Lo que había sido la alianza más sólida entre Europa y Washington se rompió repentinamente esta semana y en público: Donald Trump y Giorgia Meloni protagonizaron un choque de tal magnitud que el canciller italiano Antonio Tajani canceló de urgencia un viaje oficial que tenía previsto a Estados Unidos, en señal de repudio a las declaraciones del presidente estadounidense.
Todo comenzó con una llamada telefónica
El detonante fue una conversación entre Trump y un periodista del canal italiano La7, emitida (doblada al italiano) en el programa L’aria che tira. En ese intercambio, el mandatario estadounidense describió un episodio supuestamente ocurrido durante la reciente cumbre del G-7, celebrada en Francia entre el 15 y el 17 de junio.
Según su versión, Meloni habría insistido de forma desesperada en tomarse una fotografía con él. «Me suplicó que nos hiciéramos una foto. No tenía ganas, pero me dio pena», dijo Trump con un tono que mezcló condescendencia y burla.
La respuesta de la primera ministra italiana no tardó en llegar. A través de un contundente mensaje en video, Meloni desmintió la historia de plano y fue más allá: cuestionó públicamente el comportamiento de Trump hacia sus aliados históricos. «Las declaraciones de Donald Trump son totalmente inventadas. Sinceramente, estoy atónita», afirmó.
El mensaje de Meloni a Trump: “Ni yo ni Italia suplicamos jamás”
Trump ha desatado la indignación del Gobierno italiano al “inventarse” que Meloni le suplicó “sacarse una foto con él” en el G7 pic.twitter.com/nfijtBkItK
— EL MUNDO (@elmundoes) June 19, 2026
Y lanzó una crítica de fondo que apunta al corazón de la política exterior estadounidense: «No sé por qué el presidente de Estados Unidos se comporta así con sus aliados cuando, con líderes que son enemigos de Occidente, se muestra mucho más complaciente». Cerró su mensaje con una frase que difícilmente dejó lugar a interpretaciones: «Ni yo ni Italia suplicamos nunca».
Italia cierra filas
La reacción en la política italiana fue tan rápida como inusual: el gobierno y la oposición se unieron en defensa de Meloni. El vicepresidente del Consejo, Matteo Salvini (quien históricamente había presumido de cercanía con Trump) rechazó las declaraciones y subrayó que «Italia y su Gobierno no suplican a nadie».
El subsecretario de la Presidencia, Giovanbattista Fazzolari, fue más duro aún y puso el episodio en contexto: advirtió que Trump está dañando sistemáticamente las relaciones históricas entre Estados Unidos y Europa, ya sea por decisión propia o por incompetencia.
Desde la oposición, el líder del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Conte, calificó la situación de «humillación inaceptable» para Italia. El senador del Partido Democrático Filippo Sensi, a pesar de marcar distancia ideológica con Meloni, fue contundente: «Nadie puede permitirse ese tono arrogante con quien dirige el Gobierno italiano».
Incluso el jefe de Estado, Sergio Mattarella, llamó personalmente a la primera ministra para expresarle su respaldo.
El largo camino hacia la ruptura
El quiebre no fue repentino. Meloni había sido, hasta hace relativamente poco, la líder europea con mayor afinidad con Trump: fue la única jefa de gobierno del continente presente en su investidura en 2025. Pero la relación comenzó a deteriorarse a partir de abril, cuando la primera ministra cuestionó los ataques de Trump al papa León XIV tras sus llamados a la paz en Oriente Próximo.
El distanciamiento se profundizó con el estallido de la guerra en Irán, episodio en el que Trump llegó a acusarla públicamente de falta de valentía por no respaldar su posición.
Las tensiones ya habían aflorado de forma indirecta en el propio G-7, donde un video captó el momento en que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, se acercó a ambos líderes para preguntarles directamente si volverían a ser amigos. Trump respondió que lo habían «abandonado», mientras Meloni lo desmintió entre risas, aunque con una incomodidad que no lograba disimular del todo.
Lo que esta semana quedó claro es que aquella incomodidad ya no cabe en una sonrisa.











