A veces la vida no avisa: arrasa. Llega como una ola revuelta, rompe lo que éramos y deja los restos sobre la orilla. Y entonces aparece la pregunta más difícil: ¿Cómo hace uno para reinventarse por completo?
La mayoría de las veces, cuando el ser humano es retado de forma extraordinaria, descubren una fuerza desconocida. De cuando el espíritu toma las riendas y desencadenado, es capaz de levantar una nueva vida con los escombros de la anterior.
Adriana Pérez, de Bogotá, Colombia, pero que residente en Ibiza desde hace 9 años, flotaba en la superficialidad de un mar tóxico y fue que de pronto, un sunami inesperado cual bicho envenenado la obligó a cambiar su propio paradigma de qué es la vida, regalándole una segunda oportunidad, pero con un coste. Todo esto contado en su libro «Más allá del cuerpo» .
Ésta, es la historia de una oruga que se volvió mariposa.
-¿Cómo era tu vida antes del suceso?
-Yo acabé el colegio y estudié una carrera técnica llamada “Medicina Estética” en la academia El Nogal. Antes empecé otras que no acabé, pero esta sí, además de hacer un curso de modelaje en una Academia Stock Model. Al terminar no fui agenciada porque empecé a viajar pero estuve metida en estética del tipo tratamientos post operatorios de cirugías estéticas, por ejemplo. También hice modelaje. Un día, hace 8 años, vine de vacaciones a Ibiza y no me fui nunca más…[risas].
-Qué loco que te haya pasado lo que te pasó viniendo de un mundo propio enfocado completamente en la estética.
-Sí, tremendo. Todo en mi vida era vanidad, apariencia, ego y relaciones endebles… La pura superficialidad y mucha fiesta. Estaba metida en un círculo vicioso lleno de excesos. Estaba perdida, no tenía voluntad propia o disciplina, relaciones tóxicas – todas – y ataques de pánico y el presentimiento de que algo malo me iba a pasar.

-¿El suceso te pasa en España?
-Sí, en Ibiza.
-Justo antes de que pasara, ¿hubieron alarmas en el sentido de empezar a sentirte mal o algún aviso del cuerpo?
-Estaba muy débil, extrema delgadez, lo más raro es que no me crecían las uñas y no podía flexionar los dedos de las manos. Me salieron llagas en la comisura de los dedos y tenía dolor en las manos, las cuales siempre las tenía negras debajo de las uñas pero me limpiaba a conciencia y no salía.
-¿Y qué decían los médicos?
-¿Qué médicos?, nunca fui al médico al principio porque no tenía voluntad. Si no fuera por el shock séptico estaría muerta. La noche anterior a ser hospitalizada sudaba fiebre pero por dentro estaba congelada. Además sentía latigazos de corriente en la espalda, y bebí un poco de agua y a partir de allí no podía parar de vomitar. En un punto ya no podía más del dolor y además perdí la visión unos 30 segundos. Me miré al espejo y estaba amarilla, entonces, sí, fui al centro de salud de Santa Eulària. Allí se dieron cuenta que era muy grave y me derivaron a Can Misses. En el traslado me indujeron el coma, durante 20 días.
-Pero el shock séptico se produce como defensa a un ataque, en tu caso, ¿a qué?
-Pues a un ataque de una bacteria de origen desconocido. Se me metió un bicho malo… o varios…[risas]
-¿Y se te empiezan a necrosar las extremidades, la nariz y boca?
-Sí, parece que por salvarme la vida me aplicaron uno o varios medicamentos tan fuertes que atacan la circulación, y el cuerpo es tan sabio que suministró a órganos vitales dejando de lado las extremidades. Piensa que yo estuve conectada a todas las máquinas de la U.C.I., incluso a mi padre le dijeron que me quedaban 6 horas de vida.
-¿Qué pasa cuando estás en coma, te acuerdas de algo?
-En coma estás en otro plano, como un sueño, y en mi caso vi cosas muy heavy, muy muy feas. Veía personas…
-¿Vivas o muertas? Porque estando al filo igual conectas con personas ya fallecidas, ¿no?
-En mi caso estaba con personas vivas en el plano real.
-¿Y qué veías?
-Muy mal, me veía en una silla mientras me clavaban jeringas, me estaban como torturando.
-O sea estabas proyectando la realidad de una manera muy brutal pero no estabas en otro plano como completamente separado de tu realidad.
-No, no, fue terrible, muy feo, era la realidad de una manera pero con otra gente. Lo de la silla fue una cosa en un lugar sin espacio ni tiempo, vi otras cosas que también muy feas. [le voy a preguntar qué pero leo en su cara que no quiere profundizar, entonces desisto]. Pero fue muy heavy volver a mi cuerpo al despertar, la confusión era total.
-Y despiertas y… ¿Qué sientes?
-Me siento otra persona, como si hubiese vuelto a nacer en el cuerpo de otra mujer. Apenas me desperté sin saber nada de lo que pasó ni de lo que estaba por pasar, mi primer sentimiento fue de alivio, de renacer, sentí una paz interior que no había tenido nunca.
-¿Cuando despiertas ya estás amputada?
-No todavía, estaba con los pies y manos vendados pero ya estaban muertos. Pensé que estaba un poco machacada pero no imaginé que estaban perdidas. Luego me dijeron sin ningún tipo de amabilidad o cariño, al tema directo, me dijo el doctor que “aquí no hay trucos, a amputación directa”. Cuando me quitan las vendas veo las manos y estaban negras – muertas. Los pies igual, inflamados y verdes… ahí entendí cuál era mi situación real.

-¿Y te amputan las manos en un día y los pies y en otro, uno a uno, cómo fue?
-Estuve 4 meses hospitalizada al final y por fin empezaron las amputaciones porque ya quería acabar. Primero me quitaron el pie izquierdo.
-¿En serio no hubo promo?, un dos por uno al menos…
[riendo a carcajadas dice..]
-Yo el combo me lo gané con la necrosis [más risas].
[nota al lector: ella y yo somos latinos, en cuanto empecé a hablar con ella me di cuenta que podía hacer este tipo de bromas porque nosotros usamos el humor para todo en la vida].
-¿Anestesia general?
-No, los pies con anestesia de cintura para abajo. Pero igual estando despierta escuchaba como serrucharon el hueso.
-¿Sólo el pie o más?
-Debajo de mis rodillas en ambas piernas, por suerte se salvaron porque estaban necrosadas pero se cayeron las costras, igual que con nariz y boca que por suerte no fue a mayores. Primero fue un pie, luego el otro. Para las manos me mandaron a Madrid, al Hospital La Paz porque es más complicado por las terminaciones nerviosas, etc. Ahí sí que me hicieron promo [risas] y me quitaron las dos manos de una vez. Fue mucho más doloroso que los pies. Lloré mucho al ver la falta de las manos, fue terrible. Luego vinieron las curaciones sin anestesia ni nada, durísimo. Por suerte tengo digamos la palma izquierda sin dedos, pero con eso hago todo porque no uso prótesis de manos, y con la palma puedo abrir puertas, cepillarme los dientes, de todo…

-¿Cómo reaccionaste cuando te ves al espejo por primera vez?
-Tengo un capítulo de eso mismo en mi libro. La primera fue en Traumatología, estaba flaquita como un palito y era pura cabeza. Me lo tomé con calma, con tranquilidad, estaba sintiendo más quién soy más quién fui. Pero imagínate que toda la identidad que yo tenía ya no existía. Uno crece con tanta programación de lo externo y me vi obligada a ver para dentro, el mundo interior, lo que nunca había hecho en mi vida. ¿Quién eres ahora?
Eso me llevó a un viaje maravilloso de transformación interno y empiezo a crear una nueva identidad desde una base sólida del ser versus el parecer. Una identidad completamente opuesta a la anterior, empiezo a cuidar el cuerpo, a leer y me acerqué mucho a Dios que se transformó en mi roca desde donde construí la nueva Adriana. Empecé a estudiar el funcionamiento de las emociones y de los sentimientos, hice un curso de Programación Neurolingüística… como estudiarme como persona de una manera racional, aferrada a Dios en lo espiritual, su poder me dio la fortaleza necesaria. El poder del Creer a mí me funcionó. Y el perdón es fundamental para soltar, me perdoné por no haberme cuidado; me despedí de la otra Adriana con amor, y así, pude soltarla. Soy mucho más plena y feliz ahora que antes. Me gusta mucho verme al espejo ahora, sobre todo porque lo hago desde la humildad y no desde el ego. Me pongo el bikini, voy a la playa y me quito las prótesis sin importarme nada las miradas y al agua…
-Te voy a hacer una pregunta que igual suena mal…
[interrumpe]
-¡Entonces no la hagas! [risas]
-¿Qué pasó con tus pies y manos?, ¿Los pediste?
-¿Para qué, una sopa?
[carcajadas y luego se me queda mirando un poco sorprendida, recalculando, por lo que agrego], digo, porque hay gente que pide el miembro amputado por ser su propiedad y para enterrarlo como parte del proceso de duelo o despedida.
-Yo no tengo ni idea, no me dijeron nada, los quitaron y nunca supe nada más pero tampoco los hubiera pedido aunque entiendo lo que dices, a modo de ritual…
-De latino a latina te debo decir qué placer verte entender el poder de la risa como vehículo para procesar lo malo que nos pasa, algo muy de nuestra personalidad latina.
-Uy, totalmente, para la vida entera, siempre he utilizado el humor para todo. Si tienes la inteligencia emocional para reírte de ti mismo, no hay nada más gracioso. En mi familia hay mucho humor y creo que me ayudó tanto -¡pero tanto!- que lo agradezco. En mi libro hay un capítulo que se llama “El humor salva”.

-¿Tuviste algún momento de recaída o una vez que hiciste click nunca más has vuelto atrás.
-Pues ya pasaron 3 años y la verdad es que ya no, al principio sí, claro. En la transición sí que la otra me invadía el pensamiento pero ahora ya no, estoy muy sólida.
-¿Qué has utilizado para superarte o qué herramientas te ayudaron a salir del pozo?
-Lo primero fue Dios, empecé a orar mucho. Luego consumía muchas conferencias de desarrollo personal como las de María Alonso Puig que me encanta, y leer mucho me ayuda muchísimo. Y la familia por supuesto.
-Cuéntanos de tu libro.
-Mi libro surgió a raíz de un reportaje que me hicieron y que acabó con 300 mil visitas en Youtube. Me di cuenta que mi mensaje es poderoso y necesario, desde la humildad, que puede servir a otros. Mi hermano también me insistía mucho pero yo no venía de ese mundo y entonces le tenía respeto al tema. Pero un día dije “voy a escribir un capítulo”, que en realidad lo primero que hice fue hacer grabaciones de voz.
Luego con Page empecé a pasarlo a escrito. Después lo abandoné, pero un día volví. Cuando lo acabé no sabía qué hacer con él pero un día en la Iglesia, una amiga muy querida me dijo que ella conocía a una editora en Colombia y que le escriba. Costaba mucho dinero porque evidentemente se ocupaban de todo, revisión, edición, correcciones, etc pero cuando me lo explicaban me di cuenta que igual lo podía hacer yo, la verdad que ese intercambio lo que logró fue que me pusiera las pilas definitivamente para acabarlo de la mejor manera posible, haciendo todo yo. Edité 3 veces con I.A. hasta la versión final y maqueta con una app que se llama Fiver. Una vez listo, pensé, ahora cómo lo vendo. Pues lo subí a Amazon donde te lo venden digital y si alguien lo quiere en papel tapa blanda, ellos mismos se ocupan de todo. Genial al final, porque es venta mundial, así que en desde Colombia compraron muchos. El día que lo subí a la plataforma lloré mucho de la emoción, de todo lo logrado hasta ese punto… Y ahora estoy intentando hacer un documental, pero está muy verde de momento.
-¿Y además de esto, que pinta tiene el futuro de la nueva Adriana Pérez?
-Mi futuro está en manos de Dios… ¡porque en las mías, no!.[carcajadas].
No suelo dejar reflexiones al pie de mis entrevistas pero en este caso quisiera dejar dos:
1. No debemos esperar a la crisis para hacer ese cambio necesario.
2. La risa es una herramienta poderosa. Úsala.
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>Las fotos fueron suministradas por la entrevistada.













