CIBERSEGURIDAD

La estafa que promete dinero fácil por dar “me gusta” ya deja víctimas con pérdidas de hasta 70.000 euros

La Guardia Civil y expertos en ciberdelincuencia alertan sobre un fraude cada vez más frecuente que comienza con pequeños pagos y acaba vaciando cuentas

Agente de la Guardia Civil
Agente de la Guardia Civil

Las ciberestafas siguen evolucionando y adaptándose a los hábitos digitales cotidianos. Una de las modalidades que más preocupa actualmente a las autoridades es la conocida como “estafa de los likes”, un fraude que promete dinero rápido y sencillo a cambio de realizar tareas mínimas por internet, como dar “me gusta” a productos o publicaciones.

Lo que comienza como una supuesta oportunidad laboral compatible con el teletrabajo y apenas unas horas de dedicación termina, en muchos casos, con pérdidas económicas de decenas de miles de euros. Tanto la Guardia Civil como especialistas en delitos tecnológicos llevan meses alertando sobre el crecimiento de esta modalidad, que ya acumula numerosas denuncias en distintos puntos de España.

En Ourense, por ejemplo, se registran alrededor de cinco denuncias mensuales relacionadas con este tipo de engaño y algunas víctimas llegaron a perder hasta 70.000 euros. La situación preocupa especialmente porque los delincuentes logran generar una falsa sensación de confianza antes de comenzar a exigir transferencias cada vez más elevadas.

Cómo funciona la llamada “estafa de los likes”

El mecanismo del fraude suele comenzar con un mensaje aparentemente inocente. La víctima recibe una oferta de trabajo que promete ingresos rápidos por realizar acciones simples desde casa.

Las propuestas suelen incluir frases como “trabajo fácil”, “teletrabajo”, “ingresos extra” o “solo dos horas al día”. En muchos casos, los anuncios aparecen incluso en plataformas de empleo conocidas, lo que aumenta la apariencia de legitimidad. La tarea inicial consiste normalmente en valorar productos, interactuar con publicaciones o dar “me gusta” a determinados contenidos online.

Durante la primera fase, los ciberdelincuentes realizan pequeños pagos reales para reforzar la credibilidad del sistema. Algunas víctimas reciben transferencias de tres, cinco o incluso mil euros, lo que termina convenciendo a muchas personas de que el trabajo es auténtico. Ese primer ingreso se convierte en el principal gancho psicológico de toda la operación fraudulenta.

El momento en el que comienza realmente el engaño

Una vez que la víctima confía en la plataforma o en los supuestos responsables del empleo, aparece la segunda fase del fraude. Los estafadores comienzan a hablar de oportunidades más rentables, productos “premium” o tareas especiales que permitirían obtener comisiones mucho más elevadas.

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Sin embargo, para acceder a esas supuestas ganancias exigen un desembolso previo. Las excusas son variadas: depósitos de seguridad, desbloqueo de comisiones, activación de cuentas, impuestos o costes administrativos. La víctima, convencida de que el sistema funciona porque ya recibió dinero anteriormente, empieza a realizar transferencias cada vez más importantes.

En uno de los casos investigados por la Guardia Civil, una persona residente en Madrid llegó a transferir más de 30.000 euros tras creer que estaba acumulando importantes beneficios dentro de la plataforma fraudulenta. La sensación de estar a punto de recuperar el dinero invertido lleva a muchas víctimas a seguir enviando fondos incluso cuando comienzan a sospechar.

Una plataforma falsa con beneficios inexistentes

Uno de los elementos clave de esta modalidad es que los ciberdelincuentes crean entornos digitales muy convincentes. Las víctimas visualizan en pantalla balances positivos, supuestas ganancias acumuladas y cifras que parecen multiplicarse con rapidez.

El problema aparece cuando intentan retirar el dinero.En ese momento, los delincuentes exigen nuevos pagos para liberar las ganancias acumuladas. Algunas víctimas reciben peticiones de hasta 40.000 euros adicionales bajo conceptos de impuestos o comisiones. Es entonces cuando muchas personas descubren que todo era una estafa.

Los expertos señalan que la manipulación emocional resulta fundamental en este tipo de fraudes, ya que los delincuentes trabajan constantemente para mantener la confianza y evitar que la víctima corte el contacto.

La Guardia Civil logra identificar a un presunto responsable

La Guardia Civil, a través de la Cibercomandancia y del Equipo @ especializado en delitos tecnológicos, logró esclarecer recientemente uno de estos casos. La investigación comenzó después de que una víctima denunciara el fraude mediante la Sede Electrónica de la Guardia Civil. Los agentes solicitaron el bloqueo de las transferencias y realizaron un análisis exhaustivo de las comunicaciones mantenidas entre la víctima y los autores del engaño.

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Tras meses de rastreo del dinero transferido y análisis de la trazabilidad de los movimientos bancarios, los investigadores consiguieron identificar plenamente al presunto responsable, residente en Sevilla. El caso ya fue remitido a la autoridad judicial correspondiente. La investigación refleja la enorme complejidad que supone seguir el rastro del dinero en delitos cometidos a través de internet.

Una amenaza en auge que aprovecha la vulnerabilidad económica

Las autoridades consideran que esta modalidad se encuentra en plena expansión. Desde la Guardia Civil señalan que se trata de una amenaza especialmente peligrosa porque explota situaciones de necesidad económica, desempleo o búsqueda urgente de ingresos adicionales. La promesa de trabajar desde casa con escaso esfuerzo resulta especialmente atractiva para muchas personas.

Además, el uso de plataformas digitales, grupos de mensajería instantánea y supuestas comunidades de trabajadores contribuye a crear un entorno de confianza muy difícil de detectar inicialmente. La apariencia profesional de las plataformas y el uso de pagos reales al principio convierten este fraude en uno de los más efectivos actualmente dentro del ámbito de las ciberestafas.

La información personal, otro objetivo de los ciberdelincuentes

Los especialistas en delitos tecnológicos advierten además de otro riesgo añadido: el robo de documentación personal. En muchos fraudes digitales, incluidos los relacionados con falsas ofertas laborales o alquileres inexistentes, los delincuentes solicitan documentos como el DNI, nóminas o datos bancarios.

Según explicó José Manuel Araújo, inspector de la Policía Nacional especializado en delitos tecnológicos, esos documentos pueden terminar utilizándose para abrir cuentas bancarias destinadas a otras estafas, incluso fuera de España. “La información es el combustible que nutre muchas de las ciberestafas”, advirtió durante una jornada especializada en ciberseguridad celebrada en Ourense. Ese robo de identidad puede generar consecuencias adicionales para las víctimas incluso mucho tiempo después del fraude inicial.

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Las dificultades para investigar este tipo de delitos

Los expertos reconocen que perseguir este tipo de ciberdelincuencia resulta especialmente complejo. Antonio Vázquez, sargento de la Guardia Civil al frente del Equipo @ y Edite, explicó que “el escenario de los delitos ha cambiado” y que ahora “las evidencias se encuentran en el ciberespacio”.

Las investigaciones suelen complicarse porque el dinero transferido sale rápidamente hacia cuentas extranjeras o redes financieras difíciles de rastrear. Además, los delincuentes emplean identidades falsas, sistemas de anonimato digital y estructuras internacionales que dificultan enormemente la identificación de los responsables. “Si la evidencia digital no se recoge bien, se pierde y si se pierde el delito queda impune”, señaló Vázquez.

El anonimato digital, otro desafío creciente

El fiscal de cibercriminalidad Miguel Ruiz también alertó sobre las complicaciones derivadas del anonimato en internet. “Alguien que insulta a través de un perfil anónimo de las redes complica la investigación porque hay que oficiar a entidades que nos den datos, hacer muchas comprobaciones y da una facilidad a los que quieran ser ‘haters’ o cometer determinados tipos de delitos”, explicó.

Esa misma dificultad se traslada a las estafas online, donde los responsables utilizan identidades falsas, números virtuales y plataformas internacionales para ocultar el rastro. La sofisticación tecnológica y la dimensión internacional de estas redes convierten las investigaciones en procesos largos y complejos.

Las recomendaciones para evitar caer en la trampa

Tanto la Guardia Civil como los expertos en ciberseguridad insisten en desconfiar de cualquier propuesta que prometa ganancias rápidas, trabajo sencillo y beneficios extraordinarios sin apenas esfuerzo. También recomiendan no enviar dinero a desconocidos ni compartir documentación personal sin verificar previamente la autenticidad de la empresa o plataforma.

Otro aspecto clave es desconfiar de los pagos iniciales que buscan generar confianza. Precisamente ahí reside el éxito de la llamada “estafa de los likes”: pequeñas recompensas reales que terminan abriendo la puerta a pérdidas económicas mucho mayores.

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