La relación diplomática entre España y Nicaragua atraviesa uno de sus momentos más delicados en años tras una decisión abrupta del régimen de Daniel Ortega que ha desencadenado una respuesta inmediata por parte del Gobierno español. La dictadura nicaragüense ha expulsado al embajador de España en Managua, Sergio Farré Salvá, y a su número dos, Miguel Mahiques Núñez, en un movimiento calificado de “injusto” por el Ministerio de Asuntos Exteriores y que ha sido respondido con la expulsión del embajador nicaragüense en Madrid.
El episodio ha sorprendido tanto por la rapidez con la que se ha producido como por el contexto en el que se enmarca: Farré llevaba apenas 20 días en el cargo y su actividad diplomática había sido muy limitada, lo que ha incrementado la incertidumbre sobre las verdaderas motivaciones del régimen sandinista.
Una expulsión fulminante y sin precedentes recientes
La orden de expulsión del embajador español y de su segundo se produjo el pasado domingo. Según confirmaron fuentes diplomáticas, ambos recibieron una notificación el sábado por la noche en la que se les comunicaba que debían abandonar inmediatamente el país, y ya se encuentran de regreso en Madrid.
La decisión ha sido descrita como un movimiento “inédito e inesperado”, no solo por la brevedad de la estancia del embajador, sino porque Farré había presentado sus cartas credenciales a principios de este mes tras haber sido nombrado por el Consejo de Ministros en diciembre.
La versión del régimen: “actividades incompatibles con su estatus”
El Gobierno de Nicaragua ha justificado la expulsión alegando que el embajador español habría realizado “actividades incompatibles con su estatus”. Aunque inicialmente no se comunicaron razones oficiales detalladas, posteriormente trascendió que el sandinismo acusaba a Farré y a Mahiques de maniobras de injerencia contra la dictadura de Daniel Ortega.
Según fuentes conocedoras de lo ocurrido, el detonante habría sido que el embajador estableciera contacto, en sus primeros días en el país, con personas contrarias al régimen. Estas reuniones, lejos de responder a una estrategia de confrontación, habrían tenido como objetivo “tender puentes”, una práctica habitual en el trabajo diplomático. A estos encuentros acudió también Mahiques, lo que explicaría que ambos hayan sido expulsados de forma conjunta.
Un perfil diplomático con amplia trayectoria
La expulsión de Farré Salvá ha causado sorpresa entre sus compañeros de carrera, que coinciden en señalar que se trata de “un gran profesional”. En ese sentido, es funcionario de la Carrera Diplomática desde 2005 y cuenta con una dilatada experiencia internacional.
A lo largo de su carrera ha estado destinado en las embajadas de España en Jartún (Sudán), Liubliana (Eslovenia), La Paz (Bolivia) y Bruselas (Bélgica), además de haber trabajado en la Representación Permanente de España ante la Unión Europea. Paradójicamente, su paso por Managua, donde ejercía como embajador por primera vez, ha terminado siendo el más breve de toda su trayectoria.
La respuesta de España: reciprocidad inmediata
Ante la expulsión del embajador español, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reaccionó con rapidez. España decidió expulsar al embajador de Nicaragua en Madrid, Mauricio Carlo Gelli, así como a otro diplomático acreditado en la delegación nicaragüense.

Fuentes del Ministerio de Exteriores explicaron que la decisión se adoptó “en estricta reciprocidad ante la injusta expulsión del embajador y la segunda jefatura de España en Nicaragua”. Al mismo tiempo, subrayaron que “el gobierno de España seguirá trabajando por tener las mejores relaciones con el pueblo hermano de Nicaragua”.
Una embajada descabezada y un encargado de negocios provisional
Tras la salida forzada de Farré y Mahiques, la Embajada de España en Managua queda descabezada. De manera provisional, asume las funciones de encargado de negocios ad interim el secretario de Embajada, Alejandro Robles Monsalve, quien se convierte en el máximo representante español en el país mientras dure la crisis diplomática.
Esta situación añade un elemento de provisionalidad a una relación ya de por sí frágil, en un contexto donde la interlocución diplomática queda seriamente limitada.
El trasfondo: la crisis sociopolítica en Nicaragua
La expulsión del embajador español no puede entenderse sin el contexto interno de Nicaragua. El país permanece inmerso en una grave crisis sociopolítica desde 2018, cuando estallaron protestas ciudadanas contra el Gobierno de Daniel Ortega. Desde entonces, diversas organizaciones y organismos internacionales han denunciado violaciones de derechos humanos y la implantación de medidas cada vez más represivas.
El régimen, liderado por Ortega junto a su esposa, ha endurecido progresivamente su control sobre la oposición política, la sociedad civil y los medios de comunicación, lo que ha tensado sus relaciones con numerosos países y actores internacionales.
En este escenario, cualquier contacto diplomático con sectores críticos al régimen es visto con extrema suspicacia. Fuentes consultadas señalan que el sandinismo considera estas reuniones como una amenaza directa, pese a que la labor de un embajador incluye, de forma habitual, el contacto con distintos actores políticos y sociales del país de destino.












