El aeropuerto de Ibiza ha ascendido al nivel 4 del programa Airport Carbon Accreditation (ACA), el sello internacional de gestión del carbono para aeropuertos que otorga el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI). Es la primera vez que la instalación pitiusa alcanza este escalón, un hito que en esta convocatoria comparte con los aeropuertos de Alicante-Elche Miguel Hernández y Málaga-Costa del Sol. La certificación se enmarca en la hoja de ruta de Aena para ser Net Zero en 2030.
Según ha informado Aena, obtener el nivel 4 ha exigido al aeropuerto de Ibiza fijar un objetivo de reducción absoluta de sus emisiones y acreditar su implicación en la descarbonización de su entorno, más allá de actuar sobre las emisiones de su propia actividad. En la práctica, el gestor debe demostrar que impulsa medidas de reducción entre las empresas que desarrollan su actividad dentro del recinto aeroportuario.
Entre los ejemplos que cita Aena figuran la instalación de puntos de recarga para vehículos eléctricos destinados a pasajeros, la habilitación de espacios para patinetes eléctricos, la renovación de los sistemas de suministro eléctrico para las aeronaves en tierra —que reduce el consumo de combustibles fósiles en las operaciones de plataforma— y mejoras en los accesos orientadas a aliviar la congestión del tráfico rodado.
Otros aeropuertos de la red han renovado o incrementado su nivel. Adolfo Suárez Madrid-Barajas, Josep Tarradellas Barcelona-El Prat y Palma de Mallorca mantienen el nivel 4; Menorca ha renovado el nivel 3; César Manrique-Lanzarote, el nivel 2; y Santiago-Rosalía de Castro asciende al nivel 2 por primera vez. Aena prevé cerrar 2026 con 21 aeropuertos acreditados y sitúa en 2030 la meta de alcanzar el nivel 5, el más alto del programa, en el que actualmente participan 663 aeropuertos de todo el mundo.
Qué mide —y qué no— la acreditación
El sello de ACI evalúa la gestión que hace el aeropuerto de su propia huella de carbono: fundamentalmente las emisiones directas de su actividad —consumo energético, vehículos e instalaciones— y las de los terceros que operan en la plataforma, como los servicios de asistencia en tierra. El nivel 4 exige, como mínimo, un objetivo de reducción absoluta sobre esas emisiones —las de alcance 1 y 2— alineado con las sendas de 1,5 °C o 2 °C del IPCC, además de un plan que empuje a esos terceros a reducir las suyas.
Queda fuera de ese perímetro, sin embargo, la principal fuente de emisiones asociada al transporte aéreo: la quema de combustible de los propios vuelos, que se contabiliza de forma separada y que ningún aeropuerto reduce a través de esta certificación.
Un contexto de emisiones al alza en la isla
El reconocimiento llega apenas una semana después de que el Observatorio de Sostenibilidad de Ibiza & Formentera Preservation advirtiera de que las emisiones de gases de efecto invernadero de la isla crecieron un 61,3 % en 2025. Según ese análisis, elaborado con datos del Departament de Transició Energètica del Govern, los combustibles fósiles concentraron el 82,2 % del total y, dentro de ellos, el Jet A-1 —el queroseno de la aviación comercial— volvió a ser el que más CO₂ generó, con 786,1 kilotoneladas, el 60 % de las emisiones ligadas a esos combustibles. La coordinadora del Observatorio, Elisa Langley, alertó de que la isla sigue lejos del ritmo necesario para cumplir la reducción del 40 % antes de 2030 que fija la Ley balear 10/2019 de cambio climático y transición energética.
No es un fenómeno nuevo: ya en 2024 el tráfico aéreo se había situado como el gran motor del repunte de emisiones en Ibiza, cuando el Jet A-1 representaba el 44 % de las emisiones asociadas a los combustibles fósiles.
Una acreditación verde en plena ampliación
El nivel 4 coincide, además, con el momento en el que Aena tramita la reforma y ampliación del aeropuerto de Ibiza, un proyecto cuya Memoria Publicable reconoce que elevará la capacidad «sustancialmente por encima de los 9 millones de pasajeros anuales». La isla ya rebasó ese umbral en 2025, con más de 9,1 millones de viajeros aéreos. La convivencia entre los compromisos de descarbonización de la gestión aeroportuaria y el crecimiento previsto del tráfico es uno de los ejes del debate que mantienen abierto colectivos como GEN-GOB o el Colegio de Arquitectos de las Islas Baleares (Coaib) en torno al futuro de la instalación.
Airport Carbon Accreditation es, según sus promotores, el único programa mundial de certificación de gestión del carbono para aeropuertos que cuenta con respaldo institucional. Evalúa de forma independiente a las instalaciones en las distintas etapas de su gestión de emisiones a través de siete niveles de certificación, y el cumplimiento de los requisitos de cada uno es auditado por una entidad externa.










