinidad y el anonimato, la convirtió en una pieza fundamental en el funcionamiento interno de la organización.
De colaboradora a integrante activa de ETA
María Soledad Iparraguirre, también conocida como “Marisol” durante su etapa en el “comando Madrid”, comenzó su vinculación con ETA en un entorno familiar ya ligado a la organización. Formaba parte de su infraestructura desde principios de los años 80, cuando actuaba como laguntzaile (colaboradora) del “comando Araba”.
En esa etapa inicial mantenía una relación con José Manuel Aristimuño, alias “Pana”, uno de los miembros liberados de la banda. Su trayectoria dio un giro tras un enfrentamiento con la Policía en el Parque de la Florida de Vitoria, en el que Aristimuño murió.
Tras aquel episodio, “Anboto” fue detenida, mientras su padre ya había huido. En el caserío familiar, los agentes encontraron armas y dinamita sustraída por ETA de un polvorín de Soto de la Marina. Durante su estancia en dependencias policiales, conoció la muerte de su pareja, lo que, según se comentó, provocó una reacción airada.
Posteriormente fue trasladada a Madrid, donde fue puesta en libertad. Sin embargo, cuando se emitió una nueva orden de detención, ya había escapado a Francia, iniciando así una nueva etapa dentro de la estructura de ETA.
Ascenso dentro de la organización
Una vez en territorio francés, siguió el mismo camino que otros miembros huidos que acababan integrándose como “liberados” de la banda. Su progresión fue rápida. Impulsada, según se señala, por el deseo de vengar la muerte de “Pana”, se integró en el “comando Araba” junto a José Javier Arizcuren Ruiz, alias “Kantauri”.
Más adelante pasó a formar parte del “comando Madrid”, consolidando su papel dentro de la organización. En esta etapa llegó a estar acusada de 14 asesinatos, lo que refleja el nivel de implicación que alcanzó en las acciones de la banda.
Su actividad no se limitó a la ejecución de atentados. Con el tiempo, fue adquiriendo responsabilidades dentro del organigrama de ETA, situándose en posiciones de mayor influencia.
El control desde la sombra: comandos y extorsión
Uno de los aspectos más relevantes de su trayectoria fue su papel al frente de estructuras internas clave. “Anboto” llegó a dirigir los llamados “comandos legales”, formados por miembros no fichados que llevaban una vida aparentemente normal.
Estos grupos se encargaban de recopilar información sobre posibles objetivos, que pasaba por manos de Iparraguirre antes de ser trasladada a los comandos operativos. Este sistema permitía a la organización actuar con mayor eficacia y discreción.

Además, desempeñó un papel central en la gestión del “impuesto revolucionario”, un sistema de extorsión a empresarios basado en amenazas de secuestro o asesinato. Esta actividad evidenciaba el carácter coercitivo de la organización y su capacidad de financiación a través de la intimidación.
Liderazgo junto a “Mikel Antza”
La relevancia de “Anboto” dentro de ETA alcanzó su punto máximo cuando, junto a su pareja Mikel Albisu, alias “Mikel Antza”, se convirtió en una de las principales dirigentes de la organización.
Ambos lideraron la banda hasta su detención en Francia en 2004, en una operación en la que participó la Guardia Civil. Fueron arrestados en una vivienda en Salies de Béarn, donde residían desde 1999.
En ese operativo se halló un importante arsenal y documentación clave sobre la actividad de ETA, lo que resultó determinante para conocer la estructura interna de la organización.
La voz del final de ETA
Años después, el 3 de mayo de 2018, “Anboto” volvió a tener un papel simbólico en la historia de ETA. Junto a “Josu Ternera”, puso voz al comunicado con el que la organización anunció su disolución definitiva.
Este hecho marcó el cierre formal de una etapa en la que Iparraguirre había tenido una participación destacada en distintos niveles de responsabilidad.
Condenas y causas judiciales en España
Tras cumplir parte de su condena en Francia, fue trasladada a España para responder ante la justicia por diversos delitos. En 2020, en su primer juicio en territorio español, fue condenada a 122 años de prisión por el asesinato del comandante del Ejército Luciano Cortizo en 1995.
Posteriormente, fue juzgada en otras causas. En enero de 2021, la Audiencia Nacional la absolvió en un caso relacionado con un ataque con granadas en Oviedo, al considerar que ya había sido condenada en Francia por hechos vinculados.
En otro proceso, se enfrentó a una petición de 488 años de cárcel por un atentado frustrado en Vitoria en 1985. Tras repetirse el juicio por orden del Tribunal Supremo, fue condenada a 425 años de prisión.
Además, recibió una condena de 39 años por el asesinato del cartero Estanislao Galíndez en 1985 y otra de 46 años por la colocación de una bomba trampa en un bar de Eskoriatza en 1987.
En total, acumula centenares de años de prisión, además de estar vinculada a otras investigaciones por asesinatos cometidos bajo la dirección de ETA.
Una figura clave en la historia de ETA
La trayectoria de “Anboto” refleja la evolución de una figura que pasó de colaborar con la organización a dirigirla desde posiciones clave. Su papel en los comandos, en la estructura de información y en la financiación la sitúa como una de las integrantes más influyentes de ETA.
Su historia está marcada por su implicación en múltiples acciones y por su protagonismo en momentos decisivos, desde el auge operativo de la banda hasta su disolución final. Una trayectoria que la convierte en un nombre central para entender el funcionamiento interno de la organización terrorista.







