La imagen que confirmó uno de los peores temores de científicos y expertos en fauna de Baleares llegó en abril de 2024. Un vídeo grabado en un pequeño islote frente a la costa este de Ibiza mostró a una serpiente de herradura avanzando entre las aguas turquesas que separan la isla principal de Santa Eulària, situada a unos 450 metros de distancia.
La grabación, realizada por un agente medioambiental local, aportó la primera prueba concluyente de algo que desde hacía años se sospechaba: las serpientes invasoras no solo habían colonizado Ibiza, sino que también estaban alcanzando islotes cercanos nadando en busca de nuevos territorios y alimento.
Una invasión que cambia el equilibrio natural de Ibiza
Según explicó Oriol Lapiedra, biólogo del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf) de Cataluña, existían numerosos testimonios previos de pescadores y turistas que afirmaban haber visto serpientes nadando entre islas. «Había cada vez más pruebas anecdóticas de pescadores y turistas que habían visto a las serpientes nadar, así que pensábamos que ocurría con mucha frecuencia», señaló el investigador. Sin embargo, añadió que «esta fue la primera prueba real que tuvimos de una serpiente nadando desde Ibiza hasta el islote».
La llegada de la serpiente de herradura a Santa Eulària abrió un nuevo frente en un problema ambiental que lleva dos décadas afectando a Ibiza. Esta especie, un reptil no venenoso presente en amplias zonas del sur y el este de España, se ha convertido en una amenaza directa para las lagartijas autóctonas de la isla.
Cómo llegaron las serpientes invasoras a la isla
Los investigadores atribuyen la rápida expansión de la serpiente de herradura a una práctica habitual entre propietarios de viviendas de alto nivel adquisitivo en Ibiza: la importación de olivos centenarios procedentes de la península. Los huecos y cavidades de estos árboles habrían servido como refugio perfecto para serpientes hibernando o para sus huevos, facilitando su transporte involuntario hasta la isla.
Veinte años después de su llegada, la especie Hemorrhois hippocrepis ya está presente en al menos el 90% del territorio ibicenco. Además, ha encontrado una fuente abundante de alimento en las lagartijas locales, uno de los símbolos más reconocibles de Ibiza.
Durante décadas, la silueta de estos reptiles ha formado parte del imaginario de la isla, apareciendo en camisetas, imanes, toallas o tazas para turistas. Sin embargo, la situación actual ha llevado a que los recuerdos con forma de lagartija puedan ser más abundantes que algunos ejemplares reales.
Una especie clave para el ecosistema balear
La situación es especialmente preocupante porque las lagartijas de Ibiza no son únicamente un símbolo cultural. Desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de los ecosistemas locales. «Controlan las poblaciones de insectos, incluidos algunos considerados plagas agrícolas, por lo que todo cambia cuando desaparecen», explicó Lapiedra. El científico añadió además que estas lagartijas participan en la polinización de flores y en la dispersión de semillas, funciones esenciales para la conservación de los hábitats naturales.
Su valor biológico va incluso más allá. Cada una de las numerosas islas e islotes que forman las Pitiusas alberga poblaciones con características propias. Existen ejemplares con tonalidades verdes, azules, negras, marrones, grises o anaranjadas. Miles de años de evolución independiente han generado una extraordinaria diversidad genética y cromática, única en el mundo.
El avance imparable de las serpientes
Nadie conoce con exactitud cuántas serpientes invasoras habitan actualmente en Ibiza. Los datos disponibles reflejan, sin embargo, la magnitud del problema. El Gobierno balear, que trabaja junto a Creaf y otros colectivos conservacionistas, capturó más de 3.500 serpientes de herradura durante el año pasado. Desde 2016, la cifra total supera las 16.000 capturas. A pesar de estos esfuerzos, las previsiones indican que la especie podría ocupar el 100% de Ibiza antes de finales de 2027.

El éxito de las serpientes en la isla también ha provocado cambios físicos llamativos. Mientras que en la península suelen ser ejemplares delgados que rara vez superan los 1,8 metros de longitud, en Ibiza han alcanzado dimensiones mucho mayores. «Hemos encontrado animales tan gruesos como mi muñeca», explicó Lapiedra. Algunos ejemplares superan los dos metros de longitud y pesan dos veces y media más que sus equivalentes peninsulares.
La desaparición de poblaciones enteras
La investigación publicada recientemente en la revista Ecology apunta a que la creciente competencia por el alimento podría estar empujando a las serpientes hacia los islotes cercanos. Aunque existe la esperanza de que la reducción de recursos alimenticios termine limitando la expansión de la especie invasora, los daños ya son evidentes.
Los investigadores contabilizaron 72 lagartijas en Santa Eulària en 2016. En 2023 solo encontraron tres. La consecuencia más dramática es que las poblaciones únicas de lagartijas de diez islotes ya han desaparecido por completo, entre ellos la de Santa Eulària.
Con ellas también se ha perdido un patrimonio evolutivo acumulado durante miles de años. Mientras tanto, la presencia de serpientes de herradura ya ha sido detectada en Formentera, lo que amplía aún más la preocupación entre los especialistas.
El intento de salvar la especie
Ante la gravedad de la situación, se puso en marcha un programa de cría en cautividad inspirado en el concepto del «Arca de Noé». La iniciativa comenzó el año pasado en el zoológico de Barcelona e incluye ejemplares procedentes de ocho poblaciones distintas de lagartijas. Los resultados iniciales son positivos, aunque los expertos reconocen que las dimensiones reducidas de muchos islotes y la voracidad de las serpientes dejan poco margen para el optimismo.
Lapiedra comparó el caso de Ibiza con lo ocurrido en Guam, una isla del Pacífico donde la llegada accidental de la serpiente arborícola marrón provocó la desaparición de diez de las doce especies autóctonas de aves forestales. «La única diferencia es que las serpientes de Guam no tienen fama de nadar», señaló.
Las ciudades, un refugio inesperado
Paradójicamente, las zonas urbanas se han convertido en algunos de los lugares más seguros para las lagartijas de Ibiza. «Las lagartijas siguen presentes en las ciudades más grandes de Ibiza y las poblaciones están bien», afirmó Lapiedra.
Según explicó el investigador, en los núcleos urbanos las serpientes son atropelladas con frecuencia y muchas personas las eliminan porque no les gustan estos reptiles. Por el momento, esa circunstancia está permitiendo que determinadas poblaciones de lagartijas mantengan cierta estabilidad.
Una pérdida ecológica y cultural
Más allá de las cifras, los investigadores consideran que Ibiza se enfrenta a una pérdida difícilmente recuperable. Cada islote albergaba linajes únicos de lagartijas que ahora están desapareciendo. «Cada uno, o la mayoría, de los islotes tienen estos linajes únicos que se están perdiendo por completo para la ciencia y para la humanidad en este momento», lamentó Lapiedra.
Para el biólogo, la magnitud de la situación es comparable a la destrucción de un patrimonio histórico irrepetible. «Esto es una tragedia; es como un incendio en una iglesia antigua», concluyó.













