Tal vez te la has cruzado en alguna discoteca y no te has dado cuenta. Su disfraz ha sido efectivo, al menos este verano. Es que la famosa actriz Nicole Kidman tiene un método probado para disfrutar de una noche de fiesta en Ibiza sin que su fama arruine la velada. Así lo desveló en una entrevista con la edición británica de Vogue para el número de septiembre, en la que repasa su verano europeo —con paradas en Londres, París y Portofino, además de la pitiusa— y reflexiona sobre su vida tras el divorcio de Keith Urban, firmado el pasado enero.
«Cena a las 22.30, discoteca a la 1.00. Me pongo gafas. A veces me pongo una peluca para disimular, una peluca oscura, y entonces puedo bailar. Mientras esté rodeada de gente —es decir, me llevo gente conmigo— estoy bien. Lo necesito», explicó la actriz sobre su rutina para salir de fiesta en la isla.
La ganadora del Óscar describió sus noches ibicencas con una frase que lo resume todo: «O es una pequeña cena o es una rave. O estoy jugando al Scrabble o estoy fuera. Es así de sencillo».
Y añadió, con cierto orgullo, que el sigilo es una de sus virtudes: «Soy sigilosa. Se me da bien entrar y salir de cualquier sitio sin que se den cuenta».
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Una afición por las raves que no es nueva
No es la primera vez que Kidman habla de su pasión por las noches de música electrónica. Ya en 2024 reconoció a la revista People que no se considera una asidua habitual de las discotecas, pero que disfruta enormemente bailando y perdiéndose entre la gente.
Su verano europeo también dejó otras anécdotas: durante su estancia en Portofino, la actriz terminó «inexplicablemente» sobre el escenario junto a una banda, tocando la pandereta. También acudió a Wimbledon para presenciar la final masculina del torneo de tenis.
Las declaraciones llegan en un momento especialmente significativo para Kidman, de 59 años, que próximamente estrenará Prácticamente magia 2 y que en la misma entrevista reflexionó sobre su vida después de la separación de Urban.











