La historia de María Venturo, que durante diez años vivió escondida con su hijo tras huir de Ibiza, ha dado un giro judicial. La Audiencia Provincial ha revocado la orden de busca y captura internacional que pesaba sobre ella, dictada después de que abandonara España con el menor tras denunciar a su expareja por presunto abuso sexual.
Tras pasar más de una década prófuga, ha relatado a La Voz de Ibiza el calvario de vivir oculta en Italia y con la «sombra del miedo» constante a ser capturada, convencida de que cada día podía ser el último junto a su hijo.
Tal como avanzara este medio, la mujer se encontraba en búsqueda internacional por sustracción de menores por haber salido de la isla con Bruno cuando tenía tres años. Según su defensa, la decisión llegó después de que la Justicia archivara en apenas 48 horas una denuncia por presuntos abusos sexuales contra el padre del niño, sin que se activaran los protocolos habituales ni se realizara una exploración forense completa al menor. A partir de entonces se inició un proceso judicial que derivó en la orden de detención internacional.
El caso volvió a cobrar actualidad recientemente después de que la expareja de Venturo, el tatuador Edgardo Milessi, fuera condenado en Ibiza por abusar sexualmente de una clienta, lo que llevó a la defensa de la mujer a solicitar el sobreseimiento de la causa abierta contra ella.
Finalmente, la Audiencia Provincial ha decidido este martes revocar la orden de busca y captura, pese al criterio contrario de la Fiscalía, que había defendido mantener la imputación.
Tras conocer la decisión judicial, Venturo asegura que aún está asimilando el cambio radical en su situación. Durante una entrevista con La Voz de Ibiza, explica cómo fue vivir más de una década escondida, las decisiones que tomó para proteger a su hijo y la incertidumbre constante con la que convivió durante esos años.

Diez años de huida y miedo
-¿Cómo has tomado la noticia de la anulación de la orden de busca y captura? ¿Te ha tomado por sorpresa?
– Ayer fue un día raro. Salí a las 6.30 de la mañana con Bruno de casa como todos los días que vamos a la escuela y me olvidé el teléfono. Así que hasta que volvímos a las 19 horas no supe nada. Cuando vi tantos mensajes de Diego, mí abogado, me imaginé que algo importante tendría que haber pasado. Creo que hoy estoy más en shock que ayer. Y mañana será aún más fuerte. No te imaginas las cantidades de cosas a las que me acostumbré, las cuales son solo maneras de sobrevivir. Ahora voy a poder empezar a soñar otra vez. No más pesadillas.
Me ha tomado por sorpresa porque le tenía tanto miedo a la justicia, pensaba que justa no podía ser. Todo lo que me había demostrado hasta ahora era que estaba siempre del lado del malo, del abusador, del mentiroso, del manipulador. Pero me sorprendió y me lleno de esperanza saber que hay gente que lucha por la justicia en España. Agradezco.
-¿Qué has sufrido en estos más de 10 años? ¿Vivías con miedo de ser capturada? Cuéntanos cómo han sido estos años.
– Cuando me fui, fue todo muy rápido. Sabía que si no lo hacía antes de tener que entregar a Bruno, después iba a ser imposible. Hubo muchos momentos difíciles en estos más de 10 años.
Abandonar todo fue un gran sacrificio y no saber nada del camino a seguir ni cómo, ni dónde, ni con qué dinero fue como tirarme a una pileta sin agua abrazada a mí precioso niño y a la esperanza de que todo iba a salir bien porque estaba haciendo lo correcto. Me sacrificaba para proteger a Bruno. Lo había traído yo a este mundo y era mí responsabilidad que estuviera a salvo. Esa fue la parte más difícil.
El miedo era la sombra con la que conviví hasta ayer a las 19.35 que vi los mensajes. Ahora me tengo que acostumbrar a no tener miedo. Pero no solo miedo a ser capturada. Tenía miedo a que Bruno se lastimara, a que me pararan en la calle y me pidan documentos, hablar y dar demasiada información de nosotros. Miedo a subirme a un coche, miedo a no poder pagar el alquiler, las boletas, a que no me llegue el dinero de Argentina. Miedo a que me duela un diente ,podría escribirte una página de solo miedos. Pero mí miedo más grande era pensar que quizás cada día era el último con Bruno. Pude vivir escondida pero no hubiera podido vivir sabiendo que Bruno estaba en las manos del depredador. Yo sabía quién era Edgardo Milessi.
-¿Cómo ha crecido tu hijo en ese contexto?
Estos años fueron una aventura. Bruno fue feliz, libre y amado. Vivimos en diferentes lugares. El primer tiempo en un pueblo donde hacía de babysitter de dos familias que vivían en el mismo edificio. Así que Bruno tenía amigos y yo cuidaba a todos.
Después con el COVID nos tuvimos que mudar al bosque en la montaña y hacíamos laboratorios gratuitos con un grupo de mamás y más de 15 chicos en nuestra casa medieval cerca del río. Después Bruno tenía que empezar la escuela y nos mudamos a la ciudad.
Para Bruno su vida era normal, hacía desde la escuela a casa. Tenía amigos, su habitación propia. Después, con el COVID, todos estaban como nosotros limitados y eso hizo que fuera la época más normal. Fue difícil cuando todos volvieron a la normalidad y nosotros nos quedamos con las restricciones.
Él era consciente de la situación por qué a medida que empezó hablar él contaba las cosas que le hacía el padre. Es un tema que cada cierto tiempo volvía a preguntar, a explicar, crecimos con esto en casa. Esa era la parte dura porque sin psicólogos era yo la que contenía la situación, la que intentaba sanarlo con mí amor.

-¿Se puede saber dónde estás ahora?
– Mí abogado me acaba de decir que sí, que podemos decir dónde estuvimos todo este tiempo protegidos. Estamos en nuestra amada Italia y toda su maravillosa gente nos ayudó en este viaje. Bruno se siente italiano, habla italiano. Habla tanto español como un italiano.
-¿Qué vas a hacer ahora? ¿Piensas a regresar a Ibiza?
–No sé qué voy hacer. Tengo que pensar cómo rearmar mí vida después de tantos años, no sé ni por dónde comenzar. Económicamente estoy destruida, perdí todo lo que tenía, trabajo cuidando una pareja de señores de 80 años, limpiando su casa tres veces a la semana. Me gustaría ver a mí familia en Argentina, abrazar a mí mamá, a mis amigas que en todos estos años no me abandonaron. Me gustaría que Bruno se sienta seguro, llevarlo de vacaciones por primera vez. Lo primero que voy hacer son mis documentos, voy a empezar por ahí .
Volver a vivir a Ibiza no se si es algo posible a este punto. Yo tenía una vida que ya no existe. Ahora creamos una en Italia y nos gustaría poder continuarla. Pero Ibiza es parte de nosotros. Nos sentimos de España, de Argentina y de Italia. La vida es inesperada y maravillosa. Ahora comienza un nuevo camino lleno de libertad, justicia y luz divina.
-¿Qué se siente volver a ser libre?
– Gratitud a los que eligieron ayudar a una madre que solo protegía a su hijo. Gratitud a los jueces que hacen justicia. Gratitud a mí abogado que luchó conmigo por la verdad. Sola no lo hubiera logrado.
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