Los vecinos de Can Coix, en Sant Antoni de Portmany, vivieron tres semanas de camiones, montajes y noches sin dormir antes de la fiesta privada de temática egipcia celebrada el 13 de agosto en la cantera de sa Pedrera. Uno de los residentes de la zona, que vive a unos 500 metros de la cantera, concedió una entrevista a La Voz de Ibiza en la que relata el montaje de la pirámide, los obeliscos y el templo, y su principal preocupación durante todo el proceso: el riesgo de que un incendio no tuviera escapatoria en una zona clasificada de alto riesgo forestal. El relato llega en vísperas del pleno municipal de este jueves, al que el propio vecino prevé asistir.
Camiones de agua desde julio
«Del 26 de julio creo que empezaron a montar todo», relata el vecino sobre el inicio de los trabajos, más de dos semanas antes de la fiesta. Sobre el impacto del montaje en el terreno es tajante: «Si se ven las fotos aéreas, han modificado todo lo que es el terreno rústico». Recuerda además que antes de esta fiesta ya se habían programado otras dos, una con Solomun, que finalmente se cancelaron: «No sabemos por qué. O no vendieron lo que tenían previsto vender. Por suerte, las dos se cancelaron».

170 toneladas de agua en sequía
El lago artificial instalado para la fiesta exigió un mínimo de 170 toneladas de agua —170.000 litros—. Los organizadores, la promotora Van Wyck & Van Wyck, sostienen que emplearon menos de 60 toneladas. El derroche se produjo mientras el municipio se encuentra bajo avisos y restricciones por sequía, con los acuíferos sobreexplotados y salinizados, las desaladoras trabajando sin descanso y la propia concesionaria del servicio de agua, Facsa, exigiendo a vecinos y comercios que reduzcan el consumo.
Para los vecinos de Can Germà, en las inmediaciones, ese contraste es el núcleo de la indignación. Uno de ellos, que también prefiere el anonimato, denuncia que en su barrio no pueden ni regar ni llenar una piscina, mientras para la fiesta se llenó un lago artificial de esas dimensiones. Su reproche no es solo la cantidad de agua empleada, sino su procedencia: lamenta que se recurriera a agua dulce en lugar de agua de mar, aunque reconoce que tomar agua del mar en esas cantidades habría requerido autorizaciones que, previsiblemente, no se habrían concedido. Lo que más le molesta, insiste, es que se destine agua potable a una instalación ornamental mientras a su barrio se le restringe el suministro. El mismo vecino asegura haber visto, el viernes posterior a la fiesta, un camión de la empresa Brillant vertiendo agua en una alcantarilla, y cree que podría tratarse del agua retirada del lago, aunque reconoce que no puede acreditarlo.

Nadie avisó a los vecinos
El vecino de la cantera insiste en que el aviso nunca llegó por la vía oficial: «En ningún momento nos enteramos por la prensa, ni por el Ayuntamiento. Lo que sí hemos pedido son los expedientes». Tras revisar el de la fiesta egipcia, de 88 páginas, encontró un párrafo que aseguraba que no habría molestias porque no existían vecinos colindantes. Así lo confrontó en el último pleno: «Colindantes no a cinco metros: hay vecinos a 100, a 200 y a 300 metros». Cuenta que, al plantear la duda, la respuesta municipal fue evasiva: «Capaz que ni siquiera lo has leído, porque son 88 páginas». El propio informe técnico preveía superar en 5 decibelios los límites de calidad acústica en las zonas próximas.
El miedo a un incendio
La cantera se encuentra junto a es Amunts, el sistema montañoso que reúne varias zonas declaradas Área Natural de Especial Interés y Área Rural de Interés Paisajístico, y figura como zona de interfaz urbano-forestal en el Plan Local de Prevención y Emergencias frente a Incendios Forestales de Sant Antoni. Para el vecino, ahí está el problema de fondo: «La cantera tiene entrada, pero después es todo monte rústico: no hay acceso para los bomberos». Y si el fuego se declarase de noche, añade, tampoco llegarían los medios aéreos. Su reflexión resume la sensación de desamparo: «Si hay un incendio y se quema la casa, ¿a quién le voy a pedir explicaciones? ¿Al promotor, que me la devuelva? ¿Al Ayuntamiento?». A ese temor se suma la presencia de grupos electrógenos y bombonas de butano durante el evento, y el hecho de que los asistentes accedían hasta el escenario fumando en los márgenes de los caminos, según el testimonio de otro residente que prefiere no ser identificado.
Los ecologistas censuran el gasto
La presidenta de la rama pitiusa del grupo ecologista Amics de la Terra, Hazel Morgan, calificó de «inadmisible», en declaraciones a elDiario.es, que el Ayuntamiento —gobernado por el PP— «autorice actividades que causen molestias a los vecinos». Morgan sostiene que ignorar la opinión vecinal supone «una incoherencia y una falta de respeto», y advierte de que la fiesta representó un riesgo para los valores ambientales del entorno. La ecologista se mostró además sorprendida por el importe reducido que pagó la empresa promotora para conseguir la autorización municipal.
Ruido y botellón hasta el alba
Los conciertos se prolongaron hasta las tres o las tres y media de la madrugada, y el vecino admite el precio personal que pagó por ello: «Me tomé media pastilla porque tenía que trabajar a las cinco de la mañana. Con esta fiesta hubiese a trabajar sin dormir». Sus llamadas a la policía, dice, no siempre tuvieron respuesta: «Me decían que tenían el registro de llamadas y que yo era el único que llamaba. Y no era así: cuando nos reunimos los vecinos, todos llamaban». Lleva 39 años viviendo en la zona: «Es la primera vez que tengo que andar con estas movidas, de llamar a la policía».
La fiesta egipcia de sa Pedrera no fue, según los vecinos, un hecho aislado. Ya hay una nueva cita marcada en el calendario para el 12 de septiembre, de la promotora SDL, «en el mismo lugar», que el vecino anticipa con resignación: «Esa va a ser heavy». Su pareja, que acaba de recibir el alta hospitalaria tras un ictus, necesita descanso: «El día 12, cuando se haga esto, no podremos dormir. No podemos estar en tensión».
Pese a todo, el vecino no piensa faltar este jueves al pleno ordinario del Ayuntamiento de Sant Antoni, que arranca a las 11.00 horas: «Sí, sí, sí, vamos a estar», confirma.










