La música en vivo en España atraviesa una corrección que muchos llevaban tiempo anticipando. La cancelación esta semana del festival Oh, See! y del ciclo Solaris Nerja, ambos previstos para junio en la localidad malagueña de Nerja, añade dos nombres más a una lista de eventos que no han conseguido sostenerse económicamente.
La razón, en los dos casos, es la misma: la venta de entradas no llegó al nivel necesario para cubrir los costes de producción.
Mil abonos vendidos y aun así inviable
El Oh, See!, que contaba en su cartel con bandas como Ginebras y Shego, había logrado vender sus primeros 1.000 abonos, pero sus organizadores reconocieron esta semana que esa cifra no era suficiente para hacer viable el evento ni para ofrecer la experiencia que el público y los artistas merecían.
Un día después, la organización del Solaris Nerja (un ciclo de diez días que incluía el Oh, See! en su programación) confirmó la suspensión de toda la actividad prevista, alegando que las condiciones actuales no les permitían garantizar los estándares de calidad, seguridad y experiencia que consideraban imprescindibles.
No es un caso aislado: el Fortaleza Sound de Lorca, en Murcia, también canceló su edición apenas tres semanas antes de la fecha programada, por idéntica falta de ingresos. El patrón se repite: eventos que llegan al ecuador de su comercialización sin el respaldo económico necesario y que optan por suspender antes de asumir pérdidas mayores.
Cachés «absolutamente inmorales» para municipios pequeños
El debate sobre la sostenibilidad del modelo lleva tiempo instalado en el sector. El concejal de Promoción Económica del Ayuntamiento de Zamora, David Gago, lo expresó con contundencia hace pocas semanas: calificó de «absolutamente inmorales» las exigencias económicas de ciertos grupos para actuar en localidades pequeñas, donde los festivales se financian habitualmente con fondos públicos, y sentenció que «ya pinchará la burbuja de los festivales». Los últimos acontecimientos sugieren que ese momento está llegando.
Demasiados festivales para el mismo público
España ha experimentado en los últimos años una proliferación de festivales que ha acabado por saturar el mercado. Lo que empezó como una tendencia cultural consolidada se convirtió progresivamente en un fenómeno que alcanzó a prácticamente todos los municipios del país, con una oferta que ha crecido muy por encima de la capacidad real del público para absorberla.
Los grandes eventos consolidados parecen resistir, pero las propuestas de menor tamaño están encontrando cada vez más dificultades para llenar sus aforos y cuadrar sus cuentas.
La cancelación del Oh, See!, el Solaris Nerja y el Fortaleza Sound en apenas unas semanas dibuja un escenario de corrección que el sector lleva tiempo necesitando, aunque sus consecuencias (artistas sin fechas, organizadores con pérdidas y públicos sin el evento esperado) resultan dolorosas para todos los implicados.










