Durante más de una década, Asier Fernández de Bobadilla, lo apostó todo por el deporte con un único objetivo: llegar a los Juegos Olímpicos. Lo consiguió, pero lo que encontró allí no fue solo competición al más alto nivel, sino también una presión extrema y decisiones arbitrales que marcaron su carrera, como la que le dejó sin medalla y que aún hoy cuestiona.
Ex olímpico, entrenador y actual director del club náutico Mare Nostrum, vinculado a Port Nautic Ibiza, con el objetivo de promover la vela entre los más jóvenes, ofrece ahora una mirada crítica y sin filtros sobre el deporte de élite, el verdadero peso de la gestión emocional y las carencias del sistema.
-Empecemos con los Juegos Olímpicos que me parece un tema siempre interesantísimo. Se suele decir que “son otra cosa”, frente a mundiales, nacionales y europeos. ¿Cuál es la diferencia?
-Todo. No tiene nada que ver. El campeonato del mundo se hace cada año y gana el mejor. En los JJOO no gana el más rápido ni el más fuerte, gana el que en los momentos de máxima presión, se gestiona mejor a sí mismo y a su entorno. En los juegos sabes que tienes one shot y no hay más. Además tampoco tienes muchos juegos olímpicos en tu prime.
-¿Cuántos tienes?
-Yo tuve 1, Barcelona 1992, yo fui muy precoz. Como entrenador Rio 2016 y Tokio 2020, aunque realmente se celebraron en 2021 con motivo de COVID.
-¿Has chocado con entrenadores?
-No solo, con todo el mundo [risas]. Tengo un carácter fuerte que digo las cosas a la cara y eso no gusta. Soy muy crítico conmigo y con los demás siempre con el objetivo de mejorar, pero claro, que te digan a la cara según qué cosas…Y nunca me importó nada caer mal porque al final creo en la excelencia y soy un competidor, pero el ser sincero cuando, por ejemplo ves que – antiguamente – no alcanzaba el dinero y era porque se lo gastaban los políticos de mierda, pues lo dije y lo diré. Por suerte ahora no pasa, en la Federación no cobran, pero antiguamente cobraban en los juegos de Atlanta 1995 estando en la pre-olimpíada siendo 7 deportista con 12 directivos que, alquilaban cada uno barcas a 400 dólares por día y luego nosotros pedíamos una vela nueva y nos decían “no hay dinero”. Alojamiento, coches, comilonas, lanchas, dietas más gordas para ellos que para nosotros, se ve que necesitaban comer más que nosotros… y luego no había dinero. Y se los dije a todos a la cara y por supuesto me retiraron las becas e incluso escribieron una carta al Consell de Ibiza de “cómo ayudaban a un deportista que insultaba a los jueces y a los directivos”… No insultaba, porque si agredes pierdes la razón, pero señalaba las cosas tal y como eran.
-Entremos en Barcelona 1992, ¿qué tal la experiencia?
-En Barcelona salí sexto, pero en la penúltima prueba iba segundo, y el único juez español que había, me descalificó a 10 metros de la meta. Quedaba plata. El juez dijo que me había visto bombear la vela (ese fue el último JJOO donde bombear la vela era ilegal) a 1,5 kilómetros de la meta con unos prismáticos. Yo fui al jurado todo inocente con la grabación de los últimos minutos y les dije mirarlo a ver si he hecho eso. Me responden que un juicio de valor de un juez en el agua es inapelable. Luego resulta que el hijo del juez, había sido olímpico y estrella del windsurf, a quien yo le había ganado la plaza y claro, le quité el sitio al hijo y… ¿además iba a ganar una medalla? Pues no.
-¡Pero qué bronca tiene que dar después de tantos años de lucha en el deporte mismo, que pasen este tipo de cosas!
-Lo que hay que lograr es que los JJOO sean lo más objetivos posible. En los juegos de invierno pasó con el patinaje artístico, estaba todo amañado. Es muy complicado, además los jueces suelen ser deportistas frustrados que nunca han llegado a profesional, y tienen 90 años promedio [risas]… entonces… es lo que hay. Pero al final es esto… ¿te gusta el deporte?
-Sí, mucho.
-Dime uno.
-Tenis.
-¿Quién quedó tercero en los últimos JJOO, o quién está tercero en el ranking ATP de tenis?
-No me acuerdo.
-No se acuerda nadie, esa pregunta se la hago a deportistas olímpicos y tampoco saben, incluso, de su deporte. Pero ni el país del deportista saben que quedó en tal posición el año pasado.
-¿Durante cuánto tiempo realmente te preparas para los Juegos Olímpicos? ¿4 años?
-No, para llegar al alto rendimiento son 8 años. Allí ya puedes empezar a competir para ganar la plaza para ir a los Juegos. Y puede que aún así no lo consigas. Para ganar una medalla, que es casi imposible, otros 8 años más. 16 en total a todo o nada.
-Imagino que hay momentos relajados en la villa olímpica o ¿estás hasta competir, en cierta tensión constante o enfocado?
-Al final todos han entrenado las mismas horas, las mismas intensidades, casi todos tienen los mismos tiempos pero hay uno que es capaz de gestionar la presión de él mismo. Gestionar la presión. Esa es la clave, fallar lo que haga falta pero en ese momento que es ganar o ganar, el cómo gestionar y sabiendo que no le va importar a nadie más que a él, y pudieron decir luego “di lo máximo de mí”, es el que gana. Pero hay mucho deportista que quiere hacer más de lo que sabe, que se auto-presiona en el “yo tengo que”, “yo soy”… eso es una cagada y no llegan. Otros no les afecta la presión, lo ven todo como parte del proceso, eso son los que llegan. Si es que lo ves antes de que compitan, en la villa, ves a uno caminando y sabes que va a ganar.
-Hablando de ganar, ¿y el sexo? [risas]. ¿Es verdad que hay mucho y que quita fuerza?
-En la villa olímpica los preservativos se acaban siempre. Entre deportistas, voluntarios, gente de la organización… pero es que hay deportistas que compiten en el día uno y se quedan luego el resto de los Juegos, incluso pedido por los equipos para hacer soporte de los que siguen compitiendo, entonces si ya has competido… [risas]. Los deportistas están completamente enfocados en la prueba, y luego de competir en otras cuestiones [risas].
-¿Es el buen manejo de la frustración lo fundamental?
-Es lo más importante. La motivación ha de ser siempre intrínseca. No creo que si le das un millón de euros más, Usain Bolt, correrá más rápido. El va a dar el 100% – siempre. Al final un deportista que se pone excusas del tipo “es que hoy hacía mucho calor” o “demasiado viento”, pues al final estás tú y tus competidores en las mismas condiciones. Hay que asumir que es culpa de uno, y luego aprender, más que quedarse en lamentos.
-¿Qué diferencias hay entre el windsurf de aquella época y el de hoy?
-Antes iba por el agua, ahora vuela por los foil. Por el resto no ha cambiado mucho, salvo, que antes era muy popular y ahora no tanto. Era un deporte “extremo” que todos podían practicar. En los años 90s estaban las playas llenas de windsurfistas, ahora hay esos, e-foils… mucha cosa, también te digo, ¡mucho mojito y mucha hamaca y poco deporte! [risas]. Lo que es en sí, el windsurf, está todo igual salvo que es todo más rápido. Las pruebas se han acelerado y antes cada una sumaba puntos a un resultado final, ahora suman para clasificar para una final donde te la juegas todo a uno, mucha más emoción para el espectador y más presión para el competidor.

-Hablando de presión, ¿Qué diferencia hay entre competir y dirigir?
-Muy diferente. Cuando tú diriges tienes un equipo. Cuando compites estás solo a la hora de competir. Cuando compites debes gestionarte a ti mismo y cada situación cambiante de la prueba en sí, que si cambia el viento, que si adelantan, todo es una gestión donde tu equipo no puede ni hablarte; estás solo. Dirigiendo estás con un equipo de gente además del competidor analizando todo e intentando prever lo que pudiera pasar, dándole a tu deportista todo lo que crees necesario para que pueda brillar, pero a la hora de la verdad, como técnico ya no puedes hacer nada más.
-¿Te ha pasado como deportista que tu técnico te diga “haz esto” y tú no obedeces?
[piensa].-No creo que un técnico deba actuar así. 5 minutos antes de la prueba el técnico no puede hablar más con el deportista. Si yo te digo in situ lo que tienes que hacer porque estoy viendo el escenario, no va a cambiar en nada, porque la situaciones son dinámicas y todo cambia mucho todo el rato. Y el deportista debe saber tomar sus decisiones, y en caliente. Puedes dar una opinión u otro punto de vista, pero debes confiar en tu pupilo.
El trabajo en equipo lo es todo, hay una frase que me gusta muchísimo que es: “si quieres ir rápido, vete solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Ésta para mi es una máxima.
-¿Qué te aportó haber sido olímpico en tu vida personal? Dinero seguro que no [risas].
-No, pagan poquísimo. Un deportista olímpico gasta más de lo que genera.
-¿Y no pueden tener sponsors?
-Sí, a título personal y ahora, antes no. Por ejemplo, la marca Joma pone toda la equipación y paga un dinero enorme. Aunque tengas contrato con Nike debes ir a los juegos con Joma. En el fútbol cambia un poco porque hay muchísimos dinero.
Pero para darte una idea, si sales decimoquinto en atletismo, que es un resultado buenísimo, no te llevas nada. Los 8 primeros tienen una beca de unos 20.000 euros. Y si eres el primero del mundo te llevas 60.000 euros. Ahora, ¿cuántas veces serás campeón del mundo?. Si llegas, una en la vida… es una ruina.
-¿Pero entonces cómo viven, tienen un segundo trabajo?
-Son unos gestores económicos buenísimos. Exprimen el dinero a un nivel increíble. Luego hay ayudas de los ayuntamientos y tal pero… es una ruina.
-Volviendo a 1992, en esos juegos ha habido un boom de deportistas españoles, fue brutal, ¿Qué pasó luego?.
-Fue una locura, el deporte español explotó en el 92. Y luego desde Barcelona nunca se volvió a ver nada igual.
-Pues que pena haber picado y no haber mantenido ese pico.
-En el 2000 yo estaba de director de el centro técnico de vela del Govern balear y nos fuimos a un congreso de detección de talento deportivo. Venían de varios países, cubanos, rumanos, australianos y nosotros, los cuatro modelos de ojeadores.
Los cubanos decían “yo no tengo dinero para medicinas, ¡voy a tener para usar la tecnología!. Yo me siento en el patio de los colegios y el niño que se mueva más rápido se viene conmigo”
-[interrumpo] ¿pero me estás contando un chiste o hablando en serio? [carcajadas].
-La realidad. El rumano dice “la población crece 3 centímetros cada año, si la madre y el padre miden tanto, este niño medirá 1,90, entonces nadador”. Y nosotros nos mirábamos con el resto pensando “como la madre haya sido infiel”… [carcajadas].
Luego los australianos que pensaron lo siguiente: los Juegos debían establecer la sede 8 años antes por lo que se enteraron con tiempo que les tocaba, estando 13 en el medallero en ese momento. Entonces se preguntaron, ¿Qué perfil de edad deben de tener los niños que competirán dentro de 8 años? Se juntaron con los profesores de Educación Física y les midieron a todos los niños el carpo (muñeca) izquierdo.
Con esa información podrían determinar la altura y la forma en general. Con una espirometría sabrían la capacidad pulmonar. Y con un salto en vertical sin contra-movimiento, o sea, manos en cadera, talones en el suelo, bajas al suelo y das un salto de más de 13 centímetros significa -fibras rápidas-, pues entonces los mandas a salto, lanzamiento de jabalina o 100 metros lisos, por ejemplo.
Pero eligieron deportes en los cuales el 70% es de tu padre y madre, o sea, el aporte genético; carrera lisa, natación, etc.
Luego aparece España que plantea que vamos a campeonatos nacionales sub15 y viene Manolo en 100 metros lisos y gana siempre, ¡es el campeón!. Hablamos de un chaval con barba, pelo en pecho, y luego es Pedrito, que no tiene un pelo y acaba cuarto siempre y nadie da un duro por él, pero es un niño que a su edad biológica muy diferente. Hacíamos selección en vez de detección y así la cagamos.
Es que antes esto no estaba profesionalizado, ahora muchísimo en el mundo en general pero en España no tanto aún.
-¿Y en Baleares cómo está el tema de apoyo y detección?
-Baleares es de las comunidades que mejor lo hace porque tiene un programa que se llama “Centro de tecnificación Esportiva de Baleares”. Este programa lo llevó a cabo, después de Atlanta, un amigo mío llamado José Luis Ballester, conocido como Pepote. Él compitió con catamarán en su época de deportista, llegó a Palma un día al recibimiento de políticos y prensa, después de unos Juegos, con una medalla de oro y una camiseta que tenía un plátano enorme y la leyenda “Plátano de Canarias”.
A lo que evidentemente fue increpado por un político balear de cómo se presentaba con tal camiseta a la recepción. Y él pegó un golpe en la mesa y suelta que “como no me habéis ayudado nada y Canarias sí, vengo con esta camiseta porque ellos me apoyaron para conseguir la medalla”. A partir de allí se creó la CTEIB. Allí puedes estudiar y practicar tu deporte con grandísimos profesionales. ¿Un ejemplo de deportista salido de allí? Rafa Nadal.
-Vuelvo a Barcelona 92´ para desvelar una verdad oculta… esa flecha que se lanzó para encender la llama olímpica se pasó de la torre por completo, no cayó en donde debía, ¿cierto? [risas].
-Sí, absolutamente, yo estaba allí al lado del Rey de España que era compañero de equipo y la vi saltar la torre pero es que no debía caer dentro, debía hacer lo que hizo, tenía que sobrevolar a baja altura para encender el gas acumulado sobre los quemadores. Pero en la tele se vio espectacular.
-¿Y el rey Felipe qué tal?
-Pues yo soy antimonárquico pero debo decir que es un tío súper normal, muy agradable y si no hubiera Monarquía y él se postulara para ministro de Asuntos Exteriores no habría nadie mejor que él. Cada mañana le traían todos los diarios y los leía a fondo, se ha criado con los hijos de todos los hombres de Estado y de riqueza del mundo… no sé qué es lo que hace un Rey realmente, pero para diplomacia muy bien.







